martes, 8 de abril de 2014

Nadie que ha visto el fuego desmiente la luz
nadie ha dejado de temblar por una respuesta sin balas
o se ha dormido porque quisiera soñar
nadie que crea en los sueños
nadie que los crea
 nadie deja su espada en el alfeizar para contar a los animales que no va a matar
nadie que no sea una asesino deja una página en blanco después del sudor
nadie sabe
nadie contesta…

Este es el cóctel de los últimos días. El recuerdo de una sola conversación a metro y medio del suelo. Mi abuela preguntaba: quién es. Y yo le decía: mi chica, abuela, mi chica. Y aunque no es mía, es a la que quiero. Cuidar. La que me cuida. Ella.

Supongo que al principio fueron tus ojos cielo y los míos tierra, y los dos niños de primavera y viaje, que los dos cosechábamos hierba de paisaje y mar manchando sábanas y encontrando calor, supongo que después fue el refugio de manos agarradas como si el futuro y todo eso que se supone ya sabes pero nunca nadie y sin embargo, lo que más he echado de menos desde la huida (cuando yo suponía ciudades donde uno pudiera derrumbarse de alcohol y tú y yo no existiéramos) ha sido tu voz caricia y tu voz perdón, tu voz de sílabas y musicales abanicando el silencio estremecedor de este horror a solas, de este quién soy a cuestas, de este voy a andar hasta la última piedra o correr hasta reventarme, de este impuesto cansancio de ojeras que ha sido el desnudo y la vergüenza del error repetido y ninguna respuesta, soy lo que soy y aquí estoy, otra vez, buscándote.

Entre la niebla los gritos parecían un rock&roll, la muchedumbre de una fiesta que huía, las represalias de una partitura maltrecha. Sólo hicieron falta 3 llamadas seguidas para despertarme. 2 de mi madre y una de mi hermana. Para contarme que la niña de la casa había dejado de olvidarnos para olvidarse. De ella misma.
Me cago en Dios. Fueron mis únicas palabras.

A cuánto está la lágrima en este pozo, señor, a cuánto el dolor de frío, a cuánto rebajas el olvido ahora que nadie canturrea en la mesa de familia, que no hay reinas en la baraja, que la partida es un as de guillotinas en la manga y todos buscan en la oración un recuerdo que les salve. De ellos mismos.
Me acurruco en la voz de mi madre que vuelve una y otra vez a susurrarme aquello de: tranquilo, Escandar, tranquilo…

He soñado que el amor me apretaba la garganta y me he acordado de aquel primer beso en Alcalá de Henares. Hasta asfixiarme. Luego he imaginado un ejército de desastres contra los que no podía hacer nada y al vomitarte he asimilado que no hay derecho de lágrima para los cobardes. Así que he llorado, para sentirme todavía más injusto. Todavida más culpable.

Sólo hay que posarlo sobra unas tablas de madera. Rodearlo de los extremos con una cuerda. Levantarlo entre cuatro y dejar que se vaya posando bajo la tierra. Taparlo con unos ladrillos. Ponerle cemento encima. Y con la misma cuerda, colocar después la lápida. Qué extraña sensación la de estar vivo cuando estás enterrando a tus muertos. Qué sencilla contradicción.

Nacer en un rincón de castilla y acurrucarse. Dedicarse al cuidado casero, al manejo cotidiano, a la caricia diaria. Enhebrar al tacto las agujas de un ovillo en descomposición. Vivir al margen sin premios ni represalias en un mundo cada vez más y más grande hasta que poco a poco el sollozo sea la única adaptación posible, la voz apagada del televisor y los quehaceres de una vida que pasa. Deprisa y en otra dirección. Mi abuela camina por el pasillo. Tiene el frío de siempre, las manos heladas, y ni sabe dónde está ni hacia dónde se dirige. Mi abuela camina a tientas, encogida y desgastada, apoyándose en paredes que no reconoce, incapaz de calcular su edad, de decir mi nombre, de entender nada. Y es en esa soledad que detiene la cojera que la sostiene para preguntar: ¿a dónde voy? Y le da igual la respuesta, porque es la misma de siempre: a casa, abuela, a casa. 

Tus pies descalzos que yo besaba con timidez, tus pequeñas manos de curar heridas, tus labios de amor y mamada, tus mejillas rosadas y tu espalda constelación. Cada detalle insignificante, cada discusión de cada viaje al fin del mundo empezando en ti… tengo tantas maneras de hacerme daño recordándote y me importa tan poco el dolor.
Qué me haces. Qué no.

Una casa con 6 camas vacías. Dos salones. Dos baños y una cocina enorme. Mis padres teniendo la intimidad que nunca tuvieron. Y 3 fantasmas que se aparecen como en sueños. Cojean. Te abrazan. Y te echan la bronca porque no entienden el mundo que no les toca. 3 fantasmas con arrugas y canciones. Con un silencio enorme de tiempo en retirada. 3 fantasmas como ángeles de la guarda, cuidándonos, ayudándonos a ser mejores. 3 fantasmas. Cada noche.

