miércoles, 13 de abril de 2011

claro que sí coño, el go on de la noche apoyado en la barra mirando los dedos que asomaban entre las sandalias de neón de las chicas que afilaban los dientes esperando al valiente que las supiera agarrar por la cintura, señales de prohibido el paso encima de las cuales hacías filas indias en el baño, las derrotas ocultadas en unas manos que han recogido demasiados balones de la red como para saber, de sobra, a qué sabe el suelo cuando lo besas, y niebla, mucha niebla, entre los ojos vidriosos y el humo de los cigarros (uno tras otro uno tras otro uno tras otro) de los espadachines con proyectos imposibles, soñadores sin un viaje al parnaso, perdedores sin brújula en el bolsillo, medias rotas que apuntaban hacia el infinito y se quedaron en el ahora, en el hasta cuando, las noches, claro que sí, de subidón y rosas que se pudrían a los pies del escenario, a la espera de que cerraran el bar para ser barridas por camareros envejecidos como las putas, la chica aquella a la que besaste para que no te dijera su nombre, para que no fuera como tantas otras a las que solo recuerdas por un simple y vulgar sustantivo femenino singular, ya me dirás tú, qué adelantas si aquí todos somos distintos pero nos llamamos igual aunque nadie nos llame, era una forma como otra cualquiera de mandar a la mierda la mierda de mundo que había que tragar a las 8:30 con el desayuno, los ojos en cueva y alfileres en los músculos como una ducha de agua fría, entumecido por un día soleado que todavía no habías aprendido a disfrutar, sexo sucio en water closed open legs y la mirada hacia abajo, perdida, buscando un detalle, una uña, una herida en la rodilla, una nota musical entre la risa gastada o el gemido inconsciente, algo que te dijera: aquí hay vida joder, a esto puedo aferrarme para creer que esta vista nublada, que este gesto de muñeco de trapo, conducen a algún lugar más allá de los remolinos del agua que cae cuando tiras de la cisterna, dudas, y esa enfermiza desesperación de quién espera sin ir, de quién no mueve ficha ni desmarque hasta que el pase está hecho, el cansancio quizá, el miedo a los fueras de juego, y un 11 de abril de repente alguien que ni siquiera pensabas que pudiera existir te pone una bola de fuego entre las manos y te dice: si soplas,no podrás jamás apagarlo. y soplas, claro, y confiesas aquello que decía chandler (raymond): "todo lo que quiero hacer es avivar el fuego con el puedas calentarte las manos". y eso haces.

6 comentarios:

ValkiRia dijo...

A mí, por suerte o por desgracia, hace mucho tiempo que nadie me pone una bala de fuego entre las manos. Pero doy las gracias, porque no sé si tendría tanta fuerza como para que el soplido hiciese que no parase de llamear.

Anabel dijo...

las derrotas ocultadas en unas manos que han recogido demasiados balones de la red como para saber, de sobra, a qué sabe el suelo cuando lo besas...
La cruda realidad, muy bueno.

Insurgente ~ Gatiota dijo...

El día de la marmota, una y otra vez, y otra vez.
Llegará? espero.
Besos

bárbara dijo...

Qué blog... Te seguiré a partir de ahora.

Lucía Dueñas dijo...

me encantas, me encanta. Y aunque no hubieras puesto una canción de the Doors o escogido el nombre de Taylor Durden me encantaría lo suficiente para leerme todas las putas entradas de este blog, y quien dice lo suficiente dice una cuarta parte de lo que quiere decir.

Dalat dijo...

eres magia!