jueves, 5 de junio de 2014

No sé cómo frenar esta jauría.
No sé cómo dejar de dejarme llevar.

Cada mañana miro restos de tempestades y daños ajenos
heridas reabiertas como un pub sin licencia lleno de drogas
y ningún sueño,
la endeble fuerza de ninguna decisión tomada,
el viejo alquimista que repasa sus recetas para comprobar
que la velocidad no era cualquier tipo de rebeldía,
que no había sonrisa en la rutinaria puesta en escena de un ciego
hinchado de prisas y hundido de culpas,
sólo esta forma de remar la soledad lejos de cualquier orilla,
de mandarme a la mierda y bailar,
de regatear principios y miradas
como un espadachín de la nada a la defensiva,
el desencanto arbitrario de una ruleta rusa que no termina de terminar
conmigo,
las aceras maltrechas, el cielo jodido y apagadas las estrellas,
el azufre de un paraíso sin derecho ni admisión,
el breve artificio de quien confunde potencia con intensidad,
temeridad con valentía,
un griterío de sombras y ninguna revolución.

Hasta qué punto yo y hasta qué puta la vida
si no tengo nada que declarar en esta confesión de polvareda,
en este silencio me arrodillo ahora que no me queda ningún dios
que matar, ningún hombre por el que salvarme,
ninguna guerra en la que poder decir: la vida entera.
Contigo.

Hasta que duela, cariño,
hasta que muera.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ámen...cabronazo.

Noe Chiroque dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
l'etoile dijo...

Donde hay rosas, hay espinas; donde hay lobos, hay corderos…

Cada brizna de hierba tiene un ángel
que se inclina sobre ella y le susurra:
crece, crece…

התלמוד

María dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
María dijo...

Siempre que te leo me da la sensación de estar escuchando a un Peter Pan viejo. A un joven que sabe dar un amor bonitamente gris.

Gracias, guapo.

MEM dijo...

me encantaron tus palabras, muy buenas y muy dolorosas! Buenísimo lo que escribís