martes, 5 de febrero de 2008

la sí sensación

Hay gente que nunca sabrá lo que es un domingo por la mañana sin despertador y con toda una resaca por delante para compartir enterita con una desconocida de 17 años. Hay un absoluto de no sensaciones que humanidades de tiempo jamás vivirán. Muchos de nosotros moriremos sin saber lo que es el sudor frío, helado, de alguien escondido detrás de los restos de su casa, con su hijo muerto al lado y tiritando de ruido para que no descubren que todavía vive.
Hay una mayoría de animas anónimas que se perderán el sabor extraño de lo cotidiano, o el amargo gusto de una cerveza en un bar tranquilo, hay épocas de antepasados que jamás hicieron un botellón. Ni escribieron poesías en italiano para que un francés lo leyera en el link del blog de un holandés que vive en España.
Una selección olvidada de la humanidad no montará un coche electrónico con los regalos de reyes, ni sabrá lo que es llegar hasta la cima del mundo para pensar que tampoco es pa tanto.
Algunos jamás sentiremos el filo de la duda con una navaja en el cuello, y pensando que a lo mejor sí merece la pena tirar la moneda al aire. Y que salga lo que quiera.
Hay eternas circunstancias de gente que va a perderse muchas cosas.
Hay muchos más de 1963 años de evolución que no pudieron leer rayuela en un banco de un parque, una tarde con niños de fondo.
La mayoría de gente que conozco no sabrá lo que va implícito en un beso 60 años después del primero, y que sepa con la misma intensidad, pero con un punto de añejo. Ni se acercarán al éxtasis de la ternura al ver a tres hermanas de ochenta y pico años discutiendo, cada una a su manera, pero todas a la vez.
Hay gente que desaparecerá sin haber amado, con todos los saltos al vacío que conlleva. Hay gente, incluso, que desaparecerá sin haber odiado. Sin el sabor salado de las lágrimas de la rabia en la saliva.
Resumimos un todo con frases que empiezan con “la vida es” y lo rellenamos de instantes y verbos que son y se hacen, y también de ausencias.
No sensaciones que no existen, el grito de todo un país resumiendo la felicidad absoluta puesta palabra con millones de toneladas de vida gritando gol en el mismo momento el día en que España gane el mundial.
Somos una especie acostumbrada a perdernos cosas.
A no sentir lo que es iluminar la gran vía de noche un día cualquiera, sin cámaras de por medio, solo para ver cómo queda.
Lo aceptamos, vivimos lo nuestro, y miramos por la cuneta para ver lo que hacen otros.
A veces, hasta imaginamos.
Gente resignada a que nadie vivirá las cuentas ajenas, lo de nadie, gente que a su manera será y será feliz a ratos, y a rotos se morirá por dentro.
Ese es el juego, a veces se gana,
otras en fin.

Solo, creo, hay una sensación absoluta y real, una sí sensación inevitable para cada raza,
cada tiempo,
cada eternidad: una sí sensación que cada rostro nuestro vivirá quiera
o no quiera:
la intima inmensidad de la nada en el cálido instante de cerrar los ojos,
sentir la muerte de cerca,
y tener que dejarse llevar.

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