lunes, 24 de septiembre de 2012

cosquillas en la mirada


Él se había terminado el mojito pero a ella todavía le quedaba la mitad de un gyntonic al que ya se le habían derretido los hielos. Estaban al final de la barra, él con un codo apoyado mirando hacia ella y dándome la espalda a mí. Ella de frente, como mirando a las camareras por no mirarle a él. Supongo. A mí me quedaba media cerveza y estaba casi convencido de que me tomaría otra. Así que los miraba distraído, al principio, y después como un espectador que reconstruye la trama y algo se le revuelve por dentro. Ella era delgada, muy delgada, y cuando entró me pareció una chica preciosa, con su punto de fragilidad, natural y con estilo. Él parecía el malo de la peli y me recordaba a mí. Jugaba con el vaso de mojito y apenas balbuceaba monosílabos que la iban destrozando, a ella, que era quien más hablaba. No sé lo que decía, imposible oír a distancia en un bar de sábado a las 3 AM. No paraba de hablar, se veía que la estaba costando decir lo que estaba diciéndole, que lo estaba sacando de dentro como con necesidad o justicia, una especie de “no puedo más” que logró estremecerme. A mitad de una frase, entornó los ojos, y dejó de luchar contra las apariencias. Como si se rindiera, rompió a llorar. Pero siguió hablando. Con una mano se quitaba las lágrimas de los ojos, y miraba a las camareras que ponían cócteles, a las botellas que estaban en la pared, a su copa de hielos derretidos. Él la miraba, o eso creo, porque me daba la espalda y no lograba verle. Apenas decía un par de frases cortas y ella volvía a tomar la iniciativa, pero ya sin preocuparse de las lágrimas, asumiendo la caída y los sentimientos, respirando para coger aire y seguir de nuevo sacándose las astillas de la garganta como puñales de palabras rotas. Supongo que hasta en la derrota el amor es precioso y sobrecogedor. Tan triste que solo puede ser bonito. Todo continuó así. Ella sin ocultar los destrozos, golpeándose. Él con la cabeza gacha, escondiéndose del terremoto. A mí se me estaba terminando la cerveza, pero ya no tenía tan claro que fuera a tomarme otra. No me gusta llorar cuando bebo. Ella, en un momento, dejó su copa sin hielos sobre la barra, se arregló el estropicio de lágrimas que tenía en cada gesto, y se fue al baño pasando detrás de mí.  Me pareció un buen momento para largarme. Hay que saber cerrar las historias, sobre todo en el mundo real. Mientras sacaba la cartera me fijé en el tío. Me recordaba tanto a mí, que me caía mal. Intentó beber lo que no quedaba en el mojito hasta que desistió, después se giró para coger la copa de ella y pegó un buen trago, como si tuviera una bola de silencios por tragar. Luego la dejó, la copa, y sin levantar la cabeza se volvió a girar, esta vez hacia mí, dejándome ver al fin su cara. Una cosa es estar solo y otra estar perdido. Parecía decir. Por la mejilla, como si se le hubiera posado un mosquito que le molestara, empezó a deslizarse una lágrima. Creo que le hizo cosquillas durante un segundo y ésta fue cogiendo velocidad, indiscreta y traviesa, hasta que él la espantó disimulando que se rascaba un ojo. Entonces ella volvió del baño. Y yo me pedí otra cerveza, pero sin ganas de sonreír.

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así que haces de tu vida un ring,
y te tiras contra las cuerdas a esperar los golpes.

Es muy fácil: cuando no puedes hacerte más daño
buscas a alguien que te lo haga.


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Me cuesta reconstruir los hechos,
como si caminara por un palacio de escombros
y no pudiera dejar de ver tu jardín
de pétalos desnudos,
guiñándome un ojo,
sonriéndome con pasión y tacones.

Como si cada recuerdo
llevara una marca de agua con tus labios.
A modo de saliva.
O de sudor, ya me entiendes.

Y no hubiera un desierto
de incómodos silencios estropeándonos la sonrisa
en las fotografías.

Cuando estás ciego es muy difícil saber
si quieres ver.

Olvido todo lo malo.

No sé por qué,
pero tu recuerdo hace lo que le da la gana.

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Ya van 3 veces que inconscientemente
te he estado a punto de llamar
mientras fumaba el piti de cerrar el “este o este”.
O alguna más.

