jueves 19 de noviembre de 2009

más allá de los equilibrios

te voy a dejar mi vida en este portamuletos
y voy a llevar tu risa como principio de cada mañana,
pienso señalar con el dedo cada esquina donde quiero besarte
y serán tantas que algunas ni siquiera están construidas.
izaré en cada fragata muestras de atrevimiento
y lloraré por desnudarte,
por rozar un momento osadía, una tripas convertidas en corazón
desde que solo digiero te quieros,
cursimetría de barrios bajos, silencios hechos de especia,
listas de la compra donde incluyo tus cosas
y compro los cepillos de dientes de dos en dos,
las cervezas de 4 en 4
y las sábanas disculpa si no las lavo pero es que no es solo mi sudor
a lo que huelen
y eso me excita tanto que las noches en las que no vuelves
tiro de pornografía a falta de regazos,
de insonmio hasta que el no dormir duele, de ojeras que son retratos
de que las noches me las paso jugando a beberte primero a caladas
después a tragos
hasta que te retuerces como un milagro que se exprime entre mis dientes,
es tanto lo que imagino y tan corto el camino que hago
que después, cuando vienes, parezco un tonto que soñó con simulacros,
un feliz pasajero en un viaje al párnaso de cielos y olivos,
donde tu cuerpo no es solo motivo, también es explicación,
mírela señor, que es mejor que lo que yo le cuente,
y en ese recinto rezado que es mi habitación
jugar a destrozarnos el pasado pisando como uvas los secretos,
compartir hasta el sueño más obsceno por irradiación,
bajar las persianas ante el tumulto y la voz de esa calle intranquila
que afuera nos espera con sus fieras artificiales, con su estrépito de caliza al rock,
sus maneras rutinarias de imponernos los horarios
y de hacernos cómplices no partidarios de seguirles la corriente,
víctimas a veces de aquel salmón que siempre llegaba tarde
porque se entretenía por el camino,
digamos que es parecido a echar un polvo al llegar a la latina,
o seguir de frente no ya en el equilibrio de la línea
sino en la caída que va después del después,
con tu risa chocandome en las costillas,
aquí hay algo que retumba, tengo un tic tac en el pecho
y de hecho parece que fuera explotar,
el que será solo tu lo sabes,
el que seré creo que yo, gracias mi vida, ya lo sé.

miércoles 4 de noviembre de 2009

quedará mucho más

hubo un día que al torcer el gesto te cayeron los billetes,
te dijeron date la vuelta, muevete, nena, vales mucho más que el resto,
te dijeron hay un mundo de alfileres deseando picarte,
y los mosquitos de hielo empezaron a rondarte entre las piernas,
quedará mucho más, pero ya ni lo notas,
qué dará mucho más, si el tiempo es un vestido de cristal
del que no puedes esconderte,
porque hubo un día que reiste con mueca desencajada,
la reina del histrionismo con tu mini-skirt de tul,
el liguero apodado deseo y el labio pulgar mordiendote los dientes,
oh humphry, sácame a bailar,
pero solo eras la bailarina de la parte de atrás de la película
y oh sí, nena, tú valías mucho más que el resto,
quedará mucho más, pero picaste el anzuelo,
qué dará mucho más, si el tiempo no era el reloj de oro de los escaparates
sino la guillotina del alma-zen de los vendedores,
con el confeti en la fiesta de los nudos, los tacos altos
y perfil de La Chapelle en cada foto, la venus semi inconsciente del baño
maltratada por el látigo de la insensatez, tú que bailas
tras el boom boom de los abracadabras,
que cobras en incienso cada noche, que te sumerges en el río de plata
de los jardines de la madriguera de las bolsitas de oro,
cómo vas a volver para ver qué no queda nada, tu cuento de hadas
ensuciado por el zig zag de una máquina tragaperras y aun me dices
quedará mucho más pero ese más es un muchísimo menos,
qué dará mucho más, si el tiempo no es un disfraz
que vaya a salvarte cada noche,
hubo un día que alguien te hizo sentir especial
pero olvidaste el sujeto y solo buscaste revalidar el trono,
tu corona de zafiros se fue ennegreciendo,
tu risa que era como un preciso momento cargado de alevosías, te dijo el chico
que solo bebía cerveza, sacame a bailar
aun guardabas un puñao de secretos, aun te asustaba el tono volátil de las carcajadas,
aun preferías la fila de atrás,
pero estaba el poder que da sentirte fusilada en los altares,
todas esas miradas adivinando el juego de la desnudez,
el pícaro odio de la sartén y su mango,
quedará mucho más, claro, pero no tanto,
qué dará mucho más, si el tiempo es eso que pasa cuando el ahogado
se va hundiendo en el agua,
nada que no intuyeras el dia que cruzaste la vía para no pensar,
nada que no te impidiera dormir con el tic tac del reloj haciendo cuentas,
es así, no llores por la puesta a punto, aun tienes margen en el cuenta kilómetros,
el gestor de cobros aun no ha llamado a tu puerta
pero si vas a correr, quitate los tacones,
si quieres pisar la hierba mojate los pies,
el delirio de la carne se olvido de tu traje de lentejuelas
pero aun conservas el frío encanto de la palidez,
el cálido susurro de las mareas,
y entonces sí
quedará mucho más, a pesar de la ausencia de champagne en la mesa,
qué dará mucho más, si el tiempo te abrazará y estarás preciosa
y vieja.

jueves 15 de octubre de 2009

por alguien será

inicio rasta con humo y luces,
te beso en frente por pensamiento impuro,
camino cabizbajo entre tus cejas,
me paro en ojos, azul destiño,
bajo en vino rosado de mejilla,
me pliego en pliegues antes de labios,
me bebo en jugo saliba sueños,
baile de lengua,
quien sabe cuando miro al vacío,
salto a través del deslizate, pellizco al oído,
llamador de angeles, qué redundancia de soga al cuello,
qué onda curva cuesta montaña,
final en alto, picos de eureka,
algún lunar extraviado al que no importó haberse perdido,
pista de esquí hasta el ombligo,
escalera de costillas,
vientre bendito y caderas,
qué caderas, dios mío,
algún leve abánico de inicio de extenuación,
descripción que me ahorro por principios de génesis,
oda y mirada por todo lo alto,
elegido sui generis de labio inferior,
de la silaba afónica que adivino al doblarte,
te toco por ingle y por france,
por pierna pálida, jaguar en ciernes, hija del mambú,
rodilla clara sin punto debil al que aferrarse,
gemelos de camisas de once varas,
tobillo inquieto de niña combate,
los pies pequeños, huella descalza,
viernes, canción, todo paréntesis en una cama,
en un charquito de sudor con marcas,
caricia adrede de edredón,
amor, estaba jugando con las palabras,
no hay quien escriba belleza en brazos,
andaba lidiando con los fantasmas
pero ya se marcharon,
ya se marcharon nada más verte,
siempre tardas o parece demasiado
y luego va, espera, no apagues la luz,
tengo toda una espalda por retenerte
constelación constelación constelación...

mientras me rasco la cabeza

sé que te lavas de temeridad cuando juegas a la insolencia con los amaneceres,
al despiste con la rutina de asombro de mis ojos tristes sonriendo al mirarte.

sé que lidias guerras de risa con mis tantos tontos temores
y que has soltado más de alguna bofetada a los monstruos que de noche venían a no dejarme dormir.

desde que soy feliz hago impros de sueños como listas de la compra:
cervecitas, marejada y carne.

lo estuve pensando y sabes? yo no sé qué cojones hace la primavera con los cerezos
pero lo nuestro
seguro que es mucho más guarro.

y mucho más bello.

luz de domingo

la respuesta está en el baño, sobre la taza del wc, pon 4.
4 respuestas.
deberías haber hecho primero la pregunta, pero ultimamente preguntas poco, miras menos y no te enteras de ná. tienes un bullicio de neuronas desperdigado, los ojos vidriosos sin venir a cuento y eso de las siestas, reconocelo, te está matando. así que te propongo que bajes al baño y pongas 4 respuestas de cuarto gramo antes de que venga el bajón con las rebajas.
vista una noche, vistas todas.
las mujeres, claro. las minifaldas, taconcitos, ajuste ceñido de caderas, tres dedos saliendo de la punta del zapato, la incoherencia en forma de risita casual, el toque de queda rollo mirada asesina, las mujeres, te decía, son esa ruleta mitad "de la fortuna" mitad "rusa" que esperan apoyadas en un tercio medio vacío fumando luky strike con tus deseos más ocultos. y hay veces, gracias, que te ofrecen una calada.
pero si quieres sacarle la gracia al asunto, tendrás que reirte de la miseria. porque en la tele seguirá ronroneando el ejercito de vendedores a cómodos plazos, la publicidad y el chute de dormidera cerebral que te mete el gusanillo en el cuerpo. prueba a apagar ese aparato. y después me llamas a mi drogadicto.
y el problema no sabes si es de tiempo o es de espacio. tú me decías: quiero dejar las drogas, pero no sé dónde ni cuando. así que sacabas una segunda respuesta del bolsillo pequeño del pantalón y desdoblabas mis propias contradicciones intentando no hacerte demasiado caso. me decías: hay un laberinto en cada ser humano, y no creo que tenga salida. a mi me venía bien que fuera así, porque en el fondo me sentía como un cuadro de pollok pero en barato. una baratija llena de fuerza pero ningun objetivo. de qué sirve tener armas si no tienes a quien matar.
la crónica era una resaca sin desencanto, arbitraria, triste como una canción en día de lluvia, apagado como un verano sin ceniceros, y nada que sirviera para salvar el cuello iba a servirte esta vez.
dejaste de avisar cuando vienieron las grúas, cuando volvieron de aquellos amaneceres sin nada a cambio, te miraste en el brillo de los ascensores y es por eso que tomaste el rumbo de las escaleras, aun te sentías cansado pero preferías eso a esperar a que se abriera una puerta.
con 17 tacos uno no espera ni al autobús.
en cierta manera era normal que no llevaras esparadrapo, que no supieras a qué sabía, que intentaras parecerte a las fábulas a pesar de toda la torpeza. no querías tener hijos, ni casa, ni manual de instrucciones. pero en el fondo hay sitio, así que te sentaste, miraste a los viejos amigos, a la camarera, a los signos de exclamación de al otro lado de la puerta, y como no te sentiste vacío quisiste volver a comprobarlo.
y en eso andamos un poco todos. en mitad del camino, conformandonos con entender unas pocas cosas y sentir el resto. llega un punto en el que como humano no exiges a la especie grandes sacrificios. un poquito de dignidad, algún que otro principio y mantenerse en pie si llegan las bombas.
pero has visto el pozo vacío donde otros se ahogan y te conformas con que no te salpique la mala sangre que hierve en ciertos artificios, en algunas escopetas de feria, en el paisaje de las postales de los todo a 100 con pancartas de belleza por 4 duros.
en fin, un día dios dijo: hagase la luz
y entonces llamó a iberdrola
donde le informaron que tardarían en dar el alta en un plazo de 2 a 5 días. laborables, nos ha jodido.
y lo único que pensó fue que tendría que bajar al bar para ver el partido del domingo.

ganas de fábrica

cómo conjugar
el pasado imperfecto de mis miedos
con el futuro incondicional de mis valentías.

cómo saber dónde pisar
si las huellas que no dejé
jamás fueron
y las que no haré
nunca serán.

mierda.
cómo luchar ante la inspiración de la culpa
si solo tengo un deseo de inocencia.

cómo lidiar las asperezas de tantos años rasgando paredes
si ahora entiendo
que la única forma de suavidad
es besar la piel a caricias.

cómo fundir este rostro de hielo
con el fuego que me quema en la garganta.

cómo vivir a pesar de la muerte
o morir sin saber que la vida
y en fin,
cómo nadar contracorriente
y no dudar de que son ellos los que están equivocados.

cómo salir a la calle con ganas de reir y no llorar
o cómo llorar sin reir en el intento.

tantas monedas,
tantos dados
que uno termina por confundir el destino con el azar,
el juego con el ahorcado.

¿no será que acaso es eso?
un ir y venir dislocado,
inconexo,
tan sencillo de entender como dificil de explicar,
un niño con voz de viejo, un edificio de ruinas,
un cristal de reflejos,
un desguace de coche con motor y sueños,
adicto al asfalto,
con ganas de fábrica de acelerar.

lunes 7 de septiembre de 2009

putas e hijos de puta

van a seguir tirando piedras infundados en su disfraz de desprecio,
van a ir los de siempre a por las de siempre
y ellas seguirán con su terapia de besos
comiendoles la polla a los que dictan las leyes por un, digamoslo cruelmente, módico precio.

mal que las pese, porque hay quien no tiene otra.

van a seguir con su terapia de ciudades limpias
disimulando las grietas y las alcantarillas,
esta sociedad incivilizada, estupìda hasta la inmundicia, donde el cristal de la hipocresía
se clava entre las piernas de todas esas mujeres de polvo a 20.

rabia de vómito ante el dictamen aplastante de la supuesta buena gente.
asco de viandantes callados y adormecidos,
adictos al linchamiento de quien no tiene con qué defenderse
ni mucho menos a qué agarrarse.

¿quién se tira a todas esas mujeres? decidme quién y que salgan a la palestra
porque habría que juzgarles no por sus actos sino por sus cobardías,
hartos de tanto silencio cómplice, de tanta mierda de portada de diario,
de tanto bulto escondido entre los pantalones de una bragueta que no duda en bajarse
justo antes de callarse la boca.

¿dónde están sus cojones? decidme dónde, porque alza la voz
quien jamás ha pagado, porque vergüenza me da que sea yo
y no otros los que hablen claro,
asco de tanta mirada para otro lado, de tanta idilio de somnolencia,
vosotros que jugáis a los orgasmos como profesionales
porque no decís ahora en donde descargáis vuestras miserias,
quienes os escuchan de noche,
quienes aguantan vuestra insoportable necesidad de existencia,
por qué no salís a luchar esta guerra y sí permitís
que ellas traguen y traguen y traguen,
por qué, decidme, por qué no se os cae de una vez la cara de vergüenza
y la sombra de pánico en el azulejo
no rompe al fin el espejo del que tanto teméis.

ellas seguirán ahí, abiertas de penas
tratando la soledad de la gente, acariciandole el lomo a las hienas,
paliando su innato temor a la muerte, su desconsolado llanto de olvido,
su almacén de mentiras a cuestas.

visto lo visto escribo, con mi grito en la mirada de todos esos cobardes,
que vosotros, hijos de puta
jamás seréis dignos
de la honrada profesión de vuestras madres.

lunes 31 de agosto de 2009

pajas y pipas

las palabras siguen en la mente siguiendo su danza de metáforas,
nadie silba las melodías de los omnipresentes,
la cerveza bulle a través de la tarde
y todo se mide en humo, en ausencia de enumeraciones,
en limites de hasta dónde se puede aguantar.
quizá resistamos ante la mierda de muerte que a todos nos espera,
nos conviratmos en héroes enamorados de villanos,
inútiles parcelas con rascacielos apuntado hacia el pensamiento,
ascender como los campos de trigo de abuelos que contaban las guerras
de dos en dos, hacer el zig zag de las decepciones
y aspirar a romper la ruleta de la baraja porque los esclavos
son aquellos que miran el reloj cada cuarto de hora.
la risa cotiza tan alto como el miedo, pero el miedo te trata de tu a tu cada noche,
en cada esquina hay una vomitona dispuesta a escribirte tu vida
y tu sigues zumbando con las avejas, baladeando a través de la noche,
lisiado como ciertas carcajadas maltrechas de tanto pasado a cuestas,
desquiciado porque el amor era una puta barata que no aceptó tu dinero,
al otro lado habrá cuentagotas con recuerdos de niño emborronados,
cabreados con tus ojos incapaces de resistir a las lágrimas,
besuqueando la ceniza de los ceniceros mientras compras cigarrillos
a 3,30 la hora, dos caladas y un punto negro que podría llamarse futuro
pero prefiere mantenerse en el anonimato,
ahora puedes decir que el dolor es una aguja entrando por las arterias
y quizá un adulterio contra tus propios principios,
nadie te obligó a arrodillar la poesía para poder respartir de nuevo las cartas,
pero lo hiciste y no digas entonces que el final fue una palabra tan solo,
tu te rendiste,
tu dijiste un paso más pero no lo diste,
tú sabrás en la hora de los espejos qué grietas vendrán a defenderte
pero hasta entonces tendrás este triste hormiguero de pajas y pipas,
esta fría mañana de multitud,
este linaje de hombre vulgar dispuesto al olvido
mientras la miseria del arrastrarse sin más es un espejismo sin oasis,
un grano de arena tras otro,
un plaga de hiedras subidas a lo alto del colocón, donde el alcohol quema
y las miradas hacen de invitadas de excepción a tu despedida,
pero no estás muerto y si lo estás, nadie te lo ha dicho todavía,
dejemos que sea así, engañemonos, hagamos un reguero de saliba tras los aspersores,
lidiemos con el odio acumulado de desencuentros y mierda,
finjamos, joder, hasta que el último vuelo llegué con su libre caída de suelos
a recordarnos que las letras más oscuras
siguen bailando entre poesías.

