miércoles, 5 de febrero de 2014

Una noche
con el amor y la borrachera
vomité
un sueño
 y todos los que brindaban
conmigo
los bailarines de la traviesía
se pusieron a darle de beber
con esa sed
de los bebés recién nacidos
le regaron
con el sudor de la poesía en combustión
le calentaron
con un abrigo de pieles sin maceta
hasta hacer de infinitos su desnudez
y le pusieron caminos
y cimientos
le habitaron de jardines
y de selvas
y le quitaron
los techos
las cuerdas
y la red
para que el desequilibrio nunca fuera
un miedo sin segunda vez
le anudaron una lanzadera de anhelos
y trampolines sin vértigo
a no estar a la altura
lo pulieron
y lo afilaron
hasta que fue puñal
y puño
hasta que del suelo brotó en delirios
cargados de fuerza
hasta que el fuego les calentó las manos
y las ideas se llenaron de golpe
sobre la mesa
y los vasos
sobre todo los vasos
esos sí que se llenaron
hasta el desborde de los precipicios
y entonces
mi sueño
ya para siempre
valiente y con la fuerza
de mil párpados abriéndose
subió la verja
y dijo:

podrán cerrar todos los bares
pero no podrán detener la borrachera.

1 comentario:

Alfonso Marpé dijo...

Esto es hacer profesión, compadre, arremangarse y meterse en fregaos. Dí que sí. Los puñetazos que huelen a whisky duelen más.