Normal sentirse vacío si me llené de ruido y pérdidas, si ciego de libertad me alojé en la excusa de una vida de imposibles posibilidades, si no tuve la dedicación ni la paciencia, si olvidé la educación y los principios, si asumí la traición como un oficio propicio para el desgaste, un adicto a la erosión, un tramposo refugiado de alcohol y sangre. Ajena.
Al menos puedo decir que te vi reír cuando nadie te miraba.
Y que el amor no estaba hecho de palabras.
Sino de ti.
Gracias.

Con los pies descalzos y llenos de arena. Con los dedos torcidos por los zapatos apretados del pasado siglo. Arrugados y con marcas. Caminan por la playa como nunca las vi. Las tres. Llevan las mismas arrugas y las mismas canas. Los mismos ojos llenos de grietas que no cerré. Pasean, mojándose los pies en un mar que se detiene ante su belleza. La de ellas. Mis fantasmas. Es tanta su bondad que con un solo aire de su boca se me llenan de fuerzas las ganas. Pórtate bien, me dicen una y otra vez. Sé bueno, por favor, me insisten. Traen la frescura de un cálido regazo para el dolor. Huelen a eternidad y tararean una canción de cura:
por los ríos de los ríos, amar.

No hay derrotas en las que encontrarte ni freno que pisar, ya no hay nadie en la contra ni terror en la pelea, ya no hay drogas ni piedad.
Bienvenido al desastre. Ponte incómodo. Y deja de rendirte ante las cuentas.
El amor no es  una deuda de víctimas y culpables.
El amor tiene muchos sentidos y solo una dirección.
De ida. Pero no de vuelta.

Allá voy.

sábado, 8 de marzo de 2014

Siento adicción por lo imprevisible
la inestabilidad
y los errores innecesarios,
me atrae como un imán el óxido cascado de la incertidumbre agrietándose como una pared venida abajo,
siento necesidad de muchos algos y ningún alguien
y de que la tristeza sólo sea un disfraz, mi traje de superhéroe a la contra,
siento cada nadie con el que te busqué
y cada lo siento que dije de más hasta quemarlos.
De verdad.
¿No me viste buscar el amor entre las cenizas?

Ahora bailo bajo este diluvio de letras
y no sé si lo que hago es desahogarme
o quizás
todo lo contrario.
Estoy pataleando en mitad de una marejada de palabras,
alejándome de cualquiera de los ojos salvavidas
que tratan de tirar de mí hacia arriba sin dejarme tocar el fondo
con el que soñaba cuando te dije: sin ti, mi vida, no voy a ser feliz, pero contigo no puedo ser libre.
Tan poco.

Normal que no me reconozcas en modo triste.
Contigo nunca lo fui.
Las dos puertas abiertas de las que hablaba Benjamín Prado.
Y toda esa mierda.

No hay nada que pueda añadir al listado de excusas desnumeradas con las que he construido este desorden.
Welcome home, le digo a las dudas cada noche. Y las abrazo como si el frío estuviera de mi lado: perdido y por goleada.

Pero mira, cómo beben.
Tengo ojeras de viento y una férrea sed de querer lo que nunca tuve mientras duermo pensando en lo que una vez sí,
los bolsillos y la arena, ya me sabes, nunca salgo de mis 4 metáforas de mierda
para poder llamarlas cárcel
y sin embargo, te lo juro, aunque sólo sea por un instante, descubro la libertad en un baño
y ni siquiera me corro sobre tu cara.

No sé qué coño estoy buscando

pero sigo prefiriendo llorar sólo.

domingo, 9 de febrero de 2014

A ver
cuántos otros de nosotros niños
seremos capaces de disfraz
o máscara de: lo que no es la ostia tampoco hace daño.

Metemos a todos en el mismo saco,
les imponemos sus preguntas
y les obligamos a memorizar nuestras respuestas.

Educación, lo llamamos.
Y la hacemos obligatoria.

Más que evolución o futuro
a mí me parece
un teléfono
escacharrado.

Pero sigamos jugando.
A ver.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Una noche
con el amor y la borrachera
vomité
un sueño
 y todos los que brindaban
conmigo
los bailarines de la traviesía
se pusieron a darle de beber
con esa sed
de los bebés recién nacidos
le regaron
con el sudor de la poesía en combustión
le calentaron
con un abrigo de pieles sin maceta
hasta hacer de infinitos su desnudez
y le pusieron caminos
y cimientos
le habitaron de jardines
y de selvas
y le quitaron
los techos
las cuerdas
y la red
para que el desequilibrio nunca fuera
un miedo sin segunda vez
le anudaron una lanzadera de anhelos
y trampolines sin vértigo
a no estar a la altura
lo pulieron
y lo afilaron
hasta que fue puñal
y puño
hasta que del suelo brotó en delirios
cargados de fuerza
hasta que el fuego les calentó las manos
y las ideas se llenaron de golpe
sobre la mesa
y los vasos
sobre todo los vasos
esos sí que se llenaron
hasta el desborde de los precipicios
y entonces
mi sueño
ya para siempre
valiente y con la fuerza
de mil párpados abriéndose
subió la verja
y dijo:

podrán cerrar todos los bares
pero no podrán detener la borrachera.