palabras secas

hablar del paisaje con estas palabras, buscarle un sujeto que siempre es primera persona,
bailar entre metáforas que hablan de dientes, de hambre,
de formas infinitisimales y detalles sin importancia,
besar el precio de la compra como un bolsillo al que no le quedan monedas,
tirar de chantaje, de lirios cortados a través de la somnoloncia,
sudores en ciernes vistos con el filtro de la literatura,
buscar un sentimiento al abrir una página,
morir por falta de marcapasos, por ganas de arena,
lidiar con el fracaso de fondo, la inconsistencia, la ausencia de inmaterialidad que te da un folio en blanco,
llorar por si acaso se te olvida mañana,
hacerte el daño que no es justo pero sí necesario,
batirse a vuelo de pájaro que pisa por primera vez la tierra
y escapar de los nidos en el estómago, de las charcas de viernes,
el tiempo de los olvidados no pasó de refugio de guerra,
la memoria lloviznó batalleando,
el silbato fue un silbido de amigo y la estación se llamaba primavera,
el tren destino,
y el billete desconocía el significado de la palabra vuelta.

no tenía más valor que un puñado de granos de trigo,
es decir, muchas promesas, y el cartel de neón anunciaba un futuro en oferta
y el portero en la puerta cobraba con principios la entrada.

pocos se dieron cuenta hasta que la vergüenza fue el plato frío de la madrugada,
se salvaron por un chasquido de risa a tientas,
por unas piernas de minifalda, por tener en la cartera algo que pudiera identificarles.

he pasado a través de este sigilo como un mimo al que tienen que subirle la bragueta,
me quema su paladar de letras y la señal de stop al final de cada calle,
las ventanas cerradas,
una colección de puertas donde poder resguardarse,
el escondite de la hojarasca
y las aceras tintadas de huellas de nadie.

sobre todo
me quema el hecho de que ahí seguirá el paisaje,
con sus montañas heladas de rocío en hierba,
con su filo de cuerpo y caderas mirando a través de las legañas,
el culo pompa de la naturaleza
me quema
al ver lo poco que tendrá que ver
con nuestras palabras...¿de mierda?

radiografía con acuarelas

nunca había jugado al despite sin palanganas. yo, verán, no sabía esconderme antes de que contaran 100, así que buscaba visibilidad, un sitio donde pudiera depender de mis fuerzas para correr antes que de mi habilidad para cerrar los ojos. no quería sentirme presa, y por eso era más de cazar.
pero ay, tampoco sabía asustar a los monstruos de mi armario, así que procuraba no tener armarios, o si los tenía, que fueran cómodos. no es bueno incomodar a los monstruos, me decía. seguro que a ellos tampoco les gustan las guerras.
cuando aprendí a enceder las cerillas creí que ya sabía hacer fuego. siempre me pasa algo así. un día lancé una piedra y empecé a soñar con fusiles. al otro era un paseo en bicicleta, o bajar la ventanilla del coche, y decirme bah!! este mundo se ve a base de dar pedales.
pero nunca le tuve miedo al mar. y el respeto se lo concedí estos ultimos años. será que crecí entre demasiada tierra, o que leí un cuento de borges que terminaba con un desierto haciendo de laberinto.
en verdad que pocas veces entendí que se puede saborear la madera. que los miedos van con raíz, y hay que sangrar para estirparlos de adentro. que la risa es lo más importante. lo más bonito.
más incluso que los gemidos, ese gesto tan recordado. ese gesto, ay, no quiero pornografiarme en estos momentos. quería una radiografía con acuarelas. algo que diga: no, si yo solo quería suelto para tabaco, pero si hay que tomarse una cerveza...
total, que terminé borracho. y no se crean, a ratos hasta me siento viejo. aunque piso la arena y me lo paso como un enano. pero a ratos, eso, parece que en cualquier momento me fuera a poner a escribir a mano las cartas que ahora mando via mail.
pero qué va. soy un falsoalarmista. un pedrolobista. un exagerametaforas. una blablablador. un tremendimensionista. un enciendeincendios. un inseguroquesiqueno.
vamos, que no me pongo de acuerdo y exagero hasta hacer de todo un pequeño detalle, un delicado gesto, una minima afirmación resolutiva. yo es que entre la teoría gravitacional y la mecanica cuantica siempre he ido con los más pequeños.
será que un mechón de pelo me dice más que la larga cabellera.
que me fijo en la uñas más que en los dedos.
en las pecas ominosas, los lunares contados, el rosa de mejilla sin rubor.
será que ella mide poco más de metro y medio, y se diluye como acuarela en celo,
como mancha de grafito con sudor.

domingo 23 de agosto de 2009

hand up

como te confesé la primera noche: solo tengo un puñado de palabras.
y prometí usarlas para hacerte reir.
me puse peluca y sombrero, la cara pintada
y el disfraz de aprendiz ingenuo que juega a subirte las faldas.

puedo decir que tu risa es algo que siempre me he tomado muy en serio.

cada cual tiene su gasolina para rugir, la mía es mezcla de labios y cuentos
con leve inclinación de gesto cuando la risa te desborda la boca.

por supuesto el tiempo es tiempo, y la arena no siempre es playa.
estar ahí, cogerte la mano al dar un paseo, ayudarte a dormir, todo eso.

alguna vez te vi llorar
y alguna vez también te vi contener las lágrimas.
te escuché hablar con voz cansada de cuna
mientras por dentro
había una hoguera de hielos que te quemaban.

y me quedé en silencio.
sin saber qué decir, yo, que te confesé que solo tenía un puñado de palabras
y prometí usarlas para hacerte reir.

me quedé en silencio. roto al verte resquebrajada.
asustado y muerto de miedo, como un niño feliz
que al mirarse solo ve la pálida cara de un hombre triste al otro lado del espejo.

tragué saliva, respiré, y pellizqué mis heridas para entender
que lo bueno de los malos momentos es que se pasan.

lo malo, es que lo buenos también.

martes 4 de agosto de 2009

vacaciones

cuando digo que ella tiene algo que el resto no tienen
no sé si me refiero en concreto a millones de detalles insignificantes
que la llenan de significado
o más bien a un sino cerrado como una palabra que no aciertas a acertar en un crucigrama.
el caso es que se quita las zapatillas al subir a los coches,
al entrar en casas
se queda descalza y yo miro de reojo sus pequeños dedos medio pintados,
rimel corrido por dientes a través de la lengua,
y le da pena los perros de los punkis porque beben de los charcos
donde ellos están de juerga
y a veces no me deja matar los insectos a pesar de las picaduras
y se toca cada grano que le sale en la cara
y trata, mezcla exacta de picaresca y ternura, de quitarme los puntos blancos a base de uñas,
ella a veces aparece recién depilada y yo abro la boca inconscientemente
y ella entiende que es mi forma de pedir permiso
luego explota y me agarra con los brazos y yo entre bromas pido auxilio ante tanta belleza cercana a la rabia
grado máximo de concentración,
dice qué lástima muy bajito cuando hay alguien que tropieza por segunda vez en la misma piedra
y si yo me río ella se pone seria
y si tenso la cuerda se pone orgullosa
y si hay que dejarse el tipo, para por completo el bullicio y se erige como una superguerrera capacitada
para soportar mil veces su propio peso.
hay veces que amanece caprichosa y a mí eso me encanta,
hay otras que anochece con la lujuria en las piernas y un "puedes correrte cariño" en los labios,
la he visto quedarse dormida en mis brazos y nunca creí que en mis manos cabrían tantísimos sueños,
la he escuchado cantar a pedazos canciones de madera y he notado crujir en el aire las notas que ella balbuceaba,
tiene un pentagrama a prueba de malos acordes
y mil soluciones distintas para mis mismos problemas de siempre,
yo no sé muy bien cómo es
que entre todos los tipos que pisan este planeta
fue a mí a quien señaló con el dedo y me dijo "ven aquí",
no entiendo del todo que es lo que hice tan bien cómo para merecerme esta lluvia de logros,
este premio de mirarla a los ojos en cada orgasmo,
este ir de la mano con el mundo girando alrededor nuestra,
ser el pesao que va con ella en formato tienda sprint 24 horas al día, animal de compañía para lo que tú quieras,
y a mi me recuerda a determinadas estrellas que no sabes cuanto son capaces de brillar
porque antes te ciegan,
vaya, que no me sé explicar y acumulo detalles incapaz de resumirlo en pocas palabras,
tal vez solo sea una, quien sabe, o tal vez solo sea cuestión de no preguntar
y observar el paisaje: ortigueira estaba preciosa gracias a ti,
palencia volvió a sentirse diluvio de fiera,
no hay nada como un go and trip si te veo reir todo el rato,
me elegiste y doy gracias de que sea así,
qué demonios
y qué de angeles,
todas las preguntas del mundo
y ninguna respuesta, yo que jugaba a inventar personajes entre arbitrios de magia
y casualidades
un día me di de bruces con la vida
y me enamoré de ella.

cerdos y moscas

En el peor de todos los posibles nadie se atreve a dar un paso al frente
por miedo al fusil en la cabeza, al tachón en la palabra,
a la condena de pedir auxilio en un tiempo donde pedir es sinónimo de que fallaste contigo mismo.

Es así que los nadies de galeano caminan por las aceras
sin apenas tartamudeos, con las manos quietas y el corazón en un puño de nudillos rotos.

Las paredes cuentan las miserias de cada uno y en las portadas de los diarios
solo relatan que este mundo es una mierda: las colillas en los ceniceros lo demuestran,
los culos de cerveza de un último trago que no quieres dar para no tener que irte a casa,
dos filas puestas en el baño esperando un suspiro camino de la intranquilidad,
la taquicardia de los pulmones cada vez que alguien pregunta por el aire fresco,
y sueños, sueños tan muertos que mejor ni recordar cada mañana que toca levantarse.

Pudimos hacer algo grande pero nos dejamos ganar.

Nos autoexpulsamos de la partida, nos autojustificamos por ello, y nos automatizamos no fuera a ser que los espejos
vinieran a recordarnos ciertas promesas.

En esas estamos, cansados de tanto aferrarnos a la moneda que sigue dando vueltas en el aire,
pensando que quizá algún día las cosas cambien pero sin darnos cuenta de que nosotros ya no vamos a cambiar por ello.
Seguimos con los mismos argumentos pero esta historia no es nuestra y entendemos, ahora, que nunca lo ha sido.

Pudimos hacer algo grande pero tiramos por el camino sencillo de la borrachera, nos quisimos disfrazar de ombligo
y lo hicimos: nos comimos lo que nos pusieron en la mesa y nos olvidamos de que el éxito, simplemente, era respirar
y seguir vivo.

Dijimos "para qué hablar de trincheras si no vamos a luchar", y en la noche confundimos
el extasis con pastillas para el dolor de cabeza,
el amor con unas piernas, la pasión con escupirse en la mano antes de ponerse a follar.

Nisiquiera pensamos que sangrar fuese un acto de rebeldía
y dejamos de vomitar artos de que todos nos cerraran los portales.

Ahora cuidamos nuestros trajes y miramos desde la ventana, sudamos frente a una pantalla
y hacemos la cama para que nadie note las vueltas que damos cada noche antes de conseguir dormir.

No puedo dejar de imaginarnos como una broma macabra a la que nadie le encuentra el sentido.
Los que tienen ni lo saben, y los que no tienen prefieren no pensar.

Fuimos directos al punto final y en muchos momentos echamos de menos el camino que nos hemos perdido,
somos niños pequeños envejecidos, libros llenos de páginas rotas, cuerpos muertos engreídos que respiran cada cierto tiempo
y por eso se creen algo más,
somos con mucho la mayor estupidez que podría haber ocurrido, y además nos encanta jactarnos de ello:
nos colocamos el busto frente el espejo y nos corremos del susto cada vez que alguien suelta una verdad a cambio.

Con las manos oxidadas de olvido de tierra, acariciamos el muro de las limitaciones
y lo besamos para que todos vean que no lo dudamos ni un segundo.

En un mundo de mierda solo los cerdos se sienten a gusto.

Y millones de moscas cojoneras.

achique de deudas

nunca viajo con más equipaje del que puedo cargar
porque nunca se sabe
si al sitio donde vas quedará un taxi libre que quiera llevarte,
una mano guía dispuesta a echar un cable con las escaleras
o una taquilla vacía donde poderte ocultar.

por eso trato de ajustarme el peso a las fuerzas,
de poder ser yo solo capaz,
de no tener que pedirle ayuda a nadie.

aprendí con mi primera maleta
que nunca se sabe.
que a veces nadie contesta.

y como fui llenando mi historia de estaciones a modo de hotel,
de bancos a modo de cama,
de algunos paisajes con forma de horario
y una fecha en un billete,

como fui de esos que con un orgullo implacable
prefieren quemarse a pedir ayuda
no distinguí el grito del alarido
la suplica de la impaciencia
la petición del ruego
y pude ver muy de cerca la soledad de algún vagón de cercanías.

fui llevando mi vida al borde de unos vaqueros
con las manos llenas a veces
con la mierda al cuello otras
con la lengua fuera siempre.

lleno de golpes de los que bien presumía
pero alejado de la osadía de cualquier cicatriz.

viví pensando que vivía sin tener nada que pedir.

pero luego eché un vistazo por la ventanilla
y vi que había llegado
por el dinero de otros, la valentía de otros
y las alas de otros
a tantos sitios que no me dejaron ni cerrar los ojos.

es curioso, ahora que sé que las deudas siempre están ahí
no solo viajo ajustando maletas a las fuerzas que tengo
si no que siempre que puedo trato al menos de dejar una mano vacía
por si alguno de esos qe nunca piden ayuda
necesita un cable con las escaleras.

inteligibilidad

antes de cada guerra la busco en labios para poder obviar profecías.
así me hago menos daño y cuando me lo hago igual
al menos me curo antes
y no duelen tanto tantas heridas.

sé que ella juega al scrabble con los sentimientos
y al silencio de gestos le llama intimided,
a la vergüenza pespuntes de sosadías
y me dice orikete en mensajes porque tanto te quiero
como tanto satura: rojo chillón sabor labios
y el personaje que René Goscinny nunca se atrevió a inventar
porque Albert Uderzo no habría sabido dibujarlo: clitorix,
la sirena con rastas y miedo al mar
que doblaba los dedos de los pies al pellizcar la arena.

entre tanta fantasía uno olvida la realidad del trabajo,
el firme inconformismo a las firmas,
la falta de tacto al hablar de separar camas.

hay días que la azohía apuntala un sábado por la mañana
y las terrazas se llenan de hilo musical y playas de piedras,
cervecitas y sal de piel mi amol cuando salgas del agua.

tonterías (te admiro ramiro) para no dormir
y risas que rozan el límite de la borrachera.

no voy a ocultarle al viento que el mejor escondite está entre tus piernas.
no voy a mirar a otro lado ni a soltarte la mano cuando prohiban los auxilios en carretera.
he crecido lo suficiente para partirme el pecho por una simple y puta idea,
he servido tantas mierdas y tantas mierdas he tenido que tragar
que no me da igual callar cuando a otros les da por tirar las cartas a la hora de ponerlas sobre la mesa.

no se puede amordazar a quien fusila el qué dirán con la fuerza que da un sueño.
no hay redes ni verjas, no hay paredes ni mucho menos ética o justicia moral
ante el milagro real de un tu y yo modalidad cuerpo a cuerpo.

no me vengan con esas.
el amor es algo más que decir sí quiero en un contrato de propiedad.

en mi casilla, lo he dicho siempre, lucho y muero.
a mí manera.
podrán decir que me faltó ingenio.
que no supe usar otras palabras. que me quedé un poco lejos de saber gritar
o de hacerlo con talento
pero no dirán, porque eso jamás lo podrán decir,
que no me dejé la garganta
en el intento.

ahora, con su permiso, y sin él también, me voy a desnudar.
porque a ella no le gusta verme con ropa en sus sueños.

lunes 15 de junio de 2009

sol

La primera vez que lo hizo a mí me pilló de resaca. Por aquel entonces hacía dos días que nos conocíamos y era imposible imaginarse nada. El término imposible es algo modificable. Puedo decir que eso es lo que fui aprendiendo en todo este tiempo. Que lo imposible normalmente va ligado con la falta de imaginación, pero ¿cómo imaginarlo? Así que después de la segunda noche ella estaba dormida en mi cama y a mí me faltaban muchísimas cosas por saber aun. Y aquel domingo por la mañana me limité a disfrutar del sol que ella me ofrecía. Cuando la luz empezó a taladrar nuestros sueños, nos fuimos revolviendo hacia la esquina de la cama, hasta que estuvimos tan juntos que terminamos tirando de sudor y carne para despertarnos definitivamente. Estuvimos bebiendo por el parque rodeados de punkis y abuelos que bebían de la misma litrona. Luego dimos vueltas por el rastro, ¿o fue antes? No lo sé, el caso es que también estuvimos en una terraza de Lavapiés bebiendo cerveza. Si pienso en aquella mañana, creo que no sabría trazar un mapa de todos los sitios donde estuvimos, pero fueron muchos. Muchísimos. Y en ninguno de ellos fui capaz de pensar (porque lo imposible es solo falta de imaginación) que fuera ella quien estuviera controlando el tiempo.

