lunes, 4 de abril de 2011

lo que falta

(una antigua poesía para un libro a 3 bandas junto a gsus bonilla y carlos salem, que nunca llegó a hacerse, y que hoy subo aquí al haberla encontrado entre el montón de escritos pasados que guardo en el mis documentos del ordenador)

Ahora que todavía no peso un cuarto de siglo

y que gasto camisetas de antes de graduarme

y ahora que entre otras cosas distingo las leyendas urbanas de los cuentos callejeros

puede que sea un buen momento para hacer balance de deudas.

No tanto por lo que deba a nadie, sino más bien por un ajuste de cuentas contra mí mismo.

Echo un vistazo por encima de mis fraudes

y pienso en algunos granos que dejé tirados por cunetas donde pensé

que no podría crecer vida, y ahora que hago estadística de daños

veo que el pasado pesa

y el futuro pasa

y nada se queda parado más allá de un pitillo, la magia por un instante,

ciertas miradas ante ciertas piernas,

el agrio sabor de las pupilas cuando se empañan una mañana de otoño.

Supongo que habría que distinguir entre las cosas que todavía no tengo

y las que no tendré jamás,

diferenciar que a veces lo que falta es ausencia de

y otras no llegar hasta.

Para empezar, lo que falta es lo que no está, el espacio vacío

que los recuerdos no llenan, que la nostalgia acentúa,

echarte cuentas pasadas en lugares donde dejaste trocitos de alma por construir,

historias que no llegaron a ninguna parte,

que no pasaron de la primera estación,

anillos que miraste desde el otro lado del escaparate justo antes de salir corriendo,

-Dilo: de huir…

…a donde no pudieran cazarme, y ahora que presumo de ser animal salvaje

hay veces que me faltan las caricias de mi madre al irme a la cama,

esa mirada que ponía sostuvo mi mundo durante tantos años

que aun sigo buscándola cuando me cago de miedo.

En verdad me he hecho áspero, intuyo,

porque lloro poco y sin ganas, así que supongo que me falta

la ilusión de enamorarme a los 14 años

y soñar con quedarme encerrado en el cole con la chica de los pupitres de atrás,

o disfrutar de un viernes por la tarde como se merece: sentado en un portal

mirando de reojo a las chicas

y de frente a los amigos.

Me faltan kilómetros de horas en la plazita donde Sergio

cambiaba de novia cada semana,

el camino del cole a casa volviendo con Irene y Marta

y aquel cruce de la calle Mayor con san Bernardo

donde nos encontrábamos con los de maristas,

donde tantas noches me despedí de Dano,

donde vi vomitar a Frontela mientras decía: estoy bien, solo un poco borracho,

y se reía el capullo antes de volver a vomitar.

¿Dónde están?

¿Por qué escribo lo que falta en forma de pasado?

Escandar, anda, ¿a quién pretendes engañar?

Lo cierto es que me cargué un futuro a la espalda

y me fui caminando de aquella Palencia a Ponferrada primero,

y después a un Madrid que me tiene enganchado.

De todos esos trastos que traía me quedan los libros no más, algunas poesías,

mucho cine

y ciertas heridas que me reabro yo solo para que no cicatricen.

El resto no pesa porque lo fui dejando,

y a veces sí es verdad que me faltan peldaños de los que tirar

cuando me vengo abajo,

me faltan escombros de una vida/ruina que mantengo lo más honestamente limpia que puedo,

me falta el gusano en el estómago por cada beso que doy

y supongo que es duro recordar

“que dejé de creer en el amor cuando descubrí que todos los besos

tenían el sabor de mi propia saliva”,

claro que es duro verme aguantando sin apenas soñar,

sin apenas querer,

y aun así, estoy seguro, me faltan muchas piernas por liar,

me faltan bolsillos para tanta arena, para tanta playa, para tantos labios.

He buscado las mañanas de entre la luz de la habitación

y pulsando la tecla de intro he olvidado los estribillos para centrarme en las estrofas.