martes, 28 de enero de 2014

Se entendían a las mil maravillas en punto
cuando ningún paraguas se atreve a salir
ellos quedaban desnudos y con lluvia
para decirse aquello de que el día menos pensado
podría ser este
¿no?
¿de qué mítica tarde traes esa sonrisa?
estás empapada joder estás preciosa
pasa, no te quedes ahí como si llegaras tardes de vergüenza
y te importara, caray, llevo unos últimos días de cielos despejados
y de mar,
imposible así no pensar en tus ojos, claro,
y en que todavía podemos jugar a las protestas y quedarnos por vicio,
todavía tenemos algo de hierba en nuestra sonrisa de asfalto,
ya me entiendes…

Y claro que le entendía, es lo primero que he dicho.


jueves, 23 de enero de 2014

duele a sangre y no soy sólo yo, ¿no?


Creo que a veces acorazamos de miedos las paredes de nuestro refugio
e incrustados  de caparazones
nos defendemos encerrándonos tras una libertad de jaulas,
el mundo visto  
desde una ventana cada vez más pequeña,
un puntito en la pared,
hasta que terminas por cerrar los ojos,
por apagarte
quería decir:  no vemos,
sentimos
ni odiamos siquiera.
Es lo que tenemos lo que nos hace inabarcables: nada.
Y sin embargo
seguimos llenando de plumas el colchón donde caernos.
Acomodándonos las caídas
y suavizando el suelo.
Hasta que un día digamos: para qué levantarse
con los bien que se está aquí tumbado.

No sé, yo también estoy asustado.

Pero creo que en la libertad todos somos prófugos de nuestros deseos
como en aquel lugar al que todo el mundo llegaba sin saber cómo
y salía corriendo sin saber porqué:
es de huidas de lo que se alimenta,
como estrellas tras el delirio
ruge de insatisfacciones en la carrera,
se vanagloria de la velocidad en nuestros sueños
y cuando estos se van por cualquier sumidero, una noche de lluvia,
nos deja así como con el cigarro mojado
y algunas monedas en los bolsillos, tampoco muchas,
como deseando aquella cama de lágrimas que un día lloraste
para caídas así: estúpidas
desacordes
¿cobardes? Dilo.

Cárceles de cóleras inventadas nos detienen,
la inservible soledad del buen gusto,
el alma abucheada en los fabricantes de comodidades,
sumisa de tristeza y acorralada de humanidad
precisamente
fue la condena al error con lo que nos derrotaron.

Qué queréis hacer, pero hacer de verdad, qué queremos
con todo nuestra insaciedad y hasta mancharnos
hundirnos
y seguir escarvando
qué queremos
decid algo gritad
alguien
que el nombre de este dolor no se escribirá en vano,
que servirá aunque sólo sea para secar una gota de sudor en la próxima guerra,
 sea esta el pan o el amor, el pecado o la sangre. 

Pero que sea.


Disculpa  si no te escucho, un alarido de monstruos empapa mi coraza. 

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pues en un rato, apenas unas horas, a la 13:00 hemos quedao, en donde los casimiros, cogemos el coche de marcus, hacemos trasbordo al mío, que era el suyo antes, y tiramos con todo el equipo (salem, marcus, sha y javi -isaaaaaaaaaaaa, jo.-( pa granada. eso el viernes. mañana. en un rato, como he dicho. destino "la tertulia". a las 22:00. a confesar y dar la chapa. a afilar borracheras. thanks Pablo.
y el sábado murcia, a la puerta falsa. the return. a las 20:00. la última vez que estuve por murcia no solo fui a un after, sino que supe volver. y a eso vamos.


miércoles, 15 de enero de 2014

Qué sonrisa tenías
que haberte visto.
Desnuda.

Era lo único que llevabas
puesto.
Aparte de mí,
que estaba hasta el culo.

El tuyo,
quiero decir. 

lunes, 13 de enero de 2014

Un mar bajo el suelo

El sábado tuve el honor y la responsabilidad de presentar a uno de esos compañeros de viaje que siempre te dan fuego cuando más frío hace. Ha publicado un libro que se llama "un mar bajo el suelo", y me pidió que saliera a decir algo antes que él. No iba a subirlo por aquí, pero algunas personas me lo han pedido, y bueno, nunca está de más compartir, aunque sea en diferido, todo lo que le quise decir y le dije la otra noche en directo.

 "Presentar el pasado de un creador de futuros es como pintar de rojo la huella de labios de un beso que no has recibido.
Todavía.
Pero Marcus es un poco así. No sigue del todo los pasos. Primero logra imposibles y después los sueña, de la misma manera que un día dijo creo en la poesía por ti, y luego se puso a crearla. Para todos. 
Porque vio que el oleaje que lleva dentro no hay silencio que lo contenga, quizá, o porque de vez en cuanto uno tiene que dar un puñetazo en la mesa y sentirse en calma, vomitar, jugar a los látigos sin domesticar el lado más salvaje de sus naufragios y respirar, en voz alta, birra en mano, y la mente en unos ojos azul en calma de esos que te mecen cuando te crees ahogado, de esos que te sacan los fantasmas de encima y te los cuidan hasta que tú decidas lo que vas a hacer con ellos, de esos que dices: la vida o la nada. De esos. Que enganchan, te sostienen. Te salvan.