Como nos conocimos en primavera, siempre tomé como algo normal aquellas tardes en que el sol iba cayendo despidiéndose de nosotros mientras nosotros nos cogíamos de la mano para cruzar las aceras. Si miro hacia atrás, lo cierto es que no logro recordar días grises entre tanto azul de ojos. Una tarde, totalmente sobrio en casa, sí pensé (y fue el principio de los indicios posteriores) en que la luz reflejada del cielo podía tener algo que ver con sus pupilas. Pero solo algo, y no entendía qué.
Fue una noche de después cuando vi lo imposible por primera vez, y no quise hacerle caso. Me había quedado dormido en un portal y ella me sujetaba la cabeza. Se me cerraban los ojos y para mí eso era una buena excusa para que ella no viera mis inevitables ganas de llorar. Me pasa cada cierto tiempo. Me entran ganas de llorar, y no puedo evitarlo. Pero no quería que lo viera ella. Me había visto emocionado alguna vez que yo la había leído mis tripas hasta que tenía que dejarlo por ausencia de garganta. O de saliva. Pero no quería que ella viera mi ruina de vida a través de mis ojos. Y aun así allí estaba, sujetándome la cabeza mientras yo me dejaba dormir para poder llorar a gusto en el cuarto solitario de mis sueños. Me tuve que despertar, porque no era justo estar en aquel portal con ella aguantando. Lo hice, pero me temblaban los ojos. Ella me miraba como pidiendo permiso para hacer algo. Yo no decía nada, solo balbuceaba entre las metáforas y la borrachera, y ella se incorporó de golpe y me tendió su mano. Yo dudaba de mis fuerzas y de mis posibilidades de hacerme el valiente. Pero agarré su mano y me levanté del suelo. Como tantas otras veces. Mantuve el equilibrio sostenido en ella, y en el centro justo de nuestras manos, cayó la primera gota. Pensé (y lo dije, creo) en aquella frase, “lluvia entre los dedos”, que me habían dicho mucho tiempo antes. A la primera gota le siguió la segunda y después vinieron cientos, miles, un ejército de gotas de agua que poco a poco nos fue empapando. Ella me miraba y estaba preciosa, por el efecto de la lluvia parecía toda sudada, y no pude dejar de pensar que era como si acabáramos de follar en mitad de la calle. Ella entonces, muy muy despacio, como pronosticándome su gesto, me quitó el sombrero de la cabeza y el agua comenzó a golpearme en la cara, los ojos, a escurrirse por mis mejillas. Y empecé a llorar. Empapado hasta los huesos, mis lágrimas se fueron diluyendo entre la lluvia, mezclándose, disimulando todas mis miserias. Regateando portales, nos fuimos caminando a casa, mirando los riachuelos que se forman entre las aceras, pisando algún charco, jugando con el reflejo de las farolas en el suelo mojado.

Sin embargo, La noche de la primera despedida, cuando todavía era el ciego viajero que buscaba billetes de ida para cerrar los ojos ante el paisaje que dejaba a mis espaldas, no llovió, y yo no entendí por qué no lo hizo. Ante esos columpios vacíos, ella me abrazó en una noche de estrellas como pocas antes. Por dentro, me había llenado de injusticia y no era justo que ella pasara por eso. Así que la noche de la primera despedida no sirvió de nada que ella no llevara sombrero. Y por sus mejillas, tuve que ver el miedo al vacío deslizándose como una jarra de vino rosado caída en mitad de una barra. Pero ni viéndolo dejé de creer en lo imposible.

Cambié de vida y me mantuve al margen. Hice cosas muy buenas, y también muy malas. Me dejé llevar y al dejar llevarme, terminé cruzándome con ella. Fue en la gran vía, yo estaba buscando un piso nuevo y acababan de darme un buen golpe en la cara. Recién caído, la vi de lejos ir de la mano de alguien. Y cuando quise evitarlo, ya había pronunciado su nombre y ella se había girado. No miento, lo juro, si digo que no recuerdo ni una palabra de aquella breve y artificiosa conversación. Yo le miraba a los ojos y eso sí podría describirlo, pero sería otra poesía. Dije un par de chorradas torpes y me di cuenta de que ella tampoco estaba tranquila. Era finales de agosto, y en mitad del calor contagioso de Madrid, sobre nosotros, se formó una nube. “esa nube me sigue a mí” pensé, recordando el libro de Carlos. Pero seguía sin entender. Seguía faltándome la imaginación, y seguía dando vueltas a mi propio ombligo.

La noche del primer rencuentro me llevó a un garito por Moncloa. Creo que ha sido la única vez que he salido por allí. Terminamos en un portal comiendo sándwiches del sprint porque yo tenía hambre y estaba arto de tanto whiski. Saqué un poquito de hachís, y lo mezclé con tabaco mientras esperábamos a que llegara un colega que la iba a llevar a su casa. Estuvimos fumando a través de la calle vacía, contándonos las superficialidades, pero mirándonos de nuevo a los ojos. Cuando llegaron a recogerla, ella me llevó de la mano hasta la puerta del metro. Y yo me fui dándola un beso, pero sin decir nada. Durante 6 paradas, estuve sonriendo viendo el subsuelo de un Madrid que recogía sus sobras. Cuando salí, estaba amaneciendo. Caminando la recta a casa, el sol se fue abriendo paso a la velocidad de mis piernas de tal manera que yo avanzaba pisando suelo recién amanecido. Suelo virgen de luz. Si la luz, como el cemento fresco, dejara huellas al recién ponerse, esa mañana habría habido un rastro de sombras de pisadas hasta el portal 21 de la calle valencia. Me metí en la cama, y me dormí.

La noche del segundo rencuentro fue una noche sin ropa. Abrazados a ese momento, ninguno de los dos quería moverse demasiado. En mi nueva habitación ya no entraba un sol que pudiera arrinconarnos. La ventana daba un patio interior al que, debido a la altura del edificio, nunca llegaban los rayos del sol. Así que era muy fácil quedarse dormido hasta muy tarde si no ponías el despertador. Y aquel día no lo habíamos puesto. Creo. O tal vez sí. No recuerdo ese detalle. Porque en una de esas veces que entreabres y cierras los ojos, como por inercia, como si estuvieras resituándote antes de continuar durmiendo, vi un punto de luz dando contra las sábanas. Era como un rayo puntual de sol, a modo de haz de linterna, totalmente imposible de ocurrir en aquella habitación. Así que levemente me incorporé, y ella se desperezó un poco y quizá, supongo, pensó que iba a beber agua. Me incliné para que el rayo ese me diera en los ojos, estaba confundido e incluso no rechazaba el estar soñando. Incliné mi rostro buscando un origen, una causa, y vi un espejo que había dejado alguien junto a una ventana de un tercer o cuarto piso del edificio de enfrente. El espejo estaba bruscamente inclinado y en él se reflejaba un punto de luz gigante que por supuesto era el sol. Volví a dormirme creyendo que entendía las cosas.

Pero cuando aquel día nevó fue cuando dejé de creer en las casualidades. Siempre he sido uno de esos tipos desconfiados, casi cínicos, ante la magia y las chorradas del destino. Aquí a todos nos toca hacernos un camino y no seguirlo. No tengo las ideas muy claras al respecto, pero cuando aquel día nevó tuve que rendirme ante las evidencias. Nos despedíamos en mitad de la calle. Íbamos super abrigados porque hacía mucho frío. Estaba nevando y Madrid estaba precioso. Nos estábamos dando los últimos besos antes de tirar cada uno para un lado, disfrutando de la tontería de la nieve, de su belleza. Yo tenía que pillar el 34 y a lo lejos venía. Así que cerré los ojos para dar un último beso y sentir más el frío sobre el rostro. Es verdad que la vista distrae los otros sentidos y por eso cerré los ojos, quería saborear ese instante y no limitarme a verlo. Luego ella se fue a lo lejos y yo me subí al autobús. Dentro, mientras sacaba el abono para ticar, giré la vista para ver el paseo de las acacias nevado y la puerta de Toledo al fondo. Y allí estaba, un alfiler de sol abriéndose paso entre las nubes. Un punzada de luz que se reflejaba en el blanco de los copos que caían del cielo. Me quedé boquiabierto y casi tonto, aturdido como el explorador que al girar una esquina descubre babilonia ante sus ojos. Fue el conductor el que me dijo “pasa, venga”, y yo le sonreí con mi cara de tonto.

Desde entonces me empecé a fijar, y lo que vi fueron noches de invierno que terminaban en mañanas de verano, empecé a ver sombras que hacían formas extrañas como claves musicales. Días de lluvia que se cerraban con un cielo abierto enseñándonos las estrellas. O tardes en las que nevaba cuando yo estaba en clase, y todos se asomaban por la ventana mientras yo ojeaba los mensajes del móvil para ver a qué hora habíamos quedado. No podía enfrentarme a ello, y tampoco quería, así que me limitaba a disfrutarlo. ¿Qué puedes hacer con una persona que controla el tiempo?

Hubo un par de personas que me creyeron, pero el resto me tomaron por loco, o por tonto simplemente. No me importaba demasiado, pero me daba miedo que aquellos que no se lo creían pudieran estropearlo. Trataba de no darle más vueltas y seguía disfrutándolo. Hasta que una tarde no pasó nada. Creo que fue mi culpa por querer forzarlo. Yo la había expuesto mi teoría de que era una superguerrera con poderes y que podía controlar el tiempo. Ella se reía y a mí me parecía genial que ella se riera. Ella riéndose daría para otro relato entero, así que no me voy a desviar. Ella se reía y yo hablaba como un loco y enumeraba y exponía y bueno, la resumía todo lo que aquí he contado mezclando palabras y sin orden alguno. Era el comienzo de la tarde y quería tener una prueba. Quería confirmarlo de una vez por todas y así quitarme las dudas de la cabeza. La tuve toda la tarde dando vueltas de un lado a otro. Hacía un frío de mil demonios, ni siquiera llovía, o nevaba, pero yo estaba convencido de que en cualquier momento ocurriría. Pero no ocurrió nada. Creo que ella se dio cuenta, pero me dejó seguir con mi experimento. Poco a poco, como en los sueños de Traveller, empecé a perder la fe en que ocurriera, “y sin fe sabía que no ocurriría”. Me entristecí un poco. No mucho. Las cosas estaban bien y ella se reía aun. Aun así, me entristecí un poco y ella me cogió mis manos heladas, temblando por el frío, me miro a los ojos y me dijo: “vamos a casa, anda”. Y volvimos. En la habitación, me quitó la ropa y después se desnudó. Yo me tumbé contra la pared, y dudaba de si cerrar los ojos. Sabía que no tenía por qué estar triste. Al fin y al cabo eso no significaba nada. Lo que no había visto con mis ojos no podía borrar lo que sí había visto. Ella se acercó a mi espalda y me abrazó. Estaba ardiendo y por un momento pensé que incluso podría tener fiebre. Me giré para mirarla, y allí estaba ella, sonriéndome de nuevo. Sin dejar de sonreír, sopló y de su boca salió un vaho que me inundó los ojos. Miré la habitación y vi el frío rodeándonos, agazapado contra nosotros, las paredes heladas, los libros llenos de escarcha, la madera de la puerta crujía. Pero ella ardía. Ardía y me abrazaba. Se reía como si fuera una niña gastándome una broma. Sabía que si me alejaba de ella me congelaría. Y entendí que lo imposible es solo falta de imaginación. Que siempre había sido así. Que lo bueno de la magia no es entenderla, sino disfrutarla. Así que cerré los ojos al borde del precipicio, y me dejé caer hasta el nido de las tormentas. Abrazado a ella en esa cama dije un gracias bajito, muy bajito, que apenas lo pudo oír, y así era mejor porque sabía que a ella no le gustaba que le dieran las gracias.

miércoles 3 de junio de 2009

podría contar los detalles de la última noche. un último desahogo.
el domingo por la tarde se esforzó para decirme que mi madre se quedara con el sello que la regaló su hermano Tomás después de la guerra y que tuvimos que cortar anoche, media hora después de su muerte, porque nunca se lo había quitado y no salía de sus dedos envejecidos. o el rosario de su primera comunión, que quería que se lo quedara mi tía marian. una estampa de la virgen con las iniciales de su madre que eran para mi tía presen, porque se llama igual. la pulsera de la Tere era para mariespe.
lo demás, que ellos vieran cómo lo repartían.
"solo el amor es duro" decía montero. pero mentía. el amor es genial, y da vida. lo duro y cruel es la muerte. verla de cerca en un vómito final que significa game over en esta partida impredecible.
y hoy había un álito triste en la mesa de la cena. 9 personas hablando y sin embargo.
vivió mucho, y a veces le dolió el vivir tanto.
el último día apenas podía hablar. ella sabía, y a veces, eso es peor que no saber. por la noche dejó de hacer ruido al respirar y a mí me pilló fumando. mi hermana se despertó al oirme besarla, y se fue corriendo a despertar a mi madre. eran las 4 de la mañana, y me había quedado despierto. estaba obsesionado con la idea de que cuando ocurriera no estuviera sola. que supiera hasta el final que allí estabamos. no sé hasta qué punto pudo darse cuenta. había aguantado hasta el martes, estoy seguro, porque el lunes mi hermana llegaba de australia y se lo habíamos estado recordando todo el fin de semana. una vez la vio, supe (y todos lo sabíamos) que no duraría demasiado. el martes lo pasó fatal. apenas decía sí o no si la ofrecías agua, y por la tarde ya ni eso. tampoco era plan de alargarlo. y hasta ella sabía eso.
"en vosotros aprendo que la vida tiene menos que ver con los principios que con la dignidad de los finales" decía montero. y eso sí que es verdad.
ok pili, si ves a ese Dios en el que crees, cuidale, ¿vale? y dile que hacemos lo que podemos por hacerlo bien.
muchas gracias a todos. muchisimas. un abrazo gente.

lunes 1 de junio de 2009

la niña del pelo blanco

Me crié en una casa con 6 mujeres donde yo era un niño travieso que jugaba al futbol en el pasillo con una pelota hecha de bolsas de plástico. Por aquel entonces vivíamos en un piso alquilado en casado del alisal, que ahora ya no existe. Recuerdo a mi padre yendo a la universidad de Oviedo para terminar la carrera, y recuerdo cómo después decidió alquilar un hostal durante los siguientes 11 años de mi infancia. Así que me crié con 6 mujeres que me llevaron en volandas hasta ser el chico/hombre que soy hoy en día. Hasta ser la persona llena de altibajos, defectos camuflados, buen humor, algunos detalles y muchas gracias guardadas en el paladar. Hasta ser lo que soy, que no es tan malo.
Durante aquellos años de piso con tres habitaciones dobles, nos dividíamos de dos en dos para repartir las camas. Yo dormía con mi tía pili, que me dejaba acurrucarme en el lado de la pared, una manía que quizás heredé de por aquel entonces, pero que hasta ahora no me había dado cuenta. Cuantas manías heredadas me quedan por descubrir es algo que empiezan a preguntarse en mi cabeza. Hoy me volví a tumbar en una cama con la pili, me extendí a través de ella y las únicas diferencias que vi es que esta vez era yo quien la sacaba un par de cabezas, y que en lugar de ser yo un niño que crecía, ella era toda una mujer que se estaba muriendo.
No debería contarlo así. Quizá debería ir por un camino de muchos años en donde ella se levantaba por las mañanas para hacer chocolate fundido, me cortaba media barra de pan, y me lo ponía en la mesa para que algún día yo llegara a ser todo un hombre preparado y fuerte. Listo. Valiente. Y un montón de adjetivos que mezclaba entre refranes, y que yo me aprendía. “la práctica hace maestros” y por eso, supongo, ella fue mi maestra en muchísimas guerras contra los granos. En muchísimos primeros pasos que no me habría atrevido a dar de no ser porque ella me sujetaba la mano.
Teníamos un 127 que mi madre conducía para llevarnos al pueblo. Yo iba sobre sus rodillas sosteniéndome y mirando por la ventana. Mi hermana iba en las rodillas de la Tere, y no importa el articulo delante del nombre, para aquellos dos jovencitos en ciernes y para toda una familia hecha de supervivencia, ellas siempre fueron la pili y la tere.
Ahora la tere está en una silla de ruedas, usa pañales, y hay que darla de comer papillas porque no logra masticar nada. La pili, ya lo he dicho, está tumbada en su cama de nuestro piso en propiedad, con los riñones reventados y diciéndole adiós a una vida que la ha llevado por casi 94 años de despedidas constantes. Me arrepiento de no haberla preguntado más por su padre, un hombre que se pasó no sé cuantos años en otra silla de ruedas y que ella tuvo que cuidar en un pueblo perdido de castilla. Me arrepiento de no haberla sacado todos esos detalles que guardaba en una privilegiada memoria llena de cifras y calles, casas maltrechas de adobe, lugares donde ir a merendar y bailes de nombres y letras que solo ella podría explicarnos, y es casi seguro que ya no lo hará.
No sé de lo que hablo, es verdad. Me tiemblan un poco las manos al pulsar las letras. No sé si pretendo un homenaje o es una simple pataleta contra el tiempo. Un no saber estarme callado. Pero admiro y mucho a ese equipo de mujeres que un día se propusieron criarme, y así hicieron. La figura de mi madre cuidando de todos, una médico que aunque no lo diga, no conoce mejor medicina que una caricia bien dada. Mi hermana, que me fue filtrando los consejos y peligros para que yo no tuviera que tragarme los golpes tan de cabeza. Y mis tías mairespe y marian, que siempre se llevan el olvido por mi parte, quizá porque los sentimientos no son delicados, ni mis palabras del todo justas. Quién sabe. Pero hoy me tumbé en esa cama y vi mi pasado, un pasado que puedo contar con la cabeza bien alta, porque siempre fui de la mano de una mujer al colegio, y eso, los que me conocen, saben que yo lo llamo ser un privilegiado.
La pili me peinaba con un peine y me dejaba la raya un lado. Creo que eso hace una buena idea de qué tipo de cuidados hablo. En los últimos años la hacía gracia lo de mis sombreros, pero ni pizca que llevara los vaqueros arrastrados. Hoy me advirtió casi casi seriamente que ni se me ocurra presentarme a su entierro con estas zarandajas. Y yo, que no sé en qué momento dejé de hacerla caso, volveré a ser un niño entre sus brazos y la besaré tan fuerte que no habrá que muerte que valga para separarnos.
Debería explicar que hablo de una de esas mujeres que les parece mal que un hombre friegue los platos, ponga la mesa, o cocine la comida del día siguiente. Habría muchas feministas que deberían conocerla, no para que dejen de gritar, sino todo lo contrario, para que quizá lo hagan más fuerte. Hablo de una de esas mujeres que se han pasado la vida cuidando, sin más. Primero de sus hermanas y hermanos, porque eran pequeños. Después de sus padres porque eran mayores. Y después de sobrinos y nietos que aprendieron a mirar con sus ojos como referencia.
Creo que por eso la gustaba tan poco que jugara con el balón en el patio, porque puestos a cuidar se sentían casi madres hasta de las plantas, esos tiestos que yo a veces, descuidado, rompía y lo intentaba disimular colocando la flor sin que se notara. Ingenuidad, claro, pero la historia que quiero contar no comienza en un punto pero si termina en un lugar. Una cama donde trata de dormir esta noche la niña del pelo blanco y millones de arrugas. Aprendí a bailar con su cojera y a rebelarme viéndola callar. Intuyo que no soy capaz de saber cuántos sentimientos iban en el pack de besos que nos dimos esta tarde. Y supongo que la echaré mucho de menos cuando no consiga dormir en las noches tristes que como el de todos, también tendrá mi futuro. Me dijo “tienes que ser bueno y ayudar” y ojalá pudiera hacer algo para volver atrás en algunos momentos. Una vez te haces viejo empiezas a recordar y los demás empiezan a verte como una foto en blanco y negro. Cuando nací un 10 de agosto del 84 ella tenía 69, así que ya me dirán. 24 tacos del tramo final de una vida hecha a base de dignidad y aguante, lágrimas contenidas, alguna distancia y muchas noches de insomnio.
Cuando murió su hermano compartíamos cama en la habitación de adelante en el pueblo y se pasó la noche llorando. Supongo que se pasó alguna más, pero eso yo ya no lo recuerdo.
Siempre quise que ella fuera mi acompañante en la entrega de unos goya. Y haberla visto pisar la arena y mojarse los pies en la orilla de algún mar. Pero nunca la vi fuera de Palencia. Ese lugar donde chavales inquietos nos criábamos para ser fuertes algún día y dar guerra. Dar mucha guerra.
Los detalles no comentados están en otros relatos, en poesías enteras que dediqué a su manera de andar o de llevar unos últimos años a cuestas que la estaban costando demasiado. Hoy me tumbé en la cama para que ella supiera que aprendí a soñar soñando con ella. Para que ella supiera que fue una mujer buena, muy buena, una mujer de esas de las que puedes hablar pero jamás podrás explicarlo todo. Y se me va, y eso me duele porque demuestra la fragilidad de la que está hecha una realidad tan injusta como mis palabras. Se me va, y yo me voy a recostar en la cama, respirando los últimos tragos de un mundo que mañana o pasado o al siguiente será un poco más amargo. Y bastante más hiriente. Quizá soy un ingenuo que piensa que todo esto sirve de algo. Pero hay huellas que nuestra especie debería a toda costa conservar. Para que recordemos que en algún momento no fuimos tan malos. Que hubo gente hinchada de dignidad. Los que se van, pero no se mueren. La niña del pelo blanco. Mi cuna y mi nana.
Apaga las luces.
Hasta mañana, pequeña, duerme.