Lo hago sin querer, pero me duele
como si fuese queriendo.
Y me da tal bajón que tardo en reaccionar
durante un buen rato.
Me quedo mirando minifaldas
y contenedores
hasta que se me pasa un poco.

Y así con casi todo
y casi todos los días.
Tranquila, no voy a hablar de las noches.

Entiendo que me estoy descubriendo
y que está bien, no pasa nada.

Pero echo muchísimo de menos tu risa,
tus pies descalzos,
y tus mamadas.

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Qué normal es atocha sin esperarte.
Qué inverosímil cotidianidad es ésta..
Dónde está el redactor de esquelas cuando se le necesita.
Qué vulgar el beso, qué insípida la caricia.
Para qué la risa fértil si todo es asfalto.
Qué azul de mierda es este.
Hasta cuándo estará la lluvia para ocultarnos.
Por qué el otoño, precisamente.
Qué más dará y qué poco queda.
Cuánta tierra para cuántos gusanos.
Con qué sed agachan los animales la cabeza.
Cada cuanto un a quién.
Y a quién cuánto de cuánto.

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No sé qué hacer con la pantalla del movil,
con el fondo del ordenador,
con las fotos de las paredes.
Y con nuestras canciones.

 He dejado tus llaves
donde las dejaste: encima del libro de peter pan.

Y me dolió que te llevaras el cepillo de dientes.
Era el último rastro de tu sonrisa.

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Fui yo.
Me alejé incapaz de hacer all in en nuestra apuesta.
Lo estropeé y luego dije: no quiero un amor estropeado.
La fuerza se me fue por las letras
e hice daño, que es lo que he hecho toda mi vida.

Te cambié por miles.
Que valían millones.
Menos que tú.

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Hay dos tipos de cosas:
las que se tienen
y las que no se tienen.

Y solo hay un tipo de personas.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

conseguir describir con palabras lo que yo solo podría con lágrimas

Silvia ♫ dijo...

Cada día te superas, pero esto ha sido enorme.
Gracias por hacernos sentir tanto.

Elito dijo...

Grande, como siempre. O más, incluso.

Nuria Expósito dijo...

No sé porque cada vez que entro encuentro que has escrito sobre mi estado de ánimo, y eso es siempre. Gracias por hacerlo todo tan bonito.

Anónimo dijo...

Eres mucho más que increible Escandar!Es todo un lujo leerte :)

Lu dijo...

Puf... y qué se le puede decir a un maestro... nada más que, Gracias Escandar. Esa magia con la que escribes no es normal, eres como... un superhéroe!

Anónimo dijo...

increíble. no puedo decir más, me haces un nudo en la garganta que hace que mi único pensamiento sea : "¡qué mamón!", es como si vieses como me siento y lo escribieses por mi. gracias.

Baba-Sule dijo...

estás de un crackeo total amigo! siempre es placer leerte o pensarte!! va un abrazo muy grande!

Hueva López dijo...

Consigues explicar lo inefable que hay en la vida y emocionar a cualquiera. Ya te lo escribí muchas veces, tienes la magia del mundo concentrada en tus dedos. Gracias.

(Por cierto, este finde pienso pasarme por tu bar para que me firmes tu libro)

Claire Sawyer dijo...

y ahora es cuando te cuento, a riesgo de que no importe, que los escalofríos me pillan desprevenida cada vez que te leo...y así no hay manera de que una entre en calor en este otoño anunciando inviernos.

Anónimo dijo...

Increíble joder, es increíble.

Paula dijo...

Esta entrada ha sido insuperable. No sabría describirlo mejor.

swallowsinmyveins dijo...

...Me da muchísima pena leer algo tan triste.Tus palabras saben a rendición y relámpagos.
Lo siento mucho por ti, creo que todos los que te leemos hemos sido alguna vez protagonistas de tu historia...
Pules tu dolor, y nos regalas algo venenoso y frágil.
Así que gracias, por acompañarme esta noche :).

Andrea &. dijo...

Gracias Escandar.

mil dijo...

Desde los 1000 metros sigue doliendo lo que escribes... Ojalá sea verdad aquello de que un escritor sólo escribe, eso de que no hay más (ni menos) y de que la palabra es ficción.

Por si no fuera el caso... aquí va un abrazo. Si no toca, ya lo usarás cuando sea que tiempo hay.

Y gracias, claro.

Anónimo dijo...

Increible