Hará un par de meses, cuando estuvimos en Barna y él salió delante de mí con este puñado de papeles que por entonces no estaban encuadernados y se fue desgajando con esa seriedad en la risa y esas bromas que le pone a las cosas serias, y se fue desnudando o rompiéndose (a veces no es tanta la diferencia) recuerdo que le dije, ya después birra mediante, que había sentido la persona que ahora es a través de todos los pasados que le trajeron hasta aquí, que ese mar del que habla en verdad es un camino, yo diría que casi de asfalto, por el que ha tenido que luchar dejándose articulaciones, oportunidades, paisajes y algún regazo para traer consigo una mochila, sólo una mochila, llena de principios y ningún final, porque sabe que eso no existe. Levanta la corteza, anda, y sigue hurgando, nos dice. Cada fondo que tocas, es sólo una superficie más.
¿A cuántos metros de profundidad tendrás que haber buceado para encontrar el tesoro de todos estos sentimientos? Me pregunto.

Así te imaginé en este libro: reflejado frente al vaho helado de un cristal roto, cabizbajo y quitándote el abrigo, desabrochándote los botones, bajándote la bragueta, tarareando un jazz intranquilo y sonriendo, sonriendo de fidelidad a ti mismo como una hoguera en mitad de la noche. A punto de soltar un chiste en el que sólo dices: poesía. Y el humo sale de tu boca mientras tú te ríes, y yo, que te leía, me contenía las ganas de llorar.
Espero que entiendas lo que trato de decirte.

Un mar bajo el suelo es una isla de asfalto, una carretera de agua, un desierto de hierba. Ese vestido de arena llamado tiempo ha dado, como cantaba extremo, una patada al reloj, y ha decidido que la desnudez es sólo el principio, que aquí se viene a dar la cara, dejarse los huevos y exprimirse el alma.
De nada sirven las heridas si no. Y no seré yo quien te lleve la contraria. Te he visto mirar hacia abajo como un héroe achicando el agua de sus derrotas y remar sudando contra el viento en popa con esa seguridad de quien está lleno de dudas.  Sé que sabes de lo que hablas, porque no solo me lo has contado, te he visto yo. Empapado hasta el cuello de honestidad, pintarrajandote de diques a manantiales, vaciándote hasta llenar el vaso y brindar.  

Han sido muchos kilómetros a la espalda, muchísimos caminos de ida, tantísimos tigres liberados, que normal que ahora muestres los brazos cansados, tu sonrisa de quizá, y esa voluntad de derrape en cada curva, despeinado y lleno de vientos como quien se ha buscado hasta las últimas consecuencias, error a error, miedo a miedo, escarbando  hasta el lugar más negro en tu búsqueda de la luz, y bailando lleno de barro el vals de los impolutos, como un equilibrista resbaladizo cortando, ciego de alcohol y abierto de sentimientos, los hilos de las marionetas.

Mira: yo no sé si la tinta con sangre entra,
pero estoy seguro de que la sangre, con tinta sale
¿no? Cabrón.   

Desde que te leí a los ojos bajo el mar de este suelo huelo a sal! en cada baile.
Y a sangre.
La tuya.
Porque es con eso con lo que has escrito esto. Con sangre.
Y yo aquí presentándote.
A ti.
Tiene huevos la cosa.
Pero en fin, empecemos:
Les presento (y esta vez el honor es mío, y el gusto vuestro)
No al mejor presentador que conozco,
Ni al editor más deliriums tremens de la poesía,
Ni a un diseñador de sueños ajenos,
Ni a uno de mis mejores amigos. Mi familia.
No. Sólo.
Al tipo herido que escribió esta puta guerra consigo mismo y la llamó: “un mar bajo el suelo”.
Esta ronda de sentimientos la pega él.
Con todo ustedes, el impresentable Marcus Versus."  

  

lunes, 30 de diciembre de 2013

Cerrar años es como cerrar bares sin que te echen.
De menos.
Y volviendo sólo a casa.

Sigo sin saber qué escribir cuando no te escribo a ti.

Y el frío con el que juego a no olvidarte
se ríe en mi puta cara.

Estos días de tranquilidad y familia
he visto a mi abuela doblarse como una luz apagada,
y a mi hermana corriendo detrás de mí
mientras decía “Escandar, tienes que aprender a ser feliz”
no con esas palabras, claro, ella sólo sabe hablar con la mirada.
Ya sabes.
Y he visto a mi madre ser mi impermeable bajo la lluvia,
preocupada de que cogiera la bufanda
como si no supiera que me basta su sonrisa para abrigarme.

No quería que fuese así.
Pero hay tantas cosas que nunca salen como querríamos.
Tantas personas.
Que tampoco.

Vives en una orgía y echas de menos hacerte una paja.
Así con todo.
Todos los días.