domingo 31 de mayo de 2009

motivos de leña

es una actitud ante las letras.
fumar tranquilo frente a las palabras. obviar la rabia.
el llanto.
puedes centrarte en el color de las lágrimas, pero no olvides contar
que siempre son del color de las mejillas que hay detrás.
las cosas se dirimen por su importancia.
y escribir se escribe para dar un empujón. soltar un puñetazo.
o ganarte un beso. un polvo si acaso.
siempre la misma batalla rozando la lona.
el escritor y su hoja, como si eso en el metro importara.
las crestas de las olas son como los punkis de malasaña: cada uno cuenta con sus propios poetas, esa fea palabra.
será que hablo demasiado con gente que sueña o que nunca hago caso de las señales de prohibido el paso.
lo cierto es que sigo buscandoles las metáforas
a todas esas manos que te sujetan para que no te caigas.
las mismas que te levantan una vez estás en el suelo.
y te limpian luego, y te dicen no pasa nada, y te dan un beso para que puedas dormir por las noches.
porque hace frío y las sábanas solas no bastan.
y no me creo que se pueda morir de calor.
¿que para quien escribo?
para los míos.
para quién si no.

uñas mordidas

hay tantos momentos de los que querría hablarte, tantos desvanes alquilados
ahi esperándonos esparcidos por las noches,
dejando las treguas a un lado porque no hacen falta descansos existiendo tu risa,
el juego maravilloso de conocerte en gestos cotidianos que tiemblan de alegorías,
de presagios,
de columpios donde lanzarnos al aire de las primeras mañanas de verano
y tu tienes que estudiar toda la tarde y yo llego tarde al trabajo
pero están todos esos domingos que ahora imaginamos en los que no tendremos que salir de la cama
ni jugar al despiste
ni buscar huecos entre agenda y horarios, esa lucha infatigable que a veces nos gana la partida
y hace que terminemos enfadados por pedir horas libres,
por dejar a deber cuentas, por costar a veces tanto ser feliz
más allá de un sabado por la noche, te acuerdas?
hay un sentimiento más allá del amor y yo apelo a ti,
te lo dije cabizbajo para que me creyeras, para que vieras que no solo soy
un cúmulo de groserías que forcejean por todas las cosas que querría hacerte
y que no me pierdo entre letras tecleando imposibles de cuentos de buenos y malos,
hay pequeños rincones de inocencia, extractos de rutina en una vida a medias
a conciencia elegida, aunque querer, he aprendido, solo sea un acto inconsciente,
un naufragio,
un camino precioso esperando la próxima curva en tu cuerpo,
ese impredecible que me vuelve loco cada vez que asoman tus pies al quitarte los calcetines,
el cálido vértigo de llama en reposo cuando te veo dormirte desnuda en la cama,
ardiendo como fuego a la espera,
metida en sueños que a veces me cuentas y otras muchas te guardas: hay tantas preguntas
entre las uñas que me clavas en la espalda que tienes que entender que yo me las muerda,
que a veces "maldiga injustamente a los que antes"
o tiemble con miedo por los de después
pero me contenga mientras,
en mitad de un brindis porque sé que la suerte son tres días a la semana
y cuatro en reposo esperando, agazapado en mi tela de araña,
cuatro en reposo esperando a que vengas con tu lote de fuerzas y de ganas
a plantarte en mitad de todas mis guerras y me digas: vamos, que esta noche te toca otro tipo de batalla.

martes 19 de mayo de 2009

gracias por el fuego

Voy a intentar que no sea triste, aunque lo sea.
Voy a respirar con la noche y el whisky, y no voy a llorar aunque me duela
tan adentro que me sienta fatal por este intento de despedida tardía.
No pude ir allá a darte el abrazo, viejo, y no seré yo el que diga descanse en paz
porque los vivos nunca lo hacen, y tú no estás muerto.
No lo estás.
Te conocí de casualidad, que es como se tiene que conocer a las personas.
Y no hablo del destino, ese cabrón traicionero que solo se apunta los tantos cuando ganas por goleada.
Hablo de una señal que te apunta con el dedo y te dice ¡dispara!, ¡dispara ya!.
O cállate para siempre.
Y no sé si después fueron las palabras
o los hechos, porque en tu caso eso da igual, pero fueron
y yo me llené con ellos
y con ellas
y fui creciendo mirando de reojo a la gente buena,
a los últimos , los de atrás,
todos esos no-dueños de la tierra de los que siempre hablabas,
de los que siempre hablarás, porque siempre habrá alguien que necesite escucharte.
En algún lugar, da igual cómo
o de qué manera, habrá una pareja cogiéndose a escondidas de la mano
o tallando un corazón con dos nombres en un árbol,
esos finos gestos de la inmortalidad,
sea como sea siempre será primavera en el primer beso de marzo
y habrá quien levante la voz por encima de las rejas
y habrá exiliados, claro que los habrá, tomando cerveza en la calle
mientras discuten por el partido del domingo.
Estamos vivos, y ante eso no hay muerte que valga,
no hay olvido que nos pare,
no hay nada que detenga las risas de los niños en los parques
o el delicado vals de los transeúntes en el metro.
Tú querías que así fuera y algún día sueño con poder decirte
“lo conseguimos”
Aunque tu estés allá y no me conozcas,
aunque este trago sepa a suspiro y las ganas de llorar
a veces puedan
a las ganas de reír, pero quien va a evitar los guiños en las escaleras,
las pintadas de las paredes,
quien va a callar los gritos de la gente que no morirá jamás,
de todos esos hombres
y mujeres
valientes
que cargaron el asfalto a sus espaldas y siguieron su propio camino.
Quién podrá ocultar el himno que hay detrás de cada puño cerrado,
de cada herida abierta,
de cada jueves en la plaza de mayo
o cada viernes en la puerta de este bar.
Ahora que te fuiste no descanses en paz
porque llueve, y todo está lleno de barro,
de simiente,
de augurios y fuentes con agua tan cristalina que parecen ojos,
nos dejaste el telegrama marcado con un “tenéis que ser fuertes”
y te haremos caso, aunque el desgarro duela
y no tenerte sea uno de esos actos imperdonables de la muerte,
aunque nos cueste acostarnos por este infatigable mes de mayo
que nunca tuvo a los malos tan de su parte,
haremos de este mundo un mundo de manos
que tocarán la hierba
y de pies descalzos como huellas sobre el cemento,
y serán los de siempre, los de más abajo, los que saldrán a la calle
sin fusiles
ni publicidad,
sin pancartas ni medios de información masiva,
serán los de siempre, los de más abajo,
los que con más fuerza se reirán en la noche de todas las hogueras,
tu tendrás una libreta en la mano
por si acaso es necesario firmar un recibo por cada ceniza
o leernos las caricias de buenas noches,
los susurros de buenos días,
los inconformistas latidos latinoamericanos de un planeta
a la búsqueda de su especie, porque estamos más perdidos que encontrados,
es bueno decirlo y ser fuertes,
andamos jodidos y cabizbajos, pero andamos
y nunca hubo horizonte que quedara cerca,
nunca hubo un pañuelo blanco que no soñara con sangre
o con lágrimas,
pero sobre todo nunca hubo un sueño que no estuviera manchado de imposibilidad,
es duro el rival
y luego, además, las circunstancias,
y es duro ver que te vas diciéndonos “venga”
porque es una mezcla de fuerza y debilidad,
de no saber cuándo parará esta rueda en la que andamos metidos,
y están los crucigramas en la cola del paro,
los silencios de parejas que dudan como dos seres humanos más,
está el chirrío de los trenes que se van
y quién sabe lo que se llevan
o lo que dejan detrás,
en verdad que está todo lleno de pequeñas poesías,
de gestos cotidianos como la escarcha,
como el hierro oxidado
o las paredes de un baño de cualquier bar de Malasaña
donde alguien, quién sabe quién,
quién sabe cuándo,
un día le dio por pintar:
Mario Benedetti no ha muerto porque los hombres buenos no mueren jamás.

martes 5 de mayo de 2009

plano general en contrapicado

La caja de música te hacía bailar. El semen te desbordaba la boca.
Decías te quiero y sonaba a pergamino.
A beso, verdad o guillotina.
¿o cómo suenan si no los discos del extraradio?, esas canciones
que saltan cuando conduces por las afueras de la ciudad, rodeado como siempre de putas
y de farolas.
A una por cabeza. O una por coño.
Maldita sea, quién puede responder esas preguntas y mirarte a los ojos.
Me gustaría que solo me hubieras dicho: sigue chupando.

Como ves, así nunca lograré callarme.

Y seguiré arrastrando esta cara de vicio, este hambre innato sin trato alguno.
Y seguirás descontándome de uno en uno los días que todavía nos quedan.
Por favor, las noches no.

Porque sigo creyendo en las luciérnagas como forma instintiva de iluminación.
Sigo creyendo que el amor es como aquel demonio que te comía las orejas: nadie tiene, nadie sabe,
pero todos corren.
unos detrás, otros delante, pero todos corren.

El día que se me jodió la brújula ya me viste: buscando tu mano, perdido con los dedos al aire.
Luego te oí respirar y quise sentir el sonido, tocarlo como en otras veces te tocaba abajo:
sin engaños, inconsciente, atento a cualquier contracción delatora.

Porque nadie controla lo que late o deja de latir. Pero eso se nota.
Hay veces que no, pero veces que sí.

Cuando te conocí la cerveza era el mejor mensaje que podíamos lanzar al mar,
y así hicimos.

Ahora reconozco tu sombra entre mis sábanas, mis ganas constantes de aproxiamarte.
Mis confesiones de disco rayado entre siglas repitiendo una y otra vez
que este barquito de cera alquilado es mi vida, y no importa que se derrita al tocar tu nombre:
tu estabas buscando un náufrago, y yo no quería seguir siendo isla.

ojala supiera hablarte del mar en lugar de usarte como chaleco salvavidas.
O decirte un tranquilo "sin ti no puedo", sin que suene a necesidad.

Todo lo demás, si existe, viene a mayores.
Y lo acepto como un regalo.

Me he buscado un refugio de niño pequeño donde nada me impide sacar la lengua.
Y contarte orgasmos.

Me lo leiste el otro día y desde entonces no me lo puedo sacar de la cabeza: "es como correrse dentro".
claro.

martes 21 de abril de 2009

6 meses, 1200 motivos

6 meses sin humo en la billetera, 200 pavos al mes, quien sabe las borracheras de más,
quien sabe de mi propia debilidad a liarme a garrotazos, 6 meses en la lista de espera de un baño
esperando, voy listo, turno para mear,
y las noches mientras tanto, los amigos, el cine y un próximo verano de arena y brisas con birritta frente al mar,
1200 motivos para mezclarme en 2, 76 gramos de locura al día, quién sabe las multas del cambio
o las ganas de pagar que me quedarán entonces,
bolsillos vacios de una revista a la espera de alguien que se preocupe de verdad por ella,
despertarme un poco más vivo, un poco más serio y completamente equilibrado, va ser esa mi vida?
venga ya, porque nos vamos, a quién sabe si 6 meses de posible incapacidad, 1200 motivos desgranados
en poesías diarias de humo, la inquebrantable oportunidad de demostrarme algo a mí mismo,
pero me niego a pensar que el día a día tenga que ser una batalla, no quiero rezarle a los escrúpulos ni quitarme
los principios de la chistera,
arrodillarme o pagar cuando pagar es otra forma de arrodillarse,
quién sabe si en el fondo esta es una pataleta más de otro chico afortunado, pero en mi cabeza
se enfrentan el vacío de la facilidad contra la cuesta del no tener que demostrar nada a nadie.
en esta jodienda, es tanto cuestión de poder como de querencia, a la mierda por un lado, y un os vais a enterar por el otro,
y en esas lanzo los dados con un interrogante al fondo, puedo luchar pero es que tampoco quiero,
y es tan entendible como que uso estas letras en busca de tranquilidad, desahogo, explicaciones,
hablo conmigo a través de ellas, sin pretender molestar ni entender lo que me digo,
busco ideas en la casualidad de las frases, dibujos tácticos para el camino que elija,
6 meses en el exilio por negarme a apagar el cigarro, 1200 motivos para tirarselo a la cara.
o a la cruz.

miércoles 15 de abril de 2009

desordenado

Si las cosas siguen su orden
un día abriré la casa de mis padres y mis padres ya no estarán.

Me da pánico pensar más allá de eso:
el vértigo de mis sentimientos no se atreve acercarse al bordillo de la caída libre
que supone el seguir viviendo,
el seguir vivo
sin la sonata de espuma que es la voz de mi madre
diciéndome “tranquilo, escandar, tranquilo…”

Si las cosas siguen su orden
un día cerraré una caverna vacía con mi sombra dentro.

Y del eco saldrá un réquiem
Y el tiempo ya no será más un reloj
y el horror a caduco se filtrará por las paredes.

Yo, a los miedos, los combato con desorden.

Pero cada noche
sigo rezando
por la inmortalidad de las madres.

viernes 27 de marzo de 2009

hermanos de sangre

Me duele este cuento triste de privilegio, me duele bien dentro no saber manejar mejor estos dedos para que puedan estar a vuestra altura, tío, tal vez mis ojos fueron testigo de algo tan ilimitado como las piernas de algunas mujeres, como algunos de nuestros sueños. El rastro de piedras usadas y las marcas de vuestros musculos marcan en gestos vuestra mirada, y yo aquí sigo buscando las palabras inexactas siempre de vuestra vida.