Honestidad.

Si la fui perdiendo de vista en los últimos años

es porque se me escurrió de los dedos según crecía.

Fui sincero, soñador y borracho, y ahora mantengo el tipo como puedo

gracias a esto último no más.

Así que me falta un posado desnudo con los brazos abiertos

y un muro de fondo contra el que golpearme.

Me falta querer marcar los goles decisivos en los partidos importantes,

y me faltan viajes al corazón del planeta, donde la tierra misma hace bum bum

igual que los ojos de las personas que cambian el mundo.

Si doy un pasito más, si empiezo a vomitar desgarros de los sabores

que no he podido probar o que ya no probaré,

debería empezar tal vez por decir

que nunca fui la primera vez de nadie,

que es muy posible que tampoco sea el último

y por supuesto, no creo que sea el mejor.

Así queda mi posición: en un papel intermedio

y luchando contra lo secundario del personaje:

en el vértice a medias de los besos que he dado

y en el extremo opuesto de los que no doy,

a estas alturas no me importa confesarte

que me faltan unas cuantas fantasías por cumplir:

un bis a bis lleno de sogas, flujos y direcciones prohibidas

o tratarte como un trozo de carne en excitación, un todo vale de una vez por todas,

me falta respirar en el oído de la incertidumbre y lamerle el miedo a las dudas,

hacer aquel road trip a través de la lengua

y me falta echar cuentas de todo esto con tus pupilas.

¿Qué puede faltarme aparte de un par de tríos, de un trío de ases,

de una baraja de infartos?

De tantas vidas que no viví ahora entiendo el tono de simulacro

con el que pulso estas teclas, al fin y al cabo

he soñado tantos disparates que a la hora del disparo

me entró miedo de no estar a la altura.

Por eso cuando en mi cabeza viajo a todos esos lugares que no he podido pisar

y digo las frases que en voz alta me callo

y vuelvo a ser ese intento de algo que pide protección para testigos.

Cuando imagino el podría ser de mi vida

miro sin querer mi mochila de viaje, mis libros y las llaves del piso

donde vuelvo a dormir cada noche

y recuerdo a Rocío escribiendo: “por qué no haces lo que no haces si en verdad es lo que quieres hacer”,

y me sale un “no sé” tan personal y cobarde

que empiezo de nuevo a correr cuando no encuentro respuestas.

Me falta esa novela que siempre envidio,

esas promesas que me hice en las noches de 15 años y tardes de estudio,

un montón de carretera con el dedo levantado hacia el horizonte,

me falta saber navegar sobre el mar y las resacas, un te quiero tan honesto

que olvide el “perder” de detrás.

No da igual, pero al menos no he traicionado el pacto

de no traicionarme a mí mismo

aunque sí es verdad que me falta silencio acostumbrado como estoy al ruido,

a la exclamación gratuita, al hecho de saberme caduco y fugaz,

inestable, falto de tiempo para casi todo.

Puede que sea eso.

Puede que lo único que me falte sea tiempo.

Entre todos estos ladrillos no he olvidado los palacios que quería construir,

pero me falta mi abuelo,

Malik y Mariana,

toda la inalcanzable familia de mi padre y mi padre, a veces, también.

Me faltan tardes enteras de cartas escritas a mi hermana Nur

y asumo el hecho de ser consciente de que lo que falta,

lo que me falta,

es el impulso de fuerza en mis dedos

para dejarse llevar hasta sentir el calor del fuego quemando mis deudas.

Así, me podrán juzgar por cenizas

y yo podré envejecer alejado del miedo al insomnio, alejado

de una lista de faltas y ausencias justificadas por un “no pudo ser”

tan cobarde como silencioso.

Estoy aquí, de pie, en el borde de las letras

y mirando hasta dónde me llega el abismo

para poder emborracharme tranquilo si alguna vez llego a viejo.