Te conviertes en tormenta y te duelen los escombros.
Besas con desgana y te extraña que la saliva tenga ese sabor de pérdidas.
Te apagas, y ni siquiera te das cuenta de que llegaste
hasta ese anhelo en el que no brillabas.

¿Querer a ciegas o de ciego en ciego?
No hay tantas borracheras de diferencia.
Creo.

Bien.
Pasemos de las palabras a los pechos.
A ver, qué vemos.
O qué pasa.

Sólo soy un año más viejo
y sin embargo hace tantas vidas que no te beso
que casi se me olvida
la ilíada que un día monté para rezarte
en voz baja.

No creo en dios, señor, pero he follado con alguna diosa.

Supongo que ahora es cuando miro al suelo y doy las gracias.
A pesar de las ganas de llorar.
Por “ese año que no fue aquel año que esperábamos tener”.
Pero decidme, ¿qué esperábamos?

O a qué.

martes, 24 de diciembre de 2013

Buenas noches

Tengo el silencio en paz y por una vez
no juega a la crueldad con mis culpas,
no pide que arrodille mis palabras ante él,
sólo la ira y la verdad,
sólo que demuestre el amor
sagrado de la pagana cotidianidad,
que no olfatee en las basuras
como un rastro de rostros cabizbajos,
que despliegue este manto de dudas bajo el cobijo,
que le dé al play
y me abra de oídos
ante la orquesta de miedos que me tocan,
los deseos de alquimia a los que recé,
la fatiga de no poder cerrar los párpados
y soñar, ese mínimo acto de los humanos
que inventaron los monstruos
y la publicidad,
que anestesiaron el placer hasta vaciarlo de inmensidades,
hasta prostituirlo de fe
para venderlo como imposible a precio de saldo,
ese es el valor que le pusimos a nuestra derrota,
ese es el mercado en el que nos vendimos
para tener algo que comprar,
las migajas de un camino equivocado,
la triste honestidad del que llega al final como a cualquier sitio
sólo para entender
que el frío lo llevaba dentro, cargado, como un alma
a punto de apretar el gatillo,
contra la pared,
arrodillado ante este botellón de fusilamentos,
quería declarar el sentimiento como único regazo
o como última posibilidad
de perdón?
Decías algo?

He visto cómo el tiempo hacía su trabajo,
cómo doblaba las camisas de los niños
y le cambiaba el carbón a las chimeneas,
cómo se iba agrietando de arrugas
y cojeando, rindiéndose
como quien ya sólo busca poder dejarse caer
entre las guerras de quien no pudo luchar
por lo quería
y le obligaron a dejarse la vida en lo que no,
no sé si es el amanecer o sólo un día de terror más
que pasará la página del calendario
mientras pasea su disfraz negro de rutina
ante el rojo sagrado de la sangre,
los muertos que traías te darán de comer
dicen en este parvulario
donde sólo los locos se podían beber su propias lágrimas
de naufragio,
su soledad de mar en calma,
su cólera de amor encerrado:
a un lado la venganza
y al otro
la huída,
tan tristes fuimos
como la lejanía,
el canto rodado de los cisnes
suplicando la risa ajena en su disfraz de payaso,
nos quitamos la alegría y el abrazo
y nos hicimos de mentiras hasta el egoísmo,
que firme delante mío quien no me crea,
que ponga en su tristeza mi alegato
y me diga si no era un paraíso la utopía inmolada de la libertad,
si no es el rencor un motor cualquiera
que me diga qué clase de fuerza podrá mover
a este ejército de cabizbajos que ya han quemado todas las papeletas
y sólo les quedan por romper las urnas
y la máscara,
quitarse el precio y enseñar la nuca,
abrirse el pecho en disparos
para que nunca vuelvan a decir que no fueron los esclavos
que les prometisteis.

Este es el mapa de tu tesoro,
entiérralo y cavarás tu propia tumba,
aprende del dolor y vive con él,
aíslate con tus fantasmas
hasta darles de comer en tu propia mesa,
con tus propias manos,
con tus putas palabras,
acostúmbrate a su presencia de cánticos pasados
y futuros deshechos,
carga con ellos adonde vallas, protégeles
de quien quiera olvidarlos
y te ofrezca el látigo con el que domesticarles
cuando venga el huracán, acuérdate de izar velas
cuando venga la tormenta, no tengas miedo de bailar,
tendremos el paladar descalzo para besar la hierba
y los pelos de punta apuntando
hacia este único e inabarcable mundo
que al parecer
nunca nos fue suficiente,
¿qué cielo puede haber que no sea igual que este?
¿por qué queremos más que querernos más?
Es la necesidad lo que no entiendo,
ese más allá lejano que no cabe en los bolsillos
trae el brillo de los ojos de la gente
como si hubieran aprendido a odiar como un trabajo,
como si hubieran aceptado la soledad de lo diferente
por contrato
para no tener que sudar
defendiéndose,
¿Y tú crees que mis fantasmas son los malos?

Quizás.
Pero hoy era navidad
y me he ofrecido este exilio de infancias
como regalo.