Qué cabrón. Y qué tipo más duro. Nada tiene que perder aquel que no quiere ganar nada. Un poquito de cerveza, algunas mujeres, horas y horas de juego. Tío. En eso es el mejor. Desde pequeño lo fue. Nos conocimos en una guerra de caballos en segundo de egb, plan antiguo, fijate si eramos pequeños. Críos apenas y nos tuvimos que mirar todos estos años cogiendo centímetros a la carrera, apilando libros, enfrentando canciones y alguna que otra vez despidiéndonos más de la cuenta. A Frontela le dio por crecer compartiendo genética y manias. Nunca, nunca, me dejó de lado en ninguna de mis caídas. Y eso que siempre he tendido a caerme. Al principio tenía una chulería innata para desmontar inteligencias a base de humor y pasotismo. Siempre ha ido sobrado en argumentos y ha tenido batallas de más y de menos hasta conseguir no encontrarse porque ni siquiera se busca. Afila los dientes y ataca por donde menos posibilidades de ganar tiene, porque le gusta perder y mantener esa sonrisa que esconde en los ojos y en la retaguardia, porque le da igual todo lo que no sea importante para él, pero como tiene un corazón tan grande como su orgullo y sus huevos el capullo simplemente hace las cosas que hace, punto, y no pidas demasiadas explicaciones. Creo que un día entendió la amistad a través de Dano, y nunca sentí celos de cosas como esta, porque de Dano hablamos los dos mucho, que es lo que tenemos que hacer. Un día montarán el Froda a medias, ese puticlub de primera donde irán la gente del cine a dejarse la pasta en sus bolsillos. Eso está por encima de ideas en una acera de la zona de garitos, llega más dentro que los litros y litros de kalimotxo gastado que han hecho falta para llegar hasta aquí, hasta este cuento de tipos duros y de miradas llenas de gestos. No hay azul más allá de los ojos de guille, inquieto moviendo los labios esperando a ver lo que me dice y cómo, porque el cómo es muy importante. A veces supongo que la brusquedad es cuestión de talento, o de estilo, quien sabe, después de la cuarta cerveza la historia es lo de menos y la complicidad es lo demás. Por eso llevo un dedo levantado en el pecho, y por eso me puedes corregir y decir que no es un dedo, es un pluma “estilográfica”. Asentiré con orgullo cuando lo hagas, tío, y pensaré en las noches detrás de una barra de Javi, tocándose la barba rollo filósofo, pensando en uno de los 17 proyectos que aun tiene para sentirse menor de edad, moviendo la nariz cuando habla y escuchando con un ahh cada vez que da un paso en la evolución de su cabeza. Ese registro diario de tener tanto camino andado que puede volver cuando quiera porque se va a ver completamente distinto, dudando a veces con si querer demasiado puede llegar a doler o lo que en verdad duele es tener que hacer el camino solo. Eso jamás, te lo digo yo. Que conozco la historia del filólogo que hacía poesías en blanco y negro y se atormentaba con música clásica de fondo. A veces se hinchaba de M o de coca, y se reía tartamudeando argumentos y a punto de explotarle en las manos tantas guerras que ha tenido que luchar. Luego tomaba las riendas de nuevo y en un seat Ibiza del 84 me enseñaba que la belleza del paisaje se basa solo en querer mirar. Se metía en un saco toda la arena de su gente, y cargaba con ella hasta el siguiente adoquín, porque “si no está debajo, tendremos que arrojarla por encima”. Eso no me lo contaron. Eso lo cuento yo. En este piano de noche suena Galán mientras Carlos fuma impaciente como si alguien fuese a quitarle el siguiente piti. Mirando para bajo de reojo no sea que alguien se fije en ello. Mirando los rastros de cerveza en la barra y meditando sobre el precio de la tristeza en los buenos momentos. Mirando una vida que no ha sido a palos sino a garrotazos, como el cuadro de goya, pero con humor negro de fondo, y mucho tabaco. Mezcla ideas de las dos próximas novelas mientras decide la camiseta que se pondrá para la jam del miércoles. Él no se da cuenta porque ya lo sabe, pero no puede dejar de pensar en frases que siempre le conducen a personajes con mucho que ganar y muy poco que perder. Me duelen los dedos cada vez que hablo con él, porque parece que fuese a reventar en mil historias incapaz como es de mantenerse a salvo de la literatura. Escribir duele, por eso me río tanto. Es optimista el cabrón. Y en cierto sentido, reteniendo la labia innata de talento que siempre le acompaña como un aura, se queda callado y bebe cerveza con brusquedad, gsus entonces entrecierra los ojos observando las paredes del garito y le entra un orgullo acorde con su humildad, traga saliva despacio, y empieza a tararear una poesía. Se mira las manos y piensa en la tierra de su tierra y en el barro de su barrio y en todas las guerras y frentes que tiene abiertos, “los llevo bien, tengo fuerzas, y la tengo a ella”. Aunque eso nunca se dice. Son tipos duros bien curtidos y con estilo. Eso no se dice. Eso se suelta, y sin pedir otra frase a cambio. A veces veo a varios de ellos juntos y pienso que el mundo está en buenas manos. O les veo dudar porque eso nos pasa a todos, les veo dudar y mirar hacia dentro para buscar la respuesta. Lo vi en mi padre hablando de su familia en siria. Lo vi en Javi cuando dejó el trabajo de soldador y tuvo que tomar decisiones. Y las tomó. A frontela, una vez, le tembló la mano jugando al poker, y perdió por verlo. Pero lo vio. quiero decir, tío, que son como guerreros nocturnos desplegados en esta puta película de humo. Guerreros nocturnos. Con edwallington borracho en el puto centro de latinoamerica, ligando con una camarera inalcanzable a esas alturas de la noche, y pensando en “un tal Mallarmé”, que a saber para quién escribía versos. A saber. Y es inevitable que a veces yo se lo pregunte a Guille escuchando a Rosendo en un futbolín de 2 defensas y 5 medios, con una katxi de motxo o un mini de cali haciendo equilibrismos en el borde del estadio, diciendo ah cada vez que le meten un gol, directo al alma, “ábreme el pecho y registra”, tenemos a “la brutal” de nuestra parte. Dani me preguntó por ti, Dani que ahora está en Frisco reescribiendo su historia que empieza con una rubia de sombrero gris, y no es mal empiece. Me dio un fuerte abrazo antes de largarse, yo estaba con Dano, que en cierto sentido ha decidido ser mi compañero de viaje en las próximas estaciones. Recuerdo que hubo un momento en Palencia, hace ya unos cuantos años, que decidimos ser amigos y desde entonces solo hemos sabido tirar palante hasta llegar al último bar abierto de Lavapiés, a un concierto de litronas y versos en el retiro, a 10000 borracheras conjuntas por cada martes en esta ciudad de putas y chinos en cada esquina. Para hacer un hogar tuve que encontrarle, y ahora que las noches vienen a regalarnos su incertidumbre nosotros nos protegemos juntos, espalda contra espalda, para que nadie pueda clavarle un puñal sin tener que clavármelo a mí primero. Tipos duros. Son mis amigos, y esto lo digo con mucho mucho cuidado. Son mis hermanos hasta donde ellos me dejen, que ojalá sea muy muy lejos. A la altura de los precipicios de Arturo, el azafato surrealista que hablaba deprisa para que le escucharas despacio, leyendo a toda ostia un relato a Silvi en un tiempo en el que la velocidad de la luz se nos antoja corta. Con Edwin descalzo pisando la tierra para sentirse raíz, y el repli/Josep besando la hierba en el mismo momento en el que todo está tan tan claro. Un tiempo en el que Ruiz me da un abrazo aunque pase demasiado tiempo sin vernos, y me pregunte por el ordenador, si está bien entre tanta mierda que le meto. Yo sonrío y le llamo para decirle tío, se me ha quedado colgado, con los escritos dentro y todo eso, él a veces se ríe al otro lado del teléfono y me manda un mensaje cada vez que el Madrid gana una liga. Tipos duros, decía, pero que a veces bajan la guardia si ven que la trinchera es segura y entonces, buf, entonces todo se llena de alma, de caricias, de una forma de vida tan honesta que yo te juro no sé cómo describírtelo, tal vez la magia, o algo que va más allá de la sensaciones y de los sentidos, rozando el abismo de todo aquello que te da fuerzas, Javi es el tio más fuerte que yo conozco, por eso supongo que fue portero de discoteca antes de ser camarero de camisa y elegancia que nos abría el garito a altas horas para llevarnos a ingenuas jovencitas con la única condición de que tirásemos las cenizas al suelo. “no me vais a manchar los ceniceros a estas horas”. Yo me reía por fuera para que se viera bien de lejos lo seguro que estaba si él estaba cerca. Entre todo esa gente que se patea la vida buscando nombres propios a las anonimidades, he tenido el privilegio de conocer a unos cuantos protagonistas de los que ahora poder contar esta historia, la de los hombres que poblaban el planeta a principios de siglo, el ejemplo de una especie perdida que mantiene el tipo por los tipos que la sostienen, los tipos más duros del planeta, los que tienen marcas en las rodillas de tanto caerse y heridas en las manos de tanto volverse a levantar, los que cargan en la espalda dos milenios de tristeza contenida y la filtran en gestos para enseñarla como si fueran poesías, son lo que queda del orgullo de una raza que de otra manera ya habría perdido su razón de ser. Ahí están, desplegándose como personajes literarios en un cuadro de Hopper, bebiendo cerveza o whisky con hielo o ron con coca cola o kalimotxo de litro o vino barato o tónica con ginebra, incluso agua, quién sabe, llenos de marcas y de cuestas y de un sudor seco que se mezcla a veces con lágrimas y otras muchas con saliva. Sé que me quedo muy lejos en este cuento que te narro a modo de testigo: lo he visto con mis propios ojos, ya te he dicho que a mí no me lo contaron. Estaba con ellos, allí, con mis amigos, aprendí a sentirme vivo, y ya no pude quitarme este nudo que entono a modo de canto, este himno por los tipos duros del planeta. Mis hermanos.

Hubo un brindis con dos vasos de vino a 50 céntimos entre Frontela y Dano. En el bar México. Palencia. Chocaron los dos vasos y uno dijo (no recuerdo quien) “porque somos amigos” y se miraron a los ojos y entendiéndose se lo bebieron de un trago.

Yo pagué aquella ronda. Me gusta contarlo.

martes 24 de marzo de 2009

play again

la de vetes de los que tendremos que arrepentirnos.
la de vetes que nos quedan.
a veces nos enamoramos de la idea del amor, otras todo se reduce a un cuerpo buscando otro cuerpo incoscientemente. lo que no has vivido es lo que te llena de dudas, supongo. todas esas vidas a las que debes renunciar porque solo tienes una, y es esta, y se esta pasando.
poco a poco, pero se está pasando.
dejarse llevar, abrir las manos, la boca, y saborear. "quedarte con lo bueno para poder asumir lo malo".
todas esas despedidas seguirán ahi hagas lo que hagas. no vas a poder evitarlo. trata de "mantener tu palabra, mantener tus promesas y mantenerte limpio".
teru teru es jugar a que buscas algo sin que los demás te vean, aunque en verdad tampoco estés buscando nada. en eso consiste el juego. en esconderte de los demás, pero con una excusa. "creía que hacerse mayor otorgaba algo más de control, por lo menos mi caso no es así, hay cosas que aun no sé decir...".
he vivido tantas veces eso de ver tu no-futuro ante tus ojos, acojonarte, y tener que tirar palante aun así, porque no hay oto modo.
porque todos andamos igual de perdidos, aunque suene pesado decirlo tanto.
hay veces que con unos ojos te vale. pero piensa que lo mismo palmas sin encontrarlos. te vas a la mierda como un secundario al que ni siquiera le cierran su historia. puede que no sea bonito. no siempre querer será poder. pero ten por seguro que sin querer no podrás.
así que la única forma de conseguirlo es mantener el pulso, las ganas, y no bajar la mirada y decir no puedo.
aunque vayas perdiendo 4-0 a 15 minutos del final.
si tocas suelo, aprovechar para rebotar. aquí todos arrastramos heridas, y también tratamos -inutilmente- de esconderlas.
teru teru.
al final quedará una historia, la tuya, que será de la forma en que quieras recordarla. ahi entra la poesía, supongo. pero ten claro que serán los actos los que digan tus palabras. serás tú ante ti mismo, sin chaleco salvavidas. y no es malo.
de algo hay que morir. o de alguien.
play again, (sigue jugando)

lunes 16 de marzo de 2009

plan de financiacion a medias

Encontré el aeropuerto que buscaba, pero perdí el avión y ahora vuelo con retraso, y tú siempre diciendo que soy más de trenes, que los tipos como yo nunca aprenderán a facturar equipajes.

Y tienes razón, joder, me cuesta soltar las maletas.

Pero es que así sin verte, pienso que nadie mejor que mi vieja colección de vaqueros para seguir adelante, ellos saben de lo que hablo cuando yo solito me guiso y me zampo planes disparatados que de verdad, lo juro y no lo digo por hacerte reir (pero si lo haces seguiré insistiendo) no sé cómo proponértelos para que me tomes en serio si un día llego y te anuncio que vamos a hacer una lluvia de palomitas subidos a la azotea de las torres kío.

Los niños abajo diciendo “mamá, caen copitos pero no son de nieve”.-

Y las madres “son de maíz, hijo, alguien ha puesto microondas en las nubes”.

Te costará comprender que precisamente lo divertido de jugar al escondite sin salir de mi cuarto es que vamos a encontrarnos siempre, y que no tenemos que desdesnudarnos para hacerlo.

Tienes un poco de vergüenza en el cuello, espera que te lo quito.

Y volverás a mirarme con cara de susto cada vez que me dé por abrir la boca: beso o mordisco, al final todos los caminan llegan a roma, “pero pasan…”.

El error de Julieta fue no chupársela a Romeo antes de darle por muerto. Ja. Solo por ver si reaccionaba. Digo. No caigamos dos veces en la misma piedra. Guiño. Una hace gracia. Dos hace daño.

Tres seguidas es una mañana perfecta, ¿no crees?
y poco a poco ir despertándonos de esta quién sabe qué adjetivo poner aquí velada juntos, perezosos de todo aquello que conlleve mirar el reloj,

jo,

qué pronto se hace tan tarde, no quiero que te tapes la espalda ni quiero que me tapes los ojos, soy un niño caprichoso con la puta eterna pregunta de siempre: con lo bien que nos sale, ¿porqué nadie nos financia el quedarnos juntos?

Ya les vale…

jueves 5 de febrero de 2009

mire donde mire

en la cara oculta de la duda recogen los escombros de la noche para que nosotros nos sintamos a salvo.
detrás de cada pelea contra nosotros mismos miramos fuera del cuadrilátero buscando su cuna
y siempre encontramos unos párpados en donde poder mojarnos las flaquezas.

mire a donde mire, solo veo mujeres luchando.

dejándose las mejillas en los adoquines, la piel en el fuego, la espalda contra la pared.
luego todos se llenan la boca con privilegios,
con derechos inmunes, con su causa de fusta
rellenan la historia con injusta crueldad de olvido,
con esa arrogancia que desprenden las farolas que se creen capaces de iluminar todo el camino rellenan su bolsa
como si jamás hubieran conocido la vergüenza.

y ellas mientras, sosteniendo los remos, siguen sin odiar las galeras, y reman.

ay qué joderse, me digo, que haya quien dude que nosotros somos los elegidos...
qué fueron ellas las que dieron el paso al frente, las que parieron los hijos
y labraron la tierra, agachadas como siempre por esa ceguera que solo tienen los monstruos que se creen fuertes
porque no han visto el infierno de cerca, ni su alma podrida haciendo chispas en la hoguera de las vanidades.

ay que joderse, me digo, que sean ellas siempre las que vengan a sostener nuestras cabezas como si no tuvieran suficiente
con mantener su propio equilibrio,
ay que joderse, insisto, que nosotros trafiquemos con el humo que sale de sus hogueras,
que presumamos de nuestros fuegos de artificio mientras reímos con aliento de hiena.

es por eso, que cada vez que puedo grito en claro femenino la palabra fuerza.
y me regocijo en los brazos firmes de mi madre.
en los sueños perdidos de todas esas que me miran de reojo para que yo no me pierda.

mientras, en la lista de espera nadie levanta la mano, y mirando para otro lado todos se cruzan de piernas,
hacen estragos, se inventan quimeras para bailar excusas
y tiemblan.
tiemblan tanto que de las manos, la cara al fin, se les cae de vergüenza.

yo sigo caminando, pero mire donde mire...

jueves 15 de enero de 2009

las reglas del juego

de qué van ahora las reglas, dime de qué van ahora que el acertijo de papel
se ha quemado en la vanidad de las lágrimas, y los pescadores de la calle amanecen encallados
a través del despertador de hielo,
con el sonido crujiente de sus barcas haciendo choc choc contra las aceras,
dime de qué van las reglas ahora que hasta los niños de las pateras coquetean con las trampas
y el ansiado cisne de las oportunidades muestra sus plumas doloridas,
sus crías muertas, su insultante apariencia de tristeza asumida.

