lunes, 26 de septiembre de 2011

silencios

malditos silencios y sus brebajes de arcadas
salivando por nuestras indigestiones
y atropellos, la mierda de la poesía subiendo por los huesos
hacia cualquier parte del cuerpo que se pueda romper,
el aliento a resina de los discos rayados
sonando una y otra vez en la cabeza,
la incertidumbre inconsciente del cansancio
navegando al trote sobre campos de asfalto malheridos
por el desgaste y el tiempo
como un único paisaje que va volviéndose gris según pasa la tarde
y todavía no has mirado el reloj, no sabes la hora del asesinato
pero recuerdas textualmente
las últimas palabras de la víctima: dile a...que no he podido...y que la...
entonces te enciendes un cigarro
solo por ver algo arder, fundirse como los polos o el acero
pero dejando apenas unas motas de ceniza u otra triste suciedad de cenicero,
nada más,
como si la cuenta atrás de una mierda de vida se hiciera poesía
y pudiera contarse hacia delante
que es
como se cuenta en los sueños
y también
(no te olvides de esto)
en las pesadillas.

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