miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cuando los payasos se lo hacen no tienen ni puta gracia.


El amor es sucio. El sexo una guarrada. Y yo soy un cerdo. Ya puedes quitarme las esposas, ¿dónde había que firmar? Seamos honestos pero de verdad, sin plásticos ni incienso, sin corsés ni riendas a las que atarse, ¿de qué va todo esto si no? Así que te mueves con miedo a la libertad porque temes a los containers, los descampados, y los vertederos. Entre basuras el juego no es tan bonito pero es más real, ¿no crees?

Mira: la peña se muere por un beso pero mata por un escupitajo. El valor de la saliva camina cabizbajo ante el indulto de tu justicia, podríamos echarle azufre a esta desidia de nausea, meter las manos en los bolsillos.
Olvidar.
Pero en cambio nos encantan las agujas de la nostalgia, hacernos daño como un recuerdo de taladros, la sangre que gotea mientras tú te chupas los dedos.

En el tira y afloja de los sentimientos la risa fértil crece con el dolor y la mierda como fuente de abono. Y hay un cielo en cada pozo sin fondo. Y mentiras que reivindican la verdad cuando te miro a los ojos y no me respondes. Saca las pancartas de esterilidad contra estas palabras llenas de semen, seguro que el cartel publicitario de la suavidad lima las asperezas y las dudas, que no hay manchas en tu sonrisa, que mi mirada está limpia porque detrás hay un manantial de lágrimas por donde se desangra tu tristeza.

Exactamente, qué es lo que vendes tras ese sonido en pausa, qué quieres si lo bonito de la historia es simplemente que sucede y nos cambia. Que somos el fantasma de las navidades pasadas, su juguete roto, su fiesta de bebidas vacías en nuestras excusas.

Y tapa la fecha de caducidad, esconde el mohín debajo de la cama, que las cortinas oculten ese paisaje de abismos en donde no te suicidarías, mucho menos conmigo. El orgullo no nos podará las espinas, ¿sabes? y esa vida en resumen, ese trailer de cosas fáciles por el que debería apostar, ese esquema de revolución sin heridas ni ruido me sabe a cero y de nada, me hace temblar de conformismo, me obliga a desplegar estas alas a cualquier otra parte.

¿La huida de quién pagarán tus monedas?  ¿qué clase de mendigo te crees que soy? ¿Acaso el precio de tus caricias es mayor que esta forma de bailar desnudo a la intemperie? Yo cargo con mis propias maletas y trato de pagar mis rondas. La culpa, sabes, tengo un sentimiento de posesión sobre ella. De asunción. Y este look de heridas abiertas es mi manera de que nadie pueda hacerme daño, solo yo, y eso es lo que hago. Protegerme. Aunque no haya ningún quién al acecho de mis huesos tristes, aunque la pólvora esté mojada de tanta lágrima sin petición de auxilio y los fantasmas sean los mismos a los que un día vencí por goleada contigo como cheerleader.

Dicen que la tristeza, si la abanicas, se extiende como el fuego. Y que eso da calor. También.

Puedes ponerle el perfume que desees a todo esto, hacer que huela bien o duela menos, pero la única forma de maquillar una mirada es escondiéndola entre las sombras y esperar a que los miedos terminen de comer el alpiste.

Luego pondremos el tedio sobre la cornisa y lo llamaremos paisaje. O madurez. Y llamaremos a los hombres por sus cosas y a cada losa por su nombre. Ya hay una humanidad que limosnea la belleza en stocks de pornografía en horarios de máxima audiencia, y hay odio que habita detrás de cada mentira esperando su turno para el estrellato. Sus 15 minutos de infamia: su última oportunidad.
¿Sabes que el odio está lleno de esperanza?
Aquí tienes tu caja fuerte, tipo débil. Ya puedes alquilar un precipicio con vistas, pagar el seguro, y arrendar en desprecio tu jardín de hierbas silvestres a los fumigadores de lo doméstico. No vas a desnudarte, ¿verdad? Yo venía a pedir el sexo y la balada. A rogarle suciedad a lo impoluto. Yo quería el barro y dejarme llevar sin etiquetas, pero solo fui un muñeco de trapo en tu cajita de alfileres.

Ahora que tengo un montón de recetas contra el hambre he perdido las ganas de comer. Quizá sea el momento de alienarse con los más débiles y rezar a zaratustra porque baje  pronto de esa maldita montaña, que tanto grano de arena no va a mover el culo ni por una ráfaga de viento.
Joder.
Puedo quemar el refugio y las naves solo por verlos arder en tus ojos.
Puedo saltar del llameante carro de la libertad en cuanto me queme mi necesidad de cárceles y llorar tras mi traje de sábanas sin testigos.

Y puedo matarme sin mirar hacia atrás
y resucitar sin mirar hacia delante.

Tenía que decirlo.

8 comentarios:

confieso que he bebido... dijo...

con esta ultima ha vuelto el Escandar de antaño... se te echaba de menos.

Eva R. Picazo dijo...

y muy bien dicho, por cierto...
beso

Te. dijo...

Y asi es como escandar se sale de la piel...

Ire dijo...

Yo me desaparezco y cuando vuelvo sigues siendo tan increíble como de costumbre.

Noviembre sin tí. dijo...

Me tienes verdaderamente enamorada

Anónimo dijo...

Espero con ansias otra entrada para terminar el año!
Eres muy grande!

Silvia Fernández dijo...

Alucinante! Los sentimientos al descubierto, como tan bien se te da.

Anónimo dijo...

ESTIMADOS HERMANOS:
Solicito mi conversion paranormal del Dios previal erótico de la prostitucion femenina con mi consagracion divina de ser resarcido afablemente con mi parafilia voyeurista y con la sodomía heterosexual como tambien solicito la seduccion divina de mis preferencias a las tales incluyendo a las lesbianas. Les prevengo de eventuales impostores del blog.

Atentamente:
Jorge Vinicio Santos Gonzalez,
Documento de identificacion personal:
1999-01058-0101 Guatemala,
Cédula de Vecindad:
ORDEN: A-1, REGISTRO: 825,466,
Ciudadano de Guatemala de la América Central.