martes, 4 de agosto de 2009

achique de deudas

nunca viajo con más equipaje del que puedo cargar
porque nunca se sabe
si al sitio donde vas quedará un taxi libre que quiera llevarte,
una mano guía dispuesta a echar un cable con las escaleras
o una taquilla vacía donde poderte ocultar.

por eso trato de ajustarme el peso a las fuerzas,
de poder ser yo solo capaz,
de no tener que pedirle ayuda a nadie.

aprendí con mi primera maleta
que nunca se sabe.
que a veces nadie contesta.

y como fui llenando mi historia de estaciones a modo de hotel,
de bancos a modo de cama,
de algunos paisajes con forma de horario
y una fecha en un billete,

como fui de esos que con un orgullo implacable
prefieren quemarse a pedir ayuda
no distinguí el grito del alarido
la suplica de la impaciencia
la petición del ruego
y pude ver muy de cerca la soledad de algún vagón de cercanías.

fui llevando mi vida al borde de unos vaqueros
con las manos llenas a veces
con la mierda al cuello otras
con la lengua fuera siempre.

lleno de golpes de los que bien presumía
pero alejado de la osadía de cualquier cicatriz.

viví pensando que vivía sin tener nada que pedir.

pero luego eché un vistazo por la ventanilla
y vi que había llegado
por el dinero de otros, la valentía de otros
y las alas de otros
a tantos sitios que no me dejaron ni cerrar los ojos.

es curioso, ahora que sé que las deudas siempre están ahí
no solo viajo ajustando maletas a las fuerzas que tengo
si no que siempre que puedo trato al menos de dejar una mano vacía
por si alguno de esos qe nunca piden ayuda
necesita un cable con las escaleras.

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