viernes, 1 de enero de 2010

yala baye

miro a mi viejo y me quedo callado. siempre me pasa lo mismo. preguntandome qué bulle en esa cabeza, cómo puede retener las muestras de dolor, él, que también es hijo.
ha preparado la comida de año nuevo para 15 personas, crema de marisco con caviar y langostinos de primero, pastel de cordero con arroz de segundo, y macedonia de frutas exóticas con ron para el postre.
entremedias, justo antes de sentarnos, ha recibido la llamada de un número desconocido para decirle en otro idioma que su madre había fallecido.
no ha querido decir nada al resto de gente. a nosotros nos lo ha dicho en apenas dos palabras. después hemos comido fingiendo que no pasara nada. mirándole de reojo. alargando las conversaciones sobre vinos.
qué bulle en su cabeza, cómo aguanta así el tipo. siempre duro y firme, como si aceptara el doblez que conlleva dejar un país atrás
para criar una familia en otro, al otro lado de un mar, durante los últimos 40 años.
ella, era para verla. era enorme, y vestía con túnicas tradicionales de su tierra. tenía toda una orografía de caudales y recuerdos en cada arruga. era vieja, pero tenía risa de niña.
en el video siria 2005 se puede ver todo eso. otra forma de vida, pero basada igualmente en el cariño.
la vi dos veces, en los dos viajes que hice. siempre me impresionó mucho. tenía mucha fuerza, y creaba un constraste particular con la delgada figura de mi abuelo. hacían buena pareja. jefe y jefa, se notaba.
durante muchisimos años, 15, viví ajeno a todo ese mundo que, de alguna u otra manera, llevo también en la sangre.
cuando fui me costó entenderlo, quizá porque mi forma de vivir está demasiado ligada a esta tierra en la que me he criado, y de la que tanto me cuesta despegarme.
así que miro a mi padre sin decir nada, y trato de imaginarme la de cosas que tienen que estar pasando por su cabeza. los momentos no vividos junto a su madre. miro a mi padre, y por una vez lo veo como un hijo. un hijo fuerte y duro, que no le tiemblan las manos al servir la comida que ha cocinado, ni la voz a la hora de decir: comamos.
y todos le hacemos caso.
porque es año nuevo, y sea como sea, hay que mirar adelante. dice comamos, y eso hacemos. comemos.
mi padre mastica en silencio todos sus miedos, todas sus ausencias.
y yo, que nunca me atrevo a decirle nada, sin embargo, no puedo dejar de mirarle.






7 comentarios:

Abel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abel dijo...

Duros inviernos, penurias, hambres y soledades... tantas cosas han vivido y tantas vivencias que se guardan, impasibles, inquebantables... ¿Somos capaces nosotros de hacer lo mismo?

Yo me apuesto doble o nada a que no

Javier Belinchón dijo...

Hermoso poema.

Un saludo.

Anónimo dijo...

http://www.goear.com/listen/aae6a49/siete-horas-bebe


ya mismito te achucho, quesí quesí

Abel dijo...

Enhorabuena cabrón:

http://www.diariopalentino.es/noticia.cfm/Vivir/20091230/palentino/escandar/algeet/publica/alas/mar/prosa/DC13E72A-1A64-968D-59DC2250138F2A7D

pecadocapital79 dijo...

Ja ja que cabron tu has conseguido que me lo tome de la mejor manera posible, eres un crack, gracias sinceras.

Patty dijo...

que no te dije
nunca
pero se lo dije al sirio
que nunca fue tan viejo como los siglos... que pasan desapercividos en la túnica negra a tu abuela, en la blanca de tu antaño de años... que ella, ella...
ella en sus tatuajes de dolores
me quedé sin conocerla
y ella
ella
era
absolutamente genial.

ostias.
maldita mi suerte de viajes.

porque mujer le queda corto.