Aquí tienes mi sonrisa, puedes quedártela.  

lunes, 16 de diciembre de 2013

A veces sueño con pateras llenas de reyes cruzando océanos en exilio

He visto a la luna desmigarse para que yo pudiera llegar hasta aquí,
hasta esta noche en que una ciudad callada de calles
me ha venido a decir: los que no gritan también están luchando,
es tu problema si no los oyes,
solo basta con abrir un poco los ojos
las ventanas
o las puertas del metro
para ver el cabizbajo rechinar de dientes
el doloroso apretar de puños
ese carro de leyes a la contra avanzando a toda ostia por el raíl
donde los borrachos y los equilibristas se mofaban del futuro
para no admitir
que su único as en la manga
era una carta de amor sin remitente.

¿Qué jodido cuento de hadas nos contaron el día en que llenaron de palacios nuestros sueños?

El injusto terror de los que no supieron hacer trampas
viene de frente
apostando la corona del rey a que gana la guillotina en el primer asfalto,
es el sudor lo que les mueve,
son las sombras en donde habitan,
las sobras de una esquina sin barrer
o los restos de una fiesta a la que no les invitaron.

Dando de comer a vuestras grietas. Así vamos a reventaros.
Hasta que lo llenéis todo de sangre.

Qué más quieres de mí si ya te di mis manos para que firmaras
la rendición
si te ofrecí mi risa y mi lloro, mis casas y mis colegios
y te di mis ojos para que no pudieras decir
que miraba hacia otro lado
si abracé tus engaños de poliéster
y me arrodillé bajo tu falda de vanidades
y besé tu escaparate de jaulas
como bandera
y te voté, cada cuatro años, con la venda bien puesta
como a ti te gustaba
qué más quieres de mí
si solo soy el combustible de tu hoguera
si cuando quieras, ya sabes que puedes quemarme.

Me quitaste la fe y me diste un dinero que no podía mover montañas,
solo comprarlas.
Todavía me pregunto para qué.

Dejasteis vuestro rastro de migas de pan para domesticar nuestro hambre,
nos impusisteis la sed y custodiasteis las drogas
y nos desnudasteis para protegernos
de nosotros mismos
y multasteis a niños por jugar a la pelota
y a los que eran distintos los juzgasteis
como si solo fuésemos dueños
de nuestras derrotas.

Estamos de sogas hasta el cuello
y con ese miedo de las marionetas a los hilos.
Así hablamos de nuestro sueños.

No debería decíroslo
pero
somos los ex-clavos de una multitud callada

y estamos cansados de tanto martillo.

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Ancha es castilla, y de ahí vengo, pa allá vamos. El viernes 20 Pucela, el sábado 21 León. Que rule la borrachera.


lunes, 9 de diciembre de 2013

pequeñas poesías sin importancia

A veces como que solo necesitas que alguien te diga
que no lo estás haciendo tan mal.

Y con eso pues ya tiras.
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Hay algo de hermoso en lo cotidiano
de esperarte como el chico desnortado
que siempre he sido sin ti.
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 Cuando entró la policía
ya nos habíamos metido todas las drogas.

Sólo nuestra sonrisa
era ilegal.
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Un catarro mal curao.
Es el diagnóstico que mejor define
los últimos 12 años de mi vida.

Y un montón de folios en blanco a modo de kleenex.
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El día menos pesado
me pongo a escribir en lugar de a vomitar.

Quizá así
dejaría al fin ya de buscar palabras entre tanta mierda.
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En el metro de Bilbao
un chaval con una guitarra cantaba esa de Nacho que dice
que “hay días en que valdría más no salir de la cama.”

-Demasiado tarde-
le dije mientras
la moneda que le tiré
todavía daba vueltas
en el aire.
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Vivir del cuento
contigo
y que tú quieras
darte cuenta
conmigo.

Es importante que lo entiendas.
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De toda la pornografía que he visto
a veces
solo
te recuerdo a ti.
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Empiezo a pensar
que solo puede ser feliz
quien nunca lo ha sido.

Y que todo lo demás se alarga
como una resaca
en la que tú no estás, preciosa, sonriendo.
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¿Te acuerdas de cuando nos tocábamos
sin hundirnos?
Eso era música.

Y todo lo demás ganas de joder
o solo de sexo.
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No te preocupes,
dicen que las ruinas son todo eso
que ya no se puede destruir.
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Te miraba el culo por debajo de la falda
mientras tú me acariciabas como a un animal herido.

Siempre quisiste cuidarme.
A mí.
Que estaba enamorado de tus descuidos.
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Vale que he convertido mi vida en una nube de remordimientos
bajo un cielo gris sin luna  
pero
hay días en que veo al sol salir
y pienso
“tan mal no lo estaré haciendo”.

Y de verdad que casi no suena a excusa.





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y este jueves 12, en la inquilina, con una mujer alada: Elvira Sastre. habrá que buscarse entre huidas, mi querida saudade.

lunes, 2 de diciembre de 2013

despeinado

El amor y el sexo unidos
y resumidos
en una sola frase:
Esto te va a doler. Disfruta.




Cuando un refugio es un palacio
o
¿Cuándo un palacio es un refugio?

