viernes, 3 de mayo de 2013


Dejé de escribir de amor para cubrirlo de asco,
hice borrón y cuento nuevo en torno a mí para cambiarme la vida
que había elegido
por mi miedo al final feliz, a la alegría sostenida, a la necesidad del dolor,
para sentirme a gusto con la justicia de las culpas,
mis putas fieles,
mis enemigas consejeras.

Me atraqué como un barco que, borracho, se deja caer
en el primer puerto que no le dé la espalda,
como un banco lleno de ladrones pagados por mí,
me atraqué
de banquete nupcial entre los invitados,
y en la comilona, preferí el sabor amargo
de mis propios vómitos
al dulce regazo de la piel desnuda.

Antes que limpiar los platos, decidí romperlos,
robar la vajilla,
servir en papel de plata la honestidad,
y fumármela.

No es una señal de alarma, imbécil, pero me gusta llenar de humo
el decorado,
la fotografía
y el guión.

Como si esta fuese una peli de desastre y ensayos
y no una mierda sucesiva de secuencias
sin más.

Mi vida, qué lejos me pillas cada vez que quiero suicidarme
y no me besas,
y sin embargo qué cerca cuando, a veces, te imagino descalza mirando al mar.
Y todo lo demás se me olvida.

Qué extraña es esta jaula.
Y qué extraños barrotes tiene: por más que trato de cruzarlos
crecen dentro de mí,
daño a daño.

Como si confundiera superarlo con olvidar.
Como si al dejarte de mirar no existieras.

Y nada fuera más casual que todo este pasado de inviernos
con el que duermo
en mi suite de palacio llena de espejos
y grietas.

Sácame a gotear, decía la lluvia esa
con la que me mirabas a los ojos
cada vez que te corrías.
Esa tormenta
con la que te vestías de sentimiento esperando el maltrato
y después añadías: “tranquilo,
no es para tanto pero vete ya, por favor,
no me gustaría justificar tus naufragios,
regalarte las excusas,
escribirte yo las metáforas con las que mentirte”

Había un silencio esperándonos, una nada que nos haría mirar los besos de otros
como hacia atrás, recogiendo los pedazos
y el alpiste, seremos tristes en nuestra condena al sucedáneo,
reiremos como ferias en ambulancia,
como un vaivén de nostalgias cosquilleándonos,
como un “no sé qué es, pero no soy feliz” en cada billete premiado
por el que nos feliciten.

Lo sé,
sé que podría vivir de sed
tranquilamente
toda la puta vida,
pero elegí bebérmela
con prisas
y así tendré que seguir

hasta que reviente.  
  

9 comentarios:

Confieso que... dijo...

Cada poro de mi piel es como una cicatriz que se abre al leerte...

Intenso.

Echaba de menos que rebuscases en tus heridas.

blanca .. dijo...

TE AMO :)
Escandar

Ire dijo...

Eres una pasada.

Anónimo dijo...

Eres bonito como echar limón a las cicatrices, maestro.
@raspaita

Anónimo dijo...

http://nonosobranlosmotivos.blogspot.com.es/
Por si alguien quiere pasarse

Anónimo dijo...

Alas de mar y prosa está agotado. Vaya decepción me he llevado cuando me lo dijeron.

Increíble, pero, eso ya lo sabías.

Kiko Sinclan dijo...

¡Anda!, para que luego digan que las cicatrices no saben de poesía

Carla Sanz dijo...

http://laliricadelviento.blogspot.com.es/

Sueño de una adolescente dijo...

Debería estar estudiando pero aquí estoy leyendote me tienes enganchada, en serio eres increíble sigue así!