Dispuesto a todo, y sobre todo dispuesto a no parar.

Si al pasar me ves agazapado en la trinchera

o con los puños afuera me ves desfallecer dando ese salto adelante,

ese paso más,

ten en cuenta que traté de luchar contra el tiempo

de la única forma que sabía:

con la risa

de un niño pequeño

como telón de fondo.

15 comentarios:

con los ojos cerrados dijo...

ha sido bastante increíble leer justamente hoy esto

Celia dijo...

te he descubierto hace muy poco (soy la que te pasó el enlace al blog Culturaholics, cuando hicimos la crónica del recital en Sol bajo la lluvia) y me flipa lo que escribes y cómo escribes, en serio, increíble.
creo que me convierto en fiel seguidora pero ya :)

Lady Day dijo...

No se me ocurre ninguna palabra para expresar lo que me mueve esta poesía. De verdad que no.

Un abrazo.

Danielo Menelo dijo...

Te sigo desde hace poco. La verdad que llegué a ti de casualidad y no puedo parar de leerte. Me encanta tu forma de escribir, tan directa. Llega mucho.

Clementine dijo...

Estoy casi llorando...
Perfecta radiografía del corazón, con puntos y comas y alguna comilla.
Un placer perderme en tus palabras.

Lady Day dijo...

Me gusta lo de gemelánimas. ¿Me lo prestáis?

Stephanie_vk dijo...

Hace tiempo que te leo y me encanta como escribes!busqué el blog después de leer co-razones y ver el video de youtube.enhorabuena.

Fernanda González Robledo dijo...

joder escandar !! sos un groso total y lo mejor es q tu pura realidad en palabras es poesia, aunq para vos sea triste, feliz o jodida...pura poesia creo q ya no tenes escapatoria nene

Laura Pérez Gilabert dijo...

Y pensar que tus desgracias son mis ganas de ser mejor algún día casi que suena injusto...pero no te imaginas lo bien que suenas y lo fácil que llega incluso a donde tu no pretendes llegar. Ya son meses leyéndote..eres increible.

Montse dijo...

No diré nada, solo que me gusta, que me ha quedado con un sabor dulce. =) te sigo =)

Rocío dijo...

me encanta tu blog!! hace tiempo lo encontre x casualidad y cogi sobredosis de leer todo del tiron jj, muchas veces busco tus actualizaciones y encuentro en algunas de tus frases lo q siento en ese momento, es increible. no pares nunca! :)

Anónimo dijo...

gracias por escribir así. Realmente hace pensar.

analoiG dijo...

Un día de estos me muero de amor.

Vicyos dijo...

Me he enamorado...

maks dijo...

No sé como empezar, como comenzar a contarte que tipo de relacion tengo con tu blog. Me pierdo durante horas y hace años y releeo tus palabras que me tienen cautivada de pies a cabeza, y de la cabeza al corazón. Vengo a buscarlas cuando escasea el sueño, el amor que no siento desde hace tanto y quizás leerte me devuelve de una manera u otra "lo que falta". Y ya son años en los que queriendo o no vas conociendo, te vamos conociendo y a decir verdad disfruto muchisimo haciendolo, contandole a la gente como expresas lo que llevas dentro pero a la vez celosa de que puedan descubrir una parte de ti que ya he hecho mía. Cada frase, cada verso, incluso cada palabra las leo un par de veces, esos giros en las palabras, esas vueltas de hojas, de letras, de aprender a leer entre líneas mas que lo que a primera vista se ve... nos enseñas a descubrir tu poesía con la mano en el corazón y te juro que es lo mejor que puedas transmitir... consigues desnudarte y que a la vez lo hagamos contigo.

Te sigo aqui, en twitter, y seguramente lo haría hasta el fin del mundo si mi recompensa fuera solamente letras...
"@escandaralgeet Lo decías con la calle de fondo: el mundo está loco, pero tiene sus momentos..." ;)