No podrán domesticar la miseria, hacerla afable, despojarla de su inherente dignidad, no tendrán tan poco miedo de la vergüenza, no creerán que es tanta su impunidad y tan poca la nuestra como para atreverse a publicitar su mentira sonriente de las fotos sin ni siquiera imaginar los atentados con los que soñamos cada vez que la enseñan.




Muchas excusas en defensa propia pero aquí todos matamos por vicio. Hay algo de excitación en saberte prohibido y libre. Supongo que estos dos términos son directamente proporcionales.
O que hace muchísimos cualquieras que no duermo con nadie.
O que me sigo sin ti-
endo solo.
Y a veces eso me deja sin fuerzas.
Qué tonto.

Como sea, las únicas prohibiciones que me preocupan
son las que me hago a mí mismo
y la libertad
siguen siendo 3 palabras:
córrete donde quieras.

Pero. Sigo sin saber distinguir la revolución del sexo. Veo el mismo amor en caricias que en mamadas. La misma rabia del dolor en un orgasmo. Los mismos sueños de un mundo mejor. Sentimientos, ¿tú de qué vives?



Es un cuento extraño en el que pasa de todo y a toda ostia.
Pero de repente alguien
pisa el freno o se asoma por la ventana
y detiene el tiempo
para contarte lo que vio al echar el polvo
al esnifarlo
al morderlo.



A veces pienso: hay tan poca épica en nuestras heridas.
Pero luego me acuerdo de mi madre curando las heridas de mi tía
o de las manos de josefina, la cocinera del Este o este, con todas esas quemaduras
y esa sonrisa.
Esa sonrisa.
Que de repente oigo una voz de cuna cantando:
si tienes frío tirita
si tienes frío tirita
abrigo mío
tirita mi abrazo tirita…
Y en mi cabeza es una canción preciosa.



Con castillos imposibles urbanizaron el aire.
Lo recalificaron.
E impusieron un impuesto de
"respiración espontánea".
Así lo llamaron.
Era la época de la siembra
de los vientos.


Hijos de la tempestad, contadlo.   

Pero a nadie le interesaba ya ese cuento.


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Esta vez aviso con mazo de tiempo. Dos días. Vuelo a Galicia. A Santiago de Compostela. El jueves 5, a las 21:00, en el Babel. Antes de mí, a las 20:00, va una chica, pero no me han dicho su nombre, si me entero edito. Así que eso, doble sesión de poesía. Dejo aquí el cartel. 
Un abrazo peña.


jueves, 21 de noviembre de 2013

las lágrimas son un poco como las cervezas: la última nunca es la última

si tienes un tigre delante
puedes hacer dos cosas:huir o luchar (y matarlo). 
Las dos están bien.
Lo que no puedes es quedarte quieto
porque te destrozará.
Marwan

he visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura
Allen Ginsberg




no demoleré con palabras este folio en blanco
esta hoja de afeitar
este sumidero sin olvidar de residuos
y justificaciones
no podré abrir en pedazos nada más
que este destrozo de trazos
con los que he jugado a los fusilamientos
a las otras vidas
o a la inmortalidad…

…no tengo carmín para huella de labios
ni valentía de frente
ni velocidad en la retaguardia
estoy
parado
como delante de un tigre
o solamente esperando el semáforo fugaz de un verde
pistoletazo
que no signifique huir
hacia delante
por lo que no quedará detrás…

…le dije: “mejor tener todo por las nubes
que nada en la tierra”
pero cuánta equivocación en cinta
cuánto funeral a cuestas
cuánta soledad de vagón al completo hay en cada gol de último minuto
en cada refugio agrietado y lleno de lluvia
en cada sonrisa sin desinfectar…

…era lo que daba más miedo a los niños…
que jamás soñaron con ser mayores

el tener que arrastrar mentiras en su rostro
enseñarlas
hacerlas exclusivamente propias

era toda una pesadilla de adolescentes con estúpidos ideales
de salvajismo
y de: vivir la vida una temeridad, valiente

y todo eso de que otros
mejores que tú
mucho mejores que tú
ya lo intentaron
y no salieron vivos de aquella

para morir en el intento hay que vivir en él

“he visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la cordura”

era el alegato de las sombras
la simple caridad de lo seguro
el único anhelo de tempestad con el que soñarán tus calmas

pero nunca hiciste caso de motivos y atendiste solo a satisfacciones

de qué palabra está hecha tú mano, la que me estrechas, de qué madera estamos hablando y de qué contrato está hecho tú rencor, señor olvido, no se olvide del amor en su retrato, sáquelo despeinado y con ojeras, efervescente, que brille como un rock & roll al viento y corte como una puesta de sol o cójase de la mano a un recuerdo y sople
sople
sople fuerte como una eternidad de incendios
a la que ni siquiera el infierno les está permitido
un paraíso de bosques ardiendo
en donde el dolor es sólo otro árbol quemado
un arrebato de cenizas preso de su caída libre
el suelo de una noche de verano
donde no te tuve por primera última vez

luego vinieron muchas

era solo que hoy lloré sonriendo
o que cotidianamente
te eché tontísímo de menos que no supe contener la hemorragia

tú siempre llevabas ibuprofeno en el bolso
pañuelos
y tiritas

y por una vez
no me dolía la cabeza

sino todas las demás cosas.

