martes, 4 de agosto de 2009

cerdos y moscas

En el peor de todos los posibles nadie se atreve a dar un paso al frente
por miedo al fusil en la cabeza, al tachón en la palabra,
a la condena de pedir auxilio en un tiempo donde pedir es sinónimo de que fallaste contigo mismo.

Es así que los nadies de galeano caminan por las aceras
sin apenas tartamudeos, con las manos quietas y el corazón en un puño de nudillos rotos.

Las paredes cuentan las miserias de cada uno y en las portadas de los diarios
solo relatan que este mundo es una mierda: las colillas en los ceniceros lo demuestran,
los culos de cerveza de un último trago que no quieres dar para no tener que irte a casa,
dos filas puestas en el baño esperando un suspiro camino de la intranquilidad,
la taquicardia de los pulmones cada vez que alguien pregunta por el aire fresco,
y sueños, sueños tan muertos que mejor ni recordar cada mañana que toca levantarse.

Pudimos hacer algo grande pero nos dejamos ganar.

Nos autoexpulsamos de la partida, nos autojustificamos por ello, y nos automatizamos no fuera a ser que los espejos
vinieran a recordarnos ciertas promesas.

En esas estamos, cansados de tanto aferrarnos a la moneda que sigue dando vueltas en el aire,
pensando que quizá algún día las cosas cambien pero sin darnos cuenta de que nosotros ya no vamos a cambiar por ello.
Seguimos con los mismos argumentos pero esta historia no es nuestra y entendemos, ahora, que nunca lo ha sido.

Pudimos hacer algo grande pero tiramos por el camino sencillo de la borrachera, nos quisimos disfrazar de ombligo
y lo hicimos: nos comimos lo que nos pusieron en la mesa y nos olvidamos de que el éxito, simplemente, era respirar
y seguir vivo.

Dijimos "para qué hablar de trincheras si no vamos a luchar", y en la noche confundimos
el extasis con pastillas para el dolor de cabeza,
el amor con unas piernas, la pasión con escupirse en la mano antes de ponerse a follar.

Nisiquiera pensamos que sangrar fuese un acto de rebeldía
y dejamos de vomitar artos de que todos nos cerraran los portales.

Ahora cuidamos nuestros trajes y miramos desde la ventana, sudamos frente a una pantalla
y hacemos la cama para que nadie note las vueltas que damos cada noche antes de conseguir dormir.

No puedo dejar de imaginarnos como una broma macabra a la que nadie le encuentra el sentido.
Los que tienen ni lo saben, y los que no tienen prefieren no pensar.

Fuimos directos al punto final y en muchos momentos echamos de menos el camino que nos hemos perdido,
somos niños pequeños envejecidos, libros llenos de páginas rotas, cuerpos muertos engreídos que respiran cada cierto tiempo
y por eso se creen algo más,
somos con mucho la mayor estupidez que podría haber ocurrido, y además nos encanta jactarnos de ello:
nos colocamos el busto frente el espejo y nos corremos del susto cada vez que alguien suelta una verdad a cambio.

Con las manos oxidadas de olvido de tierra, acariciamos el muro de las limitaciones
y lo besamos para que todos vean que no lo dudamos ni un segundo.

En un mundo de mierda solo los cerdos se sienten a gusto.

Y millones de moscas cojoneras.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

qué grande

http://www.youtube.com/watch?v=pEkyblfn6oo

la niña dijo...

a veces tengo que dejar de leerte en medio del texto, salir a la calle , fumarme un piti y volver al ciber.
salir a la calle oler las especias del barrio arabe de paris y volver al ciber. salir a la calle subir al cielo un ratito y volver al ciber. porque me llenas el pecho de algo que no aguanto. luego apago el cigarro, vuelvo, acabo de leer el texto y pienso: joder. no he hecho la compra.
un beso desde paris loko. nos vemos en septiembre.

Anónimo dijo...

Si Peter Pan viniera a buscarnos no des la luz.No vaya a ser que descubra que le hemos traicionado y hemos crecido demasiado.