De que van las reglas ahora que tienes las manos atadas y no te atreves a gritar por miedo
a perder la lengua, el juicio, todo lo que te ata a una vida de mierda y normalidad,
de que irán, después de todo, nuestras piernas tan cansadas de uno mismo,
tan asustadizamente aletargadas y lentas, tan desesperadamente vacías de objetivos,
a dónde pensabas llegar con tanto peso en la mirada? dime, tú que sabes bailar en los atajos de la medianoche,
que te disfrazas de fuego a la entrada de la ciudad de las farolas,
dime dónde encendiste el candil y con qué ojos pudiste mantenerte despierto,
por qué no saliste corriendo como todos, señalando a la historia como todos,

salvando el culo como todos,

por qué a ti no se te cayó la cara de vergüenza, ni los brazos de huida,
y por qué pudiste mirar el mar tranquilo si al final de la noche
habías bebido lo mismo que el resto, qué es lo que te salvó, dime,
de qué van ahora las reglas pidiendonos una parte desproporcional de privilegios,
mirandonos la espalda tan descaradamente, tan injustamente, de qué irán y
dime si te vas a volver a arrodillar
como dijiste que nunca harías, si vas a firmar todos los papeles que te echen
y vas a regocijarte en el terreno pantanoso de las justificaciones, cuentame qué harás
con el barro y el papel albal y las pesadillas, qué harás con los hemisferios opuestos de los tragaluces
de aquella buhardilla privada que decías proteger en tu cabeza,

de qué irán las reglas y qué nos podrán cambiar antes de darnos por muertos,
antes de gritar que han ganado, antes de salir con su desfile de orgullo sobre nuestras cenizas,
cómo podremos olvidar lo cerca que estuvimos de algo, cómo podremos volver a dormir tranquilos,
cómo haremos para que no se nos caiga la cara de vergënza
y los brazos de huida, dime, tú que te apuestas a la ruleta los billetes de tus hijos, dime qué haras
y cómo para no llorar por las esquinas, para volver a sonreir, para sentirte a salvo cada noche, en qué disfraz,
en qué excusa, en qué papel protagonista imaginario nos piensas meter a todos
para salvarnos de la catátrofe de que vengan las reglas y nos obliguen a mirarnos a nosotros mismos,
dime qué haras con el reflejo más allá del ángulo de incidencia, en donde te retractarás, en qué portada de qué diario
venderás tu alma al diablo por un módico precio
y te regocijarás de ello, lo publicitarás, tratarás de que todos te imitemos,

de qué irán las reglas ahora que todo tiembla a tu paso, dime, no será que acaso tu también te mueres de miedo,
no será que tú tampoco eres capaz de, que no llegas a, que no puedes con,
que ni siquiera te acercas a la mitad de lo que un día finjiste, dime,

de qué iran las reglas el día que se presenten en tu puerta con el contrato en las manos, qué harás entonces,
a quién señalarás cuando solo te quedes tú mismo, a quién gritarás cuando solo queden tus oídos,
de qué manera te arrodillarás: besarás el suelo dando las gracias por seguir vivo
o cerrarás los ojos para no ver en lo qué te has convertido, dime,
de que van las reglas ahora que vienen a jugarse el tipo por joderte bien, qué piensas hacer?
otra vez huirás entre la maleza y el fango o por una vez
te darás media vuelta y te dirás qué pasa!!

de qué irán las reglas ahora con su monserga de causa y justicia, qué querrán de nosotros ahora,
de nosotros, ahora,
que pensábamos que estabamos tan por encima de todo eso, de qué irán
y sobre todo
qué nos van a exigir a cambio?

el que no baile no pasa

cada noche loca que golpeo las paredes buscandome las tuercas al pasado
y regreso al estadio de los futbolines a jugar la partida decisiva
que vuelve a ser un abrazo con los viejos compinches de antaño, eufóricos
como solo ocurre en las grandes ciudades de provincia, hasta los huesos
entumecidos por el gyn, la cerveza, el olor a hachis que inevitablemente desprendemos
en cuanto metes la mano en nuestros bolsillos,
con el non stop music pintado en las manos, golpeándonos contra las buenas maneras
de la gente que hace cola en las barras sin tratar de ligar camareras, qué podemos hacer sino
cuando ahí fuera está la puta guerra mundial avanzando en silencio, destrozándolo todo
con esa arrogancia que solo el tiempo te quita, que solo el hombre se cree, qué hacer
sino dar vueltas alrededor de este vaso con los hielos derretidos
y pedir max madera max madera max madera
que tenemos que arder como la gente enferma a la que admiramos, como locos
confundidos bajo las estrellas, eso somos quizá, ey amigo, fuiste tú quien dijiste
"donde vas si ahí fuera solo hay gente que cree en las chimeneas,
en la contención del fuego,
donde vas si tú no estás preparado para los frenos de mano, las pedidas de auxilio,
los corchetes entre cursivas,
dónde coño vas a ir hermano, dimelo bien, porque voy a tener que seguirte
para cuidarte a lo largo de la noche, no sea que luego te vayas con los primeros labios
que te den la bienvenida, y te olvides de las veces que me cuentas
tus secretos más intimos al borde la lagrima, con el peta en tu escalera y el frío en los huesos
pero nunca en la carne.
nunca en la carne, joder."
entenderás que este alarido me salga de muy adentro de las tripas, donde se forman los vomitos
y los cortes de digestión,
donde la sangre dirige las acciones y la cabeza solo reproduce espasmos,
el síndrome cardioadictivo en las venas, la nariz esperando, los precipicios ahí, donde siempre han estado
para que nosotros les llamaramos abismo, pero tío, ahora que vemos que solo el tiempo es abismo,
que el espacio no importa, que nos movemos a través de la historia como eso que presumimos de ser:
los viajeros mochileros de la noche, los héroes anónimos que se arrancaron la etiqueta del precio
para que nadie pudiera comprarlos, los a flor de piel si la piel es un sentimiento, y las flores un regazo,
y en las pupilas de la gente que nos conoce se pueden ver nuestras botas saltando de charco en charco,
buscando el mojarse siempre, el pringarnos hasta los huevos y ser fuertes tío, porque lo aprendimos
viendonos caer, sujentandonos el uno al otro, resumidos en la historia de aquel
que nos hizo creer en la inmensidad de las personas a partir de un litro vacío,
de un librillo al que nunca se le acaban los papeles, siempre con el muelle listo para saltar
cuando usted mande, amigo, no me preguntes por objetivos si solo he traído folios en blanco, bics en el bolsillo,
(las váritas mágicas dejan todo perdido cuando se corren)
y una noche, esta, que vuelve a elegirnos para la inmortalidad.
montero tenía razon: puede cobrarse por adelantado.
así que otros tiemblen de miedo por lo que nunca serán
que nosotros bailaremos por lo que nunca podrán quitarnos.

heather brooke

Heather Brooke camina descalza sobre una hilera de sombras anónimas
que se masturban en la otra pared de la caverna.

No necesita el artificio de los pintalabios, ni las muecas osadas
de las marionetas,
ni la seda de las sábanas donde otros van a correrse.

En la feria de la carne, Heather Brooke se mueve como una princesa desnuda
dispuesta a dejar violarse a cambio de un poco de vino,
saborea el olor de su trono mientras se mece por corrientes
de saliva derretida,
de semen en proceso de ebullición.

Todos los hombres del planeta sueñan con ella cada noche de viernes,
cada noche de sábado,
cada domingo entero desde por la mañana.

En su boca abierta bullen los gritos de toda una humanidad
en el momento justo del orgasmo,
y en su garganta
sigue la fábrica de belleza tragando
y tragando
y tragando.

Heather Brooke saca su media sonrisa de hiena
y en ella pierden su fuerza la espada de todos los astros: siempre la luna más llena
fue la más deseada.

Saca su media sonrisa de hiena
y parece que diga: uy, se me ha corrido el rimel de la hadas.

un lugar por encima del nivel de la tierra

aqui las luces brillan en el suelo cada vez que llueve
y parecen estrellas a punto de brotar, los tacones de las chicas de 20
buscan su respuesta a la noche en los charcos
y las medias se rompen apuntando a un abismo improbable de lencería,
hay algunos borrachos que se sujetan como mal saben en un semáforo
que no termina de ponerse en verde
y el neón se confunde con las luciernagas,
las farolas con árboles,
las luces de los comercios cerrados siguen brillando en la lluvia y el suelo,
las sirenas van y vienen con su estrépitoso canto de jazz,
con los motores rugiendo carreteras sudadas
y una manada de claxofones desplazándose lentamente entre los silbidos
de los susurros de las putas.

aquí las paredes siguen despellajándose las pintadas y es ese sabor añejo
el que sale en las fotografías,
es esa inmisericorde sensación de tiempo la que saca lustros a las arrugas de los viejos vagabundos de debajo de los cartones,
mientras sigue la hilera de coches con ventanas tintadas
rezumando su envidioso olor a sexo en los billetes de 50 y 100.

me preguntas ¿qué ves? y te digo que aquí es el único lugar posible
para el podría ser del que todos hablan, con esas bocas abiertas,
desesperadas en la búsqueda de un grito, solo uno,
un puto grito en mitad de la noche de los aspavientos,
con todos esos monstruos saliendo de los armarios de la razón
para producir nuestros sueños,
nuestras pesadillas.

aquí es, donde el alcohol es sed y vergüenza, donde la gente que no piensa en nada
flota hasta la mínima reminiscencia de la costumbre,
donde el baile es atronador y las bailarinas tintinean electricidad con el movimiento imposible de unas caderas
que gritan revolución más alto que la sangre derramada del che sobre las converse de un punki de 15 años,
aquí, donde los músculos se comprimen hasta la arteria y sientes corrientes de tinta roja corriendo a través de ti,
pidiendo una guerra a muerte contra la vida,
sin simulacros, sin redes, sin paracaídas:
donde solo la altura de tus actos te separa los pies de la tierra.

sábado 25 de octubre de 2008

mar en calma

Te mando este beso cansado y feliz, con los pies en el suelo de otra cama distinta
en un habitación que todavía me está conociendo,
días tranquilos en los que Dano cocina en la cocina, hace alubias verdes
con jamón y patatas, y los viernes hace un puré de verduras que saca de la cazuela
cuando yo me marcho a clase.
Discute con Frontela todo el rato o, dicho de otra forma, Frontela le pica siempre
y él a veces le hace caso. Es divertido.
Yo me río, pero no de esa manera que parece que vas a explotar, al contrario,
es una risa contenida que si no controlo me emociona
y me entra un remusguillo en la garganta, como si quisiera explicar algo
muy muy importante
y no me saliera.
Luego me da igual, muevo la cabeza a un lado y se me pasa.
Lo estoy descubriendo poco a poco. Como esta habitación a mí.
Como la nueva vida que he elegido y que he elegido muy bien.
He tenido suerte. Siempre he sido un tipo afortunado. En la gente, en los lugares,
en tantos zapatos rotos y en tantas líneas de metro y en tantos en fin. Vivo al lado de la parada de autobús,
en un buen barrio, con toques de elegancia africana, huele a kebap todo el día,
a carne con curry,
creo que hasta a los besos les echan especia,
no me extrañaría viendo la mirada abierta de las chicas marroquíes.
Los viejos de toda la vida gruñen como los viejos de toda la vida.
Pero se quejan menos y su acento es mejor. Más chulo. Hay quien dice que más castizo, pero yo no.
He descubierto que la libertad está sobrevalorada. Que la felicidad también.
Pero también he descubierto que para ser feliz y libre
Hay que saber mucho y muy hasta el fondo
de la tristeza y de las jaulas.
Solo ahí es donde uno puede cerrar los ojos y ver a sus dos compañeros de viaje, sus dos viejos compañeros
que le han visto envejecer y él a ellos, y es ahí donde puedes cerrar los ojos
y decir qué carajo, algo habré hecho bien
si al final y después de tanto
tengo tanto paraíso a cuestas.
No pienso demasiado en la humildad, pero me sigue asustando
la prepotencia. El exceso de seguridad. Últimamente me río por lo bajo
de mis miedos, y cuando llega la noche me tomo una cerveza y canto la única canción de los planetas que conozco.
Soy prudente cuando hablo del destino, pero opino lo mismo que aquel día
que llovía y yo me quite el sombrero para que pudiera confundirse
con mis lágrimas.
Siempre he tenido predilección adictiva por la nostalgia
que hay en los pequeños detalles de la gente que ya no ves, ¿seguirán teniéndolos?
quién sabe… las tardes de un sábado cualquiera se han convertido en pequeños pasos que acumulo y respiro,
no me asusta el hombre del saco por lo que haya en el saco
si no porque es hombre,
y eso es tan humano que hasta las pesadillas tienen ápices de delicadeza.
En la cabeza me siguen bullendo excesos y noches, trenes que no sé dónde van
pero van a algún lugar y con eso me basta.
Muchas veces he caído en la envidia, en el poder que desprende un foco,
pero ahora que me pillo mis propias mentiras no me importa tanto,
no está tan mal tener esa mitad escondida con tus defectos,
las cosas feas que guardas,
mientras no te hagan perder todas esas manos y voces que te sostienen.
Como en el sueño de anoche: tú eras feliz y se te notaba.
Había un chico agarrándote la mano.
Sujetándote. Haciendo lo que yo no sabré hacer jamás.
Un día miraré para atrás y espero al menos, y solo espero eso,
no odiar esos sueños en los que tú eras feliz
de la mano de otro.
Porque la felicidad está sobrevalorada, pero solo en la mirada de algunas personas.
En otras es un paso más, algo cotidiano y justo.
Indescifrable.
Me da tanto pavor la injusticia que no puedo despegarme de esta defensa.
Porque hay algo que me une y me mata en cada ficha que muevo,
en cada peldaño.
Días en los que el tiempo era improbable y extraño.
Este mundo somnoliento y remix, como un disco recopilatorio de canciones para por la mañana.
Despertarse a veces es un acto de fe, otras un arrebato de ganas.
Al resto se le llama inercia: un cuerpo comienza un movimiento
y no puede frenar.
Te suena, ¿verdad?
Ya lo verás, no estamos tan equivocados

jueves 9 de octubre de 2008

garabatazos

al principio creí en algunas cosas
y creí que esas cosas eran importantes
así que luché por ellas, o con ellas, que es la mejor forma de luchar por algo.

o por alguien.

al principio me llené de sueños porque no pensaba que los sueños pudieran ser un lujo.
me llené de sueños y me dije: así, si los voy perdiendo, me quedará siempre alguno del que poder tirar.

en caso de desvanecimiento.

al principio yo no sabía de qué color eran las mentiras.
a qué sabía la rabia.
cual era el significado último de ciertas lágrimas en ciertos ojos.

ahora distingo de entre colores el gris, mastico amargura con los puños,
y he memorizado unos cuantos diccionarios de palabras
para explicar un lloro.

ya no miro tanto al cielo, pero aun resisto en caminar mirando hacia bajo.

en época de cambios, miras tus nuevas paredes y piensas que no va tan mal,
repasas los teléfonos que no usas imaginando qué sería de ti si hubieras seguido llamando.
A ratos, te buscas excusas y haces un trato contigo mismo: mirar lo bueno del camino
para poder asumir lo malo.

y extiendes las manos esperando que llueva de nuevo.
buscando el ácido pálpito de las dudas en la lengua.

al principio era un cuento lleno de planos para palacios por construir.
ahora fumo tranquilo en un piso alquilado y miro la papelera llena
de folios rotos
a garabatazos.

ni me cuesta sonreir, ni no hacerlo me hace daño.

martes 2 de septiembre de 2008

ey, camarera...

