viernes, 8 de noviembre de 2013

El viento avivará el fuego...o esparcirá las cenizas.

Supongo que sólo empecé el día cabreado por la vergüenza
en la intimidad
y cuando pude desayunar leyendo el marca ya se me había pasado.

Intuyo que noté la usura de la burocracia y mi falta de fe en ella,
mejor aun, mis nulas ganas,
mi desidia en protegerla
y cuando le quise dar vueltas ya me habían echado
dándome un número de teléfono.

¿A dónde te crees que vas sin cita previa?

Nos estamos cargando el destino o si preferís
digamos
que solo estamos llenando de exc(a)usas
las casualidades
pero solo nos damos cuenta en ese instante
en que echamos un par huevos batidos
en la sopa
boba
y después
se nos pasa, se nos olvida
dándole vueltas con la cuchara.

Frontela me dijo:
¿si lo mejor de la sopa es, precisamente, sorberla, por qué está tan mal visto?
La gente que madruga gobierna el mundo. Me gustaría haberle dicho.
Pero no lo hice.

Presiento que en sueños no soy tan malo porque siempre me interrumpen antes de besarte. Y mi tía Tere anda y gruñe y la Pili vuelve a mecerme y curarme. Mi madre no tiene que justificar las cosas que escribe su hijo y se ilimita a ver mundo, tened un poco más de cuidado caray.
Y mi padre construye ciudades para niños.
Los ojos rojos de mi hermana cuando se emociona hablando de guerreros.  
A veces tengo sueños tan bonitos que me despierto con esa sonrisa de pegar un buen trago de cerveza después de un partido de baloncesto ganado. Como si ese partido fuese mi vida.

Después me levanto de la siesta y el peón que pelea en mi futuro cuadrilátero no escucha mi llamada.
Me regalan un móvil nuevo y lo único que pienso es qué haré con todos los recuerdos que tengo en el antiguo.
¿Cuántos parados caben en una parada de metro? ¿Cuántos vagos en un vagón? ¿Cuántos escaladores en una escalera? ¿Cuántos obreros murieron para esta obra de arte, señor?
Hay demasiadas leyendas y muy pocos leyendo.
Un basurero decía “Si nos despiden, arderá Madrid”. Lo primero que he pensado, lo siento, ha sido: ojalá le despidan.
Luego he buscado a ver dónde podía votarle.
Pero ya no había migas. Llegas tarde, parecían decirme todos, aquí ya solo quedan cenizas.

El problema es que ya no es un punto de vista
o un brindis por el optimismo en la derrota.
El problema es que llaman medio lleno a dónde no queda una puta gota
de dignidad aunque sea en lágrimas.
El problema es que hay gente que ni siquiera tiene un vaso que mirar.
O que romper.

Sigan
sigan
pasando.

Sobre sus crestas, corazón,
íbamos con antorchas iluminándonos la despedida,
con las alforjas llenas de huidas
a la voracidad de la luz
y con un ataúd de kilómetros de pena
o de distancia, nunca supimos muy bien su diferencia.

Caminábamos
sobre esa alfombra de sueños empalidecidos
como si fuéramos de humo
y estuviéramos encerrados tras su cortina.

Como si el invierno nos dijera:
"id pasando, chicos,id pasando:
he ahí el mundo de los cabizbajos.
Tendréis que agachar de silencios la cabeza
o vivir su griterío arrodillados."

Sobre sus crestas ¿recuerdas? corazón,
recuerdas cómo todos
(no me miréis así, por favor)
fuimos pasando.

  

1 comentario:

Silvia Fernández dijo...

¡Chapeau, colega! Me ha gustado en especial lo de : "El problema es que llaman medio lleno a dónde no queda una puta gota..." Y lo que sigue.