martes, 19 de noviembre de 2013

Puedo tragar 
casi medio litro de sangre antes de que lleguen las nauseas.
Lo sé
porque lo dice Edward Norton en el club de la lucha.
Lo que todavía no tengo claro
es 
cuanta mierda
hay que tragar
antes de tener cojones
a tragarte
casi medio litro de sangre.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

las ratas de madrid no viajan en metro

Me he quedando mirando todo ese montón de basura.
A los ojos.
Y he visto de qué va todo.
Esto.
O todos.
¿De qué vamos?

Estos tíos están sembrando.
Poniendo las cartas sobre la acera.
La mierda en mitad de ese refugio de disciplinas en serie
que nos han inculcado.

Lo hacían los niños de antes en los pueblos.
Y lo he vuelto a ver esta noche en el verde esperanza
de todos esos basureros.
Sólo quería decirles una cosa: insistan, por favor, no se rindan.


Todavía no han salido las ratas.

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A veces cumplo sueños. 
En Hospitalet de Llobregat, mañana Jueves a las 21:00, en el L´Oncle Jack, con el puto Rafa Pons.




Y el sábado me rodeo de dos maestros de la acrobacia que me harán pasar por un tipo serio: Marcus Versus y Daniel Orviz.



Así que eso, nos vamos pa Barna.
¿nos vemos?

viernes, 8 de noviembre de 2013

El viento avivará el fuego...o esparcirá las cenizas.

Supongo que sólo empecé el día cabreado por la vergüenza
en la intimidad
y cuando pude desayunar leyendo el marca ya se me había pasado.

Intuyo que noté la usura de la burocracia y mi falta de fe en ella,
mejor aun, mis nulas ganas,
mi desidia en protegerla
y cuando le quise dar vueltas ya me habían echado
dándome un número de teléfono.

¿A dónde te crees que vas sin cita previa?

Nos estamos cargando el destino o si preferís
digamos
que solo estamos llenando de exc(a)usas
las casualidades
pero solo nos damos cuenta en ese instante
en que echamos un par huevos batidos
en la sopa
boba
y después
se nos pasa, se nos olvida
dándole vueltas con la cuchara.

Frontela me dijo:
¿si lo mejor de la sopa es, precisamente, sorberla, por qué está tan mal visto?
La gente que madruga gobierna el mundo. Me gustaría haberle dicho.
Pero no lo hice.

Presiento que en sueños no soy tan malo porque siempre me interrumpen antes de besarte. Y mi tía Tere anda y gruñe y la Pili vuelve a mecerme y curarme. Mi madre no tiene que justificar las cosas que escribe su hijo y se ilimita a ver mundo, tened un poco más de cuidado caray.
Y mi padre construye ciudades para niños.
Los ojos rojos de mi hermana cuando se emociona hablando de guerreros.  
A veces tengo sueños tan bonitos que me despierto con esa sonrisa de pegar un buen trago de cerveza después de un partido de baloncesto ganado. Como si ese partido fuese mi vida.

Después me levanto de la siesta y el peón que pelea en mi futuro cuadrilátero no escucha mi llamada.
Me regalan un móvil nuevo y lo único que pienso es qué haré con todos los recuerdos que tengo en el antiguo.
¿Cuántos parados caben en una parada de metro? ¿Cuántos vagos en un vagón? ¿Cuántos escaladores en una escalera? ¿Cuántos obreros murieron para esta obra de arte, señor?
Hay demasiadas leyendas y muy pocos leyendo.
Un basurero decía “Si nos despiden, arderá Madrid”. Lo primero que he pensado, lo siento, ha sido: ojalá le despidan.
Luego he buscado a ver dónde podía votarle.
Pero ya no había migas. Llegas tarde, parecían decirme todos, aquí ya solo quedan cenizas.

El problema es que ya no es un punto de vista
o un brindis por el optimismo en la derrota.
El problema es que llaman medio lleno a dónde no queda una puta gota
de dignidad aunque sea en lágrimas.
El problema es que hay gente que ni siquiera tiene un vaso que mirar.
O que romper.

Sigan
sigan
pasando.

Sobre sus crestas, corazón,
íbamos con antorchas iluminándonos la despedida,
con las alforjas llenas de huidas
a la voracidad de la luz
y con un ataúd de kilómetros de pena
o de distancia, nunca supimos muy bien su diferencia.

Caminábamos
sobre esa alfombra de sueños empalidecidos
como si fuéramos de humo
y estuviéramos encerrados tras su cortina.

Como si el invierno nos dijera:
"id pasando, chicos,id pasando:
he ahí el mundo de los cabizbajos.
Tendréis que agachar de silencios la cabeza
o vivir su griterío arrodillados."

Sobre sus crestas ¿recuerdas? corazón,
recuerdas cómo todos
(no me miréis así, por favor)
fuimos pasando.