Ey, camarera de las estrellas, despierta, aun es de noche pero es una noche preciosa de esas que te encantan, despierta pero no hagas ruido, habla como yo que te hablo en voz muy baja porque es muy importante y las cosas muy importantes solo se pueden decir en voz baja. Despierta, porque me voy, y te tienes que despedir de mí, camarera de las estrellas, me voy no sé a dónde porque esa es la clase de cosas que nunca sé, no lo sabía el día que crucé la carretera y me subí a tu equipaje, cómo te reías aquel día, vaya!! Era genial y estoy seguro que seguirás riéndote sin mí, con tus ojos azules a punto de reventar, escúchame, no es necesario que digas nada, pero sí déjame que yo diga, tengo mi maleta aquí, y la he llenado de cosas más importantes que mis espejos, te dejo en tu circo pero me voy después de haber besado a la bailarina de la caja de música, después de haber llorado borracho con los payasos y haberme caído al suelo con los equilibristas, me voy porque no me puedo quedar, sería peor, sabes que yo no sirvo para eso, soy el viajero y sé recordar y ojalá supiera prepararte té helado para cuando llegases de la última función de la noche, y te diera de fumar mientras jugamos a rayuelas en tu cuerpo, ahí fuera hay gente dispuesta a eso y dispuesta a muchísimo más, no estés triste, camarera de las estrellas, así parece que fueras a llorar y si tu lloras llora todo el mundo y eso no es bueno, te lo digo yo, que he visto cosas muy tristes pero también puedo decir que yo estaba allí el día que te desnudaste frente al horizonte y no quisiste ponerte la ropa en toda la mañana, yo pensaba que era imposible que tanta belleza aguantase tanto tiempo al natural, yo pensaba que la ropa servía para mantener el secreto encanto de la piel no descubierta, yo pensaba muchas cosas que dejé de pensar en aquel momento, pero aquí estoy, hablando en voz baja y aquí estás, mirando esos columpios sin niños a las tantas de la mañana, perdona por despertarte, ha sido la noche, no he podido evitarlo, no quería despedirme de nadie, sabes que no soporto las despedidas, pero estabas aquí durmiendo y me han entrado ganas de tomar un último trago de jugo de saliva de sueños, toma, bebe, hoy soy yo el camarero, está rico y quema mucho en la garganta, como a ti te gusta, como a todos les gusta, me pasaría vidas entera viéndote beber, a veces cuando se te cae una gota, siento el vértigo que se debe sentir deslizándose por tu cuerpo hacia abajo, a veces he pedido el deseo de ser tan pequeño que pudiera caminarte la piel paso a paso, se lo pedí a 14 estrellas fugaces que pasaron la noche en que te quedaste dormida encima de mí, en el ático de la carpa, lo pedí 14 veces seguidas porque estaba convencido de que así habría más posibilidades, ya sé que los deseos no hay que decirlos porque si no no se cumplen, pero me marcho, pequeña camarera, y es injusto que trate de convencerte de que he sido feliz, de que lo soy, de que tengo que seguir el camino, y tu seguirás en el circo poniendo jugo de saliva de sueños en las latas de alambre de la gente, gracias por dejarme entrar en la carpa y ponerme aquella nariz que me hacía parecer un fandango de broma, un pellizco de bulería, yo pensaba muchas cosas, cuando lo hablamos en el sótano de las indecisiones, que tú tenías mucho frío pero te negabas a ponerte la ropa y yo hacía teorías sobre la resistencia de la belleza a las bajas temperaturas, y hablé de que las elecciones a tomar traían consigo vidas que no tendría, por eso es que me tengo que ir, y no me mires con ojos de música, sabes que enseguida me pongo a bailar, a mirarte los pies de reojo, es tarde, y en verdad tengo sueño, pero también tengo sueños que no me dejan dormir, camarera de las estrellas, qué bonito volar, ahora te miraré de lejos, cuando señales los árboles de la jaula de brillos para que abran sus ramas al final de la función, siempre silbaba esa melodía, “fight of light”, y la gente decía oh!!! a la vez y tú al principio no me creías y yo no me creía que no te hubieras dado cuenta, pero claro, luego, cuando cogiste aquel vaso y empezaste a afilar las bebidas entendí que estabas tan acostumbrada a las exclamaciones, a las caritas embelesadas, que ni te dabas cuenta de ello, te voy a echar muchísimo de menos allá donde coño sea que vaya y deja por favor de mirarme así, sabes que conmigo te apagarías, que no soy de esa clase de magos capaces de retener los suspiros, mucho menos las lágrimas, va a empezar a amanecer, mira, ves aquel horizonte helado, voy hacia allí, a la ciudad de las mil orgías, me han hablado de alijos de hierba que brotan en las piernas de algunas mujeres, quiero verlo porque la curiosidad no mató al gato, le dio 6 vidas más, y tú no estabas de acuerdo y me llevabas la contraria como de pasada, como si en el fondo no te importase darme la razón aunque no la tuviera, claro que he sido feliz, de repente un día miré a lo lejos y allí estabas con tu bandeja de piedra en la mano, haciendo un juego de ojos tan bonito que ni siquiera me atreví a hacer trampas, ni siquiera quería otra cosa que seguir allí mirándote, me ha pasado tantas veces eso que algún día maldeciré la noche por su incapacidad para detener el tiempo, cuando sea el viejo viajero seguiré fumando en las cunetas y hablándole de ti a las montañas, contaré lo de tus ojos azules a punto de reventar y serviré sucedáneos de jugo de saliva de sueños en una bandeja de piedra, la pequeña camarera de las estrellas se vestirá de luz entre el brillo de las risas de los sauces y la silvestre balada de los transeúntes, y reiremos de veras, y de veras que seremos muchísimo más que aquella fugaz explosión que ocurrió la primera vez que nos vimos, tú olías a primavera y sabías a nostalgia de vino, ¿recuerdas?, toma mi amuleto de bolaño, guárdalo en el baúl donde guardas los detalles imperfectos de la gente, llévame contigo arriba de las acrobacias, donde los mimos y los cantantes juegan a las películas, piensa en esta tierra seca que un día nos meció en sus brazos, el paisaje se ha puesto triste na más ver tus legañas, pero no lo estés porque tus legañas son algo inalcanzable y las cosas inalcanzables nos hacen mirar al cielo y así salimos siempre guapos en las fotos, gracias, camarera de las estrellas, por haberme dejado compartir este trozo de viaje contigo, no hay nada que te detenga ahora, nunca lo hubo, ni siquiera estos brazos de poca monta que alguna vez se vieron en el privilegio de sostenerte, mira la vida, está dando saltos impaciente de que la saques a pasear cada mañana, como si nadie supiera lo mucho que tienes que ver con el brillo del agua en los estanques, con los cisnes que dejan un rastro de silueta mojada tras nuestras huellas, mira la vida mirándote y dame un beso de fuerza y de hasta luego, mañana por la mañana, cuando vuelva a aparecer la gran bola por el anfiteatro del mundo, tú volverás a quitarte las legañas para volver a llenar el paisaje de rocío, y poner un algo de instinto en los rostros de la gente, yo me encenderé un pitillo, allá donde vaya, y sin mirar hacia atrás, nunca, hacia atrás, soñaré con encontrarte en las próximas luces del camino.
ciao, camarera de las estrellas,
nos veremos,
seguro.

sábado 23 de agosto de 2008

sed...bienvenidos

un día salistéis a organizar la mentira y os quedastéis con la calle,
dijisteis esto sí y esto no como si pudierais decidir qué flores eran bonitas a los ojos de todos,
opinastéis con la mano en la espalda y el cuchillo en la mano bien preparado para todos aquellos que no estaban dispuestos a daros la razón.
hicistéis que en los ojos de la buena gente creciera un álito de decepción ante la muerte natural de la magia
y luego os jactasteis de ello en páginas y páginas de historia a las que cambiasteis los adjetivos.

no esperaréis, ahora que llueve ácido sobre vuestras sonrisas, que vayamos a reiros las gracias pese a todo,
con este odio infundado después de que violaseis siglos de mujeres que se partieron el pecho por parir un niño
que no fuera como vosotros,
no esperaréis que pongamos la otra mejilla como nos enseñasteis porque todavía arrastramos vuestras pesadillas en nuestros cajones de noche,
en esta tarde de vigilia y costumbre vamos a quitar los platos de la mesa
y a comer con las manos
y a mancharos de una puta vez el mantel con nuestra comida, con vuestras sobras.

en el destino de la paredes alguien solo soñó con muros,
con dioses engreídos que no venian a nuestros cuento, que no nos hicieron felices
y sobre todo que no necesitabamos,
traficasteis con nuestros miedos hasta prohibirles el derecho de llorar por las noches,
nos hicisteis tan planos como vuestros espejos
y después nos juzgasteis por nuestras arrugas.

preguntarás ¿qué es esto? y yo puedo contestarte: un campo de tempestades.

porque detrás de cada robo en los ojos de la gente se acumularon lágrimas,
y en cada universidad que entrasteis a quemar libros, en cada calle con fusiles a la puerta,
en cada peldaño de sangre que pusisteis a la historia
hubo un testigo que no va a callarse ninguna de las costillas rotas que le partisteis,
la marca en la frente de vuestros cañones nos dibujo una mirilla en el pensamiento
y ahora os señalamos con la pluma porque su peso es mayor que el de vuestras pistolas,
usamos paletas de colores para dejar en ridiculo vuestra triste escala de grises,
bailamos con las trompetas de vuestros desfiles y nos quitamos la ropa para que os avergonceis de la sombra de vuestros uniformes.

llevo el color de la tierra en los ojos, y es por eso que puedo dudar de las raices que vendéis como bandera.
hablo, con el descaro que me da haber aprendido mirando rostros de alfombra en los vagones del metro,
la libertad de llorar a la hora que se precie me da que pensar que solo lloraréis el día en que todo esté perdido.

detrás de cada folio lleno de leyes hay un ejercito de dedos inquietos deseando llevaros la contraria,
hay un millón de resacas que olvidasteis cuando os pusisteis a especular con las mareas,
hay todo lo que pensastéis que jamás ocurriría.

en el depertar del niño solo se oirán nuestras palmas,
en el final de la noche serán nuestros gemidos lo que quede.

espero que os hayáis preparado para el olvido, porque él se ha puesto de gala
con nuestras mejores tumbas, chaqué y corbata
para recibiros.

martes 19 de agosto de 2008

grietas sin afeitar

el tono meláncolico de quien sabe a qué sabe un piano porque solo lo ha tocado con la lengua,
el cuello lleno de grietas sin afeitar,
un andar cansino como el acento de Ken Kesey
y unos ojos descoloridos que evitan las preguntas para las que no quieren saber la respuesta.

con la voz de quien ha ladrado mucho tararea
"yo sigo igual, sigo tal cual, quizás desmejorado"
y no mira demasiado para atrás
no sea que aun queden cuentas pendientes
sin pagar.

en mitad del baile es el viejo romeo el que se cae borracho
desde que no recuerda por qué se suicidó la primera vez.

sabe el día exacto en que le baja la regla, pero no recuerda su nombre.
y la llama julieta, ya que no conoce a ninguna.

"tengo el antifaz gastado, fumo mucho, y toso siempre por las mañanas.

junto a las carreteras crecerán árboles infinitos igual de grandes que una montaña
y la gente construirá sus casas en ellos, hablaremos de raices
y de tierra cuando anochezca,
masticaremos la hierba de los campos del norte
y miraremos al sur con nostalgia que es de la unica forma que se puede mirar al sur.

por supuesto que me lo he inventado, al principio quise cambiar el mundo
y luego quise vivir mi vida.
eso no es malo, al final luchas por adiccion a los golpes,
más por los recibidos que por los dados,
y te gusta el dolor del morado en la piel, el cansancio del músculo,
sentir que la sangre sigue fluyendo por dentro."

deja un billete en la barra que usa de posa vasos, y hace eses con los dedos "porque son ellos los que están borrachos".

luego bebe, y bebe, y bebe, para sentir una nueva grieta
después de cada trago,
para entender que el vacío duele, jefe, pongame otra,
se rie solo y no le importa, pero mira sus dedos
y asiente:
"qué desperdicio de eses, lo bien que quedarían en una espalda".

lunes 30 de junio de 2008

susceptible de imperfectos

en estos días de nadie la rutina sabe a multitud, la distancia es un deseo,
y no hay remite que valga cuando la correspondecia se llena de notas de suicidio propias.

inventadas, claro, a través de ese cuento que tanto me esforcé en imaginar, dibujando cicatrices sobre un personaje,
manchandole los zapatos:
poniedole un amargo de saliva en cada frase algunos errores saben mejor que muchos aciertos.

aprendí a copiar la firma de todos mis maestros para firmarme mis propios justificantes.
luego lo disfracé de ego, le puse derrotas, torcí el gesto entre palabras
y lloré unos pocos desgarros con los que poder jugar a las medallas.

tiemblo en amagos de honestidad y casi casi resuelvo mis propios interrogantes sin dar ese paso más
que me habría hecho besar la lona.

las distancias cortas se me hacen largas ahora que leo en mi alma algunas lineas de otros.
todo es un susceptible de imperfectos que empiezan con un podría ser
y acaban con un NO tan inmenso como un nido de excusas y causas.

tuve miedo del insonmio y traté de imitar algunos sueños, cuentos de babas
que cogía con alambres para llevar la sonrisa por bandera cada mañana.

puedo decir, sin tener que bajar la mirada, que aquellas pesadillas fueron mis clavos ardiendo,
y tan fuerte me aferré que aun conservo algunos callos de imitacion en la mano,
rasgos marcados en los ojos
y un estilo de desparpajo que he tratado de adaptar a todos los miedos que me corroen.

así, remarco en cada casilla el número de cada dado,
cada vez que puedo me hago trampas
y vigilo mis simulacros para cuando venga época de precipicios.

a veces asiento sin mirarte a la cara, sumergido en este mundo de barros y barrenderos
donde fingir es la única opcion posible,
donde vivir suele dejarse para otra cita.

pero es que no sé si estos huecos que le salen a los días
son rellenables de aliento
o necesarios para coger aire,
en el fondo lo que pasa es que no entiendo gran cosa
y le busco la lógica en lugar de buscarle la poesía.

lo decías con la calle vacía de fondo: "el mundo está loco,
pero tiene sus momentos..."

y yo te miraba
y tu sonreías.

jueves 12 de junio de 2008

caminorte

me voy a seguir quedando callado si me acorralas, no sé salir de los pozos sin fondo
si no es solo o a empujones, pero si preguntas qué pasa
hay algo en mí que me obliga a pensar que deberías saberlo aunque ya sé que no es así,
no puedo evitar caer del trapecio y odiar la risa de todo el mundo,
ha habido veces que me he reído con ellos
pero anoche lloré volviendo hacia casa, me sentí tan perdido que tuve que hacer el esfuerzo
de no reventar los nudillos ante el primer escaparate que tuviese un cartel de rebajas a la vista.

no sé porqué nunca termino de salir del todo y parece que siempre me voy cayendo
en los mismos escupitajos, repito palabras
y odio con tanta intensidad como otras amo, me veo incapaz de equilibrar estos deperdicios
o buscarme el optimismo de años atrás, pensando que el resto del mundo era algo relativamente cambiable
y que la ley de la gravedad se reducía a fisica incompleta que nunca podría impedirnos volar.

el caso es que no salgo de estas pesadillas, de un mural enorme como un mosaico de sueños por empezar,
piezas torcidas de algo que nunca es nuevo, siempre usado y muy mal,
hasta el cartel de se vende parece viejo
y reviento a correr para no tener las fuerzas al menos de destrozar todo lo demás.

de aquellos viajes al cielo me queda una nostalgia insufrible ante la lluvia,
el haberme conocido en momentos vacíos me hizo creer que podría atravesar el fuego
pero el fuego resultó ser mi sombra, y la mentira un principio,
y el hacer daño una forma de defensa como otra cualquira.

así, me verás dudar o mirar a otro lado, apoyándome en la pared de la parte de atrás de los recitales,
un poco cansado de la poesía, como quien ha bebido demasiado
o sabe por intuición que los más viejos del lugar saben mucho más que el diablo.

ya sé que este disfraz es distinto de lo que esperabas, ni el traje de gala ni los vaqueros rotos
te dirán mucho más que mi garganta, esta forma de huella digital que se basa en mover los dedos
y estos ojos inquietos que no encuentran paisaje fijo ni deseo variable en que confiar.
ya, siempre se me hace tarde, y vuelvo a ser ese compositor de silencios
que cierra el pico para no picar el anzuelo, lo que pasa es que soy tan torpe que caigo en mis propias trampas,
lo hago tan mal que me quejo por escalofríos de mis faltas de ganas,
para no enjaular a nadie me meto en la jaula y la cierro y luego culpo al resto
de tener que verlo todo a través de barrotes.

dicho esto, sí quería aclarar que me doy cuenta y abro los ojos y me miro en el espejo,
que puede que no sepa cómo pero al final saldré para reirme de las tardes de lluvia que me hacían llorar,
llenaré de rabia mis carcajadas y firmaré todos los te quiero que diga pese a quien pese,
y caiga quien caiga, seré de verdad y amaré por encima de todas las personas,
hasta el sueño más vulgar tendrá algo de poesía
y en las manos la piel de la serpiente nos dirá que el pecado va por dentro, que no hay vocación sino vida,
que el tiempo siempre estuvo ahí con sus soles y sus tormentas a la espera de convertirte en viejo,
es por eso que tengo miedos pero también un orgullo intratable que a veces revienta sacrilegios
y otras se esconde entre cubos de basura, no me digas que ahora no es el momento
de apagar las velas y dejarse llevar por la noche, de poner las cartas sobre la mesa
y jugar al juego en el que tú me besabas los labios por encima de mis trincheras.

será, como ha sido siempre, un camino lleno de altibajos, a saber dónde
y a saber hasta cuando,
pero mira el paisaje, esos edificios tan altos, esas ruinas de siglo XX, esa sangre de instinto animal,
mira esa gente caminando también, buscándose los pedazos entre los escombros,
bebiendo cerveza en la calle, algunos hasta gritando,
será, como ha sido siempre, un camino que costará buenos y malos ratos,
nos llenará de tantas heridas como caricias, un camino dificil de piedras y asfalto,
pero mira, será un camino
al fin y al cabo.

lunes 9 de junio de 2008

cara más cara

qué hago con todos los otros yoes que solo son cuando no estoy contigo.
qué harás con esa sonrisa que no me corresponde, que me tendré que perder para siempre.

en que momento la honestidad pasa a ser alevosía,
y con qué derecho juego a las verdades universales
en universos de mentira.

cuando el molde es imperfecto, las figuras de barro salen torcidas,
extrañas
y a veces, lo he visto, espectaculares.

me querrás por lo que tienes o por lo que querrías tener, saberlo es tan complicado
como algunos silencios incómodos, ciertas miradas persuasivas,
preguntas que no se hacen para no estropear la fogata.

cada mañana tendrás la feliz ignoracia de no pensarlo
y la desgracia ruidosa de vivir a base de instinto

y soy mío
o no soy de nadie.

los tornillos entran a rosca pero nunca a presión,
eso son las puntas y los clavos
y si no dilatas (regla numero uno del parbulario de la carne):duele.

así que vete pensando que tendremos que fabricar un pozo tan grande
como todos nuestros fondos,
entendernos por codos
y querernos sin querer demasiado más.

porque debajo del antifaz hay una cara-más-cara
que nadie ha sabido cómo quitarse todavía.

y así, desnudos, será fácil no gritar fuego!!! cuando nos estemos quemando,
pero no sabremos si es
por ese "un poquito más" que sabe a impulso de salto
o ese "un poquito menos" que sabe a pasito atrás.

pensamientos microbiológicos

cargador de pilas para esta tarde de domingo en estudio, un chute de gasolina bucal
que ojala pudiera darte en persona,
banderas en la grada para día/rutina y me pido el altavoz
para gritar gol bien alto cada vez que marques
y ser ese que chilla como un loco "prohibido venirse abajo" cuando te veas buscando el balón
entre las redes de tu portería,
me dejaré la vida en las palmas de tus bailes
y pillaré palomitas para verte en todas las pelis que te montes,
animador oficial globos en mano si te da por sacarle los colores al cielo,
seré el pesado del ¡¡¡vamos!!! cuando las cuestas cuesten más de lo que esperabas,
así
estaré con el aire a presión preparado y un botellón de oxígeno de parque
y un montón de golosinas por si el amargo del miedo hace aparición de repente,
y así
con la botella de champan en una mano y un paquete de tiritas en la otra,
con un frasco del más selecto sudor pa batallas
y un puñado de tierra por si todo se llena de oceano,
una cama intranquila donde poder esconderte o convertirte en estrella fugaz de deseos,
lo que tu quieras,
una pequeña libreta corta fuegos llena de bromas y poesías,
trampolín de tirarse a la piscina con los ojos cerrados,
el puño arriba
y un porrito en camino de tranqui que vamos a fumarnos esta tarde,
y así
un regalo sorpresa rollo chás y aparezco a tu lado,
arañazos contra la monotonía,
falta de ortografía estilo rhapsody,
lectura entre lineas de la mano,
piel donde salto al vacío y principio de universo concuerdan en genero y numero
y así
mirando tu risa
como un parbulario embobado que empieza a jugar con las letras,
con maneras de aprendiz de todo lo que se venga encima
o debajo
no podremos librarnos
de darnos la chapa y abrazos, que esta vida tiene cosas bonitas
pero qué te voy a decir
que no sepas tú ya de mis ojos.

miércoles 28 de mayo de 2008

futuro y recuerdos

fui con tanta humildad que acabé acojonandome.
aparte la confianza a un lado
y me dejé llevar por una barra que no llegaba al final de nada,
me pedí una birra

y volví a crecer de golpe dos décadas más
entendiendo que jamás podré hacer las cosas que ya no hice,
sabiendo que en cualquier momento
morir es lo más posible que te pueda pasar
y entonces ya no pasará nada.

me picó, cuando yo no miraba, el puto "virus del miedo"
y durante horas, días, incluso semanas
estuvo inyectándome sin que me diera cuenta
esa mezcla de cobardía y ceguera que te machaca las sueños
hasta hacerlos pic adillo de pesadillas.

respiro profundo y trato de leerme la mente
a ver si por lo menos yo me entiendo
antes de que quejarme de que nadie me entiende.

sí, soy (creo) el tipo ese que decía que podría cambiar el mundo
pero ahora, con el futuro cambiado,
voy aniquilandome deseos no rotos
para que nadie puede romperme del todo cuando bajo la guardia.

me he convertido en mi propio guardaspaldas
experto en salidas de emergencia.

la velocidad así es un peligro, correr riesgos una osadía,
vivir de tonterías ya no se lleva,
me cuesta dejarme caer en algunos bares
y he hecho un escaparate de palabras donde escribo la firma
con más interés que un poema.

dejar de seguir principios para no parecer equivocado.

pero hasta cuando,
porque tendré que aprender a leerme entre líneas,
dejarme llevar hasta ese siempre que nunca busqué,
olvidarme del después del después de las cosas
y centrarme en todos los antes que todavía me quedan.

envejecer es pa viejos, y la cuerda más tensa es la que mejor sujeta.

aprieto el paso, me engaño para convencerme,
los malos baches pasan igual de rápido que los buenos,
puedo digerir esta vida y empezar a decir las cosas
en lugar de arrepntirme por adelantado de no haberlas dicho.

tengo el plan de vuelo en las manos
y en cuaquier momento saltaré por la borda:
hay océanos de aire
y tardes llenas de agua
esperándome puñal en la mano,
libertad en la otra,
a la vuelta de una esquina que amasije futuro y recuerdos
entre los sueños
húmedos
de mi retina.

viernes 16 de mayo de 2008

sueños de mundo

la gente es presiosa cuando no presta atención.
y se insimisman, absortos ellos, en una media sonrisa que no termina de salir.

parece un juego en donde nadie gana
para que así nadie pierda.

los detalles son pequeños gestos diarios que guardan la lucidez
de encenderse un cigarro
y expulsar el humo.

o una conversación en la otra vía del metro
con la cuenta atrás de una máquina que se acerca para separarnos.

nos alejamos en mitad del tumulto, y nadie se fija
en que parpadeas de una forma que pareces enamorada,
o el peruano de la esquina se abstrae quemando hachís en su mano
y hablando solo, por un momento, como si estuviera en su tierra.
¿dónde va a estar si no?


la ciudad crece a través de nosotros,
y se llena de cuestas que nos obligan a tocar la paredes
para sentir nostalgia.

como te dije aquel día: en el fondo también hay superficie,

y la forma de chascar tus dedos
mientras miras, quien sabe si un trozo de vértigo mojado en las piernas
o el susurro de aire que te frota los oídos.

simplemente, te echo de menos.

y por eso miro a toda esta gente, es preciosa,
con sus bolsillos vacíos pidiendo arena entre los adoquines de una lluvia de mayo.

no puedo decirte más
que esta caricia de nada que se queda en mis manos esperando que llegues,

y hay ruido de fondo
y nunca hace frío

y tu puedes llamarte viernes, o como quieras,
mientras se hace de noche y espasmo, busco un mechero

y el mundo
sueña.


jueves 8 de mayo de 2008

excusas y partos

"si ves que se me va la olla
déjala marchar,
ella también tiene que seguir su camino"

si es que yo solo río de vez en cuando, y muchas veces ni así me sale, se me va la mirada, de verdá, y de repente
ya estoy otra vez rumbo sureste, en diagonal y hacia abajo,
y soy fuerte aunque a veces me hago el blando,
cojeo tanto de tantos pies que me verás y te equivocarás conmigo,
no sabrás si es que voy haciendo eses o es que voy por la vida bailando:
del bailarín al borracho hay una copa de más o una mujer de menos,
tampoco pretendo animar este patio privado de gala,
tampoco pretendo nada,
pero algunos días me salen muy caros
y algunas fantasías solo se cumplen en otros sueños
o en los sueños de otros.

joder, de pedazos rotos no hay nada especial que saber, aquí todos lloramos, ¿no?
mierda si no sabes lo que es, y tanta seguridad de futuro
a mi me da chamusquina, ganas de vomitar, knock out en lista de espera,
pero a veces puedo soltar un triunfo
y ganar una mano, y aun así tampoco verás estridencias más allá de pedir una cerveza
o pedir más cartas, porque voy a seguir jugando.

todo es cuestión de sudar, pero hace tiempo que cambié
una opción de peldaño
por esta escalera en espiral que me deja caer hasta donde no se puede beber más.
textraño. pero no tengas piedad, siempre hemos sido mejores malos
que guapos de la película.

como decía el estribillo de la canción que nunca escribiré:
ni todo va tan bien
ni nada va tan mal.

en el medio, donde fatiga y delirio fuman hachis en mi cabeza,
donde te digo que ando cansado de no hacer nada,
que hablo menos de lo que hablo porque a veces las cosas
son todavía más estupidas si las dices en voz alta,
en medio, justo donde caigo con mis miedos (siempre mis absurdos miedos, eh?),
donde no me tiembla la mano pero sí la voz, y me parezco
a una justificación de mi mismo saldando cuentas (vayase a tomar por el culo, señor freud) con un puto pasado
que me trae a colación sentimientos y deudas,
cheques en blanco, cartas marcadas,
y una colección de excusas y partos que me han llevado
a poder decir con la boca pequeña
y los huevos bien hinchados:
soy lo que soy
y hago lo que hago.

miércoles 30 de abril de 2008

comparativa de presagios

aquella tarde cerré los ojos en la hierba para esperarte.
me tumbé al sol
y en ese momento de espera
olvidé el mismo final que siempre le pongo a mis cuentos,
las heridas que aun teniendo cicatriz por encima siguen bien dentro sangrandome,
olvidé este miedo absurdo a la muerte
y mi vieja colección de semillas de incertidumbres aun por plantar,
olvidé, y me daba igual, las mentiras con forma de motivo que siempre digo en voz alta,
los tembleques de piernas,
esta duda irrazonable de estar vivo,
todos los cartuchos vacíos que colecciono de disparos hechos al aire
y olvidé, en mi sala de hierba y espera, todo un futuro improbable del que siempre desconfío.

ya lo he dicho, aquella tarde me tumbé al sol, cerré los ojos,
y esperé a que llegases
con ese presagio impalpable que son tus labios atacandome por la espalda.

tumbado aquí en esta tarde, con la casa vacía
y todo demasiado solo,
cierro los ojos y trato de convertir estas sábanas sucias de mí
en pedazos de hierba a medias.

y lo unico que se acerca
es el mismo final que siempre le pongo a mis cuentos,
las heridas que aun teniendo cicatriz por encima siguen bien dentro sangrándome,
este miedo absurdo a la muerte,
mi vieja colección de semillas de incertidumbres aun por plantar,
se acercan rápido y no da igual, las mentiras con forma de motivo que siempre digo en voz alta,
los tembleques de piernas,
esta duda irrazonable de estar vivo,
todos los cartuchos vacíos que colecciono de disparos hechos al aire
y se acerca, en esta cama de soledad y mierda, un futuro improbable del que siempre desconfío.

lo que se acerca

es la ausencia de un contigo
que se parece a un sin mí tan grande
que busco tus labios atacandome por la espalda
y solo encuentro un presagio marchito
deshojándose.

domingo 27 de abril de 2008

rasguños y cicatrices

reescribo día a día el mismo poema, empiezo de cero y sueno parecido casi siempre.
de serie solo me vienen las dudas, un principio de incertidumbre apto para todas las cosas que no pretendo,
y la seguridad de que no hay muchas cosas a las que aspirar
pero las pocas que hay merecen mucho las penas.

describo una y otra vez el mismo paisaje, memorizo palabras impresas,
y me cito a ciegas a ver si me encuentro algo nuevo.
y aun así, esto sí lo aseguro, jamás te hablaré dos veces de una primera vez,
ni inventaré presagios absurdos que ni yo mismo entienda,
ni apostaré mis ideas con el nombre de otro.

aunque me veas cocinar siempre lo mismo, yo trataré de cambiar un poquito las especias.

mancho paginas y piel a cada paso, me voy conociendo mejor según va bajando el sol porque se está agrandando mi sombra,
no busco otro sabor más allá de saber que sigo vivo,
a veces hablo de rasguños,
otras de cicatrices.

y disculpa si no puedo mirarte a los ojos, pero es que soy de esos
que tienen que mirar las teclas que pulsan para saber lo que escriben.

lunes 21 de abril de 2008

rebajones

la indiferencia es causal si no persigues ningun tesoro,
o si todos los problemas que tienes en realidad
te dan igual,
y sientes envidia ajena de las preocupaciones,
tratas de pasar por un poco normal
y no sonríes a nadie para que vean al menos que, de una manera rutinaria, tu también te estás muriendo.

es muy posible que todos esos disfraces cotidianos después de la ducha
solo sean merchadising de estilo propio.

el primer producto en venta eres tú, así que procura regalarte.
en cuanto cifras la cifra en que piensas venderte, habrá alguien dispuesto a comprarte.

un día te tropiezas contigo mismo en un escaparate
y solo piensas: ni en rebajas lo compraría.

y te aferras bien a la etiqueta del precio
no vaya a ser que te la roben.

domingo 20 de abril de 2008

cambio de planes

ando al borde de los equilibrios en la suma de tenerte y darte un pellizco
para saber que es verdad,
que existes en serio y eres capaz de sostener toda una realidad a tu antojo
y es este nunca mirar hacia atrás cuando te tengo delante,
este deslizo primavera en tu espalda,
esta manía mía de no acostumbrarme a verte inmiscuida en mi mundo
que lo transforma todo y todo se parece a la poesía
y los viejos de la linea 5
y los vecinos del ascensor de la sexta
y los mendigos de la plaza de opera
saben pero que muy bien de lo que hablo
y desde aqui te digo que me voy a especializar en tus relampagos
y me voy a intranquilizar en cada nueva cita, y te voy a probar
"a la manera en que los panaderos prueban el pan, es decir, con la boca"
hasta que todo esté tan borroso como mis ojos de 5 de la mañana
y vuelvan los garabatos a mezclarse en tu risa
y mi cama no sepa dónde meterse:
te cogeré en brazos
y por un instante cerraré los ojos para siempre
y hablaré en voz muy baja de la eternidad,
de los suspiros que me callo cada vez que me besas,
que a estas alturas de curso solo aspiro a mirarte de reojo en los examenes,
a escribirte tonterías en los apuntes,
a dejar trocitos de mis desastres en tus bolsillos,
nos pringaremos de chubasco
y entonces comprarás golosinas y yo solo te diré: a ver quién es más dulce!!!
te beberás un oceano de mis miedos en un vasito de agua que pondré en la mesilla cada noche,
tendré que despertarte por la mañana, lo siento, pero es que
dormir contigo es más excitante que cualquiera de mis sueños,
quiero este aquelarre de humo, este complot de elegías,
quiero en verdad cada sombra y cada despiste,
tus medias sonrisas,
este no saber qué hacer ni dónde, pero contigo,
no te vayas demasiado lejos porque puedo mover un planeta para encontrarte,
no me importan los continentes si tu eres el contenido,
y espero que a ti no te importen las confidencias,
los atracos a beso o muerte,
todo lo que se mueve en un sigilo,
voy a pasar mis brazos por tus hombros cuando vayamos al cine,
voy a discutir contigo sobre el final de cada pelicula,
sobre el principio de nuestra historia,
voy a abrir las ventanas de par en par para que entres en mi vida de la unica forma que sabes: volando.
no voy a dejarte en paz ni por todas las guerras del mundo
y también, has de saberlo, serás libertad vestida de sábado
en azul claro sonido mar de vaivén en tus ojos,
mira: yo no sé exactamente qué es lo que haces
pero desde que lo haces
todo es maravilloso.

miércoles 16 de abril de 2008

respirar sol

respirar sol, besarte.

cualquiera sale a la calle buscando derrotas,
buscando niños jugando a la pelota en el parque,
o tal vez este aspirar con fuerza este aire tan naturalmente puro
que vergüenza da compararlo con el humo de ayer por la tarde,
los dos desnudos, mi habitación y aquel paisaje de juegos
entre páginas de poesía
y tus ojos.

me quedé con tus labios sabiendo a cerveza
y mis manos inquietas sin saber dónde buscarte.

cualquiera es lunes lleno de trozos pero ninguno sabe
que hay un paréntesis
de casualidades vistiendose de ti un viernes de borrachera y noche,
ninguno sabe que tú puedes deshacer todos los nudos,
incluidos los de la garganta.

libre y suave, como una corchea bailando tu nombre en un pentagrama.

así suenas: a intuición que viaja de detalle en detalle.

mira mis sabanas, son un poco como el resto de mis cosas, tan confusas
que ellas siguen esperándote.
antes que cambiarme de vida te dije que cambiaría de traje,
pero mentía.
no había visto todavía las señales de humo en el aire,
y en el fondo, ¿quién sabe quién será el responsable de tanto principio roto?

dejo el futuro en un lápiz, por si quieres borrar algo.
y un espacio en blanco bien grande para todos tus margenes de movimiento,
tus monstruos en el armario,
tus secretos de fabricación,
tus canciones preferidas
y por supuesto,
tus intimidades.

de los sueños no me fío por irresponsables
y de tanto tropezarme ha dejado de asustarme el suelo,
por eso es que puedo confesarme en tus ojos
sin que mi mierda manche el azul de tus lágrimas.

"no era nada, pero parecía todo"
equivocarme siempre está entre mis planes, pero no tengo ningún miedo a hacerlo.

dicho esto,
puede ser que una vez en el camino, algo falle.
no lo sé.
a mirar he aprendido mirándote
y no me queda sudor de ayer, pero sí ganas de mañana.

así que mejor no te prometo nada
que no sea
respirar sol, y besarte.

miércoles 2 de abril de 2008

of course

suelen mantenerse como siluetas inquietas en la retaguardia,
almacenan fuerzas para las caídas del resto,
tiemblan sujetando las cervezas cuando viene el temporal de rebajas,
saben cómo combatir el frío
y dominar el fuego
y liar laberintos de deseos entre sus piernas,

he visto a muchos
y muy buenos, a los mejores,
babear inviernos entre sus brazos,
deshacerse como gotas de hielo arañadas por las caricias de unos ojos
(qué desnudos estamos ante ciertas armas)
capaces ellos de tumbar ejercitos de rutina en un instante.

son el otro lado de la marea,
lo que llena de empuje la arena
y mantiene la resaca para que todos recuerden.

son un poquito guerrilla
y un completo de guerra: no entienden de banderas blancas,
olvidan enseguida las treguas
y les da lo mismo dirigir un abismo
que timonar barquitos con velas de cera.

una vez aprendí que hay un sitio con el que todos los caminos sueñan.
un horizonte llamado destino.
una meta tan inalcanzable como saber que después de un roce de aliento
no hay mucho más a lo que poder aspirar: una constelación de pecas,
un museo de fuegos e imperfecciones,
un lugar
donde todo lo que tienes se basa tan solo en todo lo que das
y en donde todo lo que pierdes a cambio
te da
completisimamente igual.

ellas, claro.

pero qué coño os voy a contar...


por