viernes, 2 de abril de 2010

la juventud que no conoci

En un mes de hace 4 años, mi madre me llamó una mañana, estaba asustada, para contarme que mi tía Tere se moría. Fue la primera vez que la escuché hablar con un temblor de voz así.

Varios micro-infartos cerebrales la estaban crujiendo por dentro, y volví al mismo lugar donde antes yo había crecido. Para decirla adiós.

Durante un mes, sobrevivió a base de leche, cariño, maicena y voces familiares que le cantábamos canciones al oído. Luego se estabilizó, y lo que vino fue un epílogo de la persona que ella había sido.

Durante 4 años mi madre (y sus hermanas) le han puesto y quitado los pañales al menos 3 veces al día.
La hemos dado el desayuno: leche con galletas; la comida: un puré de legumbres, o verduras, o alguna sopa de cocido. De merienda un plátano. De cena, de nuevo leche con galletas.

La poníamos un babi que normalmente eran camisetas viejas reutilizadas para su nuevo uso. Cogías dos servilletas de papel, y con paciencia, como si fuera un niño pequeño, ibas dándole cucharadas. A veces daba problemas, y usábamos una jeringa, pero en general ha ido comiendo bien.

Durante 4 años la han levantado cada día para sentarla en la silla de ruedas, y mi madre se ha cerciorado de que estuviera bien peinada y muy guapa. Esquelética, con los huesos pegados a la piel, que a su vez se llenaba de moratones con el mínimo roce de las sábanas. Le salían agujeros en el cuerpo, que mi madre rellenaba de algodón con agua oxigenada, producidos con tan solo el desgaste de dormir varios días seguidos en la misma posición.

Varias veces vino el cura de mi pueblo a darla la extremaunción, pero nunca quiso hacerle caso.

La llevaban al salón y allí estaba toda la tarde orientada hacia la tele, con el ruido de su familia al fondo.

Siempre tuvo una mala leche innata de la que, ni siquiera estos últimos 4 años, ha querido desprenderse. Por eso, si algo ha dicho alguna vez ha sido “mierda” pronunciado bien fuerte y bien claro.

Yo siempre acercaba la barba intentando sacarla un beso que casi nunca me daba. Pero alguna vez se lo saqué. Que conste en el acta. Otras te intentaba morder aun no teniendo apenas dientes. O si querías limpiarla sacaba la mano y te sujetaba con todas sus fuerzas, y ninguno nos explicábamos cómo podía ser, si apenas era una silueta de huesos.

Durante 4 años la han hidratado la piel varias veces a la semana. La han llamado bonita, preciosa, mi vida, y yo, cada vez que venía, le cantaba canciones de Gardel y de Extremo, y la miraba a los ojos porque aunque estuviera ciega (me lo tuvieron que demostrar una vez acercando una mano a sus ojos) yo sabía que ella me veía.

Siempre con la nariz fría, la poníamos un chándal que ahora mismo no sé de dónde habría salido, un jersey, y unas zapatillas naranjas de estar por casa.

Y mi madre la peinaba todos los días, le decía bonita, preciosa, mi vida.
La mecía.
La acunaba.

Durante 4 años de los cuales 3 Pili se los pasó llorando, y mi abuela confundiéndola con su madre.

Pero sería injusto quedarme en el último párrafo. En la arritmia cardiaca que hoy tiene, la deficiencia respiratoria, el numero 82 de la presión de no sé qué que indica el aparato que la han puesto en el dedo. Las piernas moradas porque no llega la sangre. La respiración a punto de pararse en cada momento.

Sería injusto. Porque durante los 22 de antes, entre otras cosas, fue a buscarnos cada tarde, a Nur y a mí, a la puerta del colegio. Y nos enseñó canciones guarras que no podíamos cantar a nadie. Y les puso un techo a mis padres cuando mi madre empezó haciendo guardias y mi viejo aun no había terminado la carrera.

Y sacó cada navidad boletos para toda la familia, aunque la lotería, ahora lo veo, no repartía los mejores premios.

Y a veces se reía para enseguida torcer a un gesto totalmente serio, y mi hermana y yo nos moríamos de la risa.

Es curioso cómo se distorsiona el recuerdo de todo un partido si juegas mal en el tiempo de descuento.
Y es injusto.

Porque fui de su mano a tantas partes y me enseñó tantos trucos garrapiñados de almendras con caramelo, rosarios que recitaba en susurros a media tarde y entraba en la habitación donde yo estudiaba y se me quedaba mirando. Callada. Rezando.

Quién sabe por qué. Por quien.

Tantos años de cuidados intensivos a dos niños que a su vera fuimos creciendo.

Sentía un amor visceral por los animales, tuvo dos perros, malas pulgas, y un espíritu aventurero si tenemos en cuenta que era una mujer que nació en los años 20 en una ciudad de provincias.

Voy diciendo adiós a las personas que ya eran mayores cuando yo era pequeño.

Digo adiós tragando saliva porque la vida no se puede tragar de otra forma.

Supongo que en los finales hay un punto que es distinto a todos los suspensivos que le preceden.

Será el último vómito que todavía le queda a lo que me aferro.

Tragando saliva.

Para decirle adiós bonita.

Adiós preciosa.

Adiós mi vida.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

te quiero

Abel dijo...

Escandar, el amor a la familía que tienes, te hace grande.
Como decían mis abuelas, de bien nacido es ser agradecido, y tú, con las tuyas y los tuyos, lo eres. Somos lo que somos, gracias a gente como nuestras abuelas, tías y madres.

Un abrazo amigo

Anónimo dijo...

Sos un grande...

barby pili dijo...

Cada día alucino más con lo que escribes
=)

Violeta dijo...

es precioso cómo escribes de las mujeres de tu vida ...

un besote

Lucía dijo...

Es la segunda vez que te leo, la primera casi me haces llorar y esta ya lo has conseguido...

No tengo palabras, en serio.

Besos.

Anónimo dijo...

me has hecho llorar

crónicas irónicas dijo...

quién sabe cómo he llegado aquí, pero qué intensidad.

Anónimo dijo...

Precioso no es suficiente

Anónimo dijo...

Simplemente, precioso.
Las lágrimas que me caían mientras lo leía lo confirman.
Precioso.
Y me